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Llegó la Navidad

El domingo 14 diciembre, 2008 a las 7:28 pm
Por Sebastián Barrera – Seminarista
Hasta que uno no sienta la verdadera alegría de Navidad, no existe. Todo lo demás es apariencia – muchos adornos. Porque no son los adornos, no es la nieve. No es el árbol, ni la chimenea. La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas, la generosidad de compartirla con otros y la esperanza de seguir adelante.

Viene cada año y vendrá para siempre. Y con la Navidad vienen los recuerdos y las costumbres. Esos recuerdos cotidianos humildes a los que todas las madres se agarran como la Virgen María, en los rincones secretos de su corazón. Mejor que todos los regalos debajo del árbol de navidad es la presencia de una familia feliz.

Navidad es todos los días para quienes se esfuerzan en vivir a la luz del Evangelio. Dedicamos un día al año a festejar lo que es importante todos los días del año. Aunque nos acosen los recuerdos dolorosos, sobre todo los relativos a estos días, no dejamos de festejar la Navidad, ya que esta fiesta se halla muy por encima de los avatares cotidianos.

Los mayores tienen en la memoria mil heridas, pero ninguna de ellas puede robarles la alegría profunda de haber recibido la visita del Señor, con todo lo que ello implica: descubrir el ideal de la vida, su sentido más hondo, la capacidad redentora del dolor, el gozo que nos procura todo encuentro verdadero.

Navidad es siempre alegre, con una sola condición: no que estemos libres de penas y dolores, sino que aceptemos la invitación del Señor a ser sus amigos. Esa alegría no puede nadie quitárnosla.

En estos tiempos de crisis y especialmente en el sur del país, incluido el cauca por la desgracia creada por las llamadas pirámides , se requiere recuperar una forma de vivir menos centrada en lo material y el poder de adquirir bienes, del desenfreno por la codicia, ¿por qué no repensamos una navidad en que podamos darle valor a la manera de vincularnos y a los símbolos de unión y solidaridad entre los seres humanos?.

Los niños mantienen la magia de la navidad es a ellos a quienes les hace sentido recibir obsequios, pero si no les enseñamos a consumir, no esperarán regalos caros ni espectaculares.

La familia es quien construye el marco de valores con que el niño construye su mundo. Si les enseñamos a valorar lo material por sobre lo humano, será difícil vivir experiencia menos materialistas y que se conecten con cosas más profundas que el valor de los objetos y su significado en términos de éxito social.

La Navidad es estar en paz con Dios, es poder decirle gracias; gracias por otro año, por otra Navidad, por la unidad, la humildad, por su fortaleza durante este año de lucha que concluye. Gracias por seguir amándonos, por el entusiasmo de continuar la carrera de la vida, y de empezar otro año más.

Tenemos mil razones para celebrar fiesta en Navidad. En Navidad festejamos algo grande, inmenso: la presencia de Jesús entre nosotros, y, con Jesús, la del Padre y el Espíritu por excelencia Santo. Así pues, cuando nos felicitemos estos días, ya sabemos bien por qué lo hacemos. Con ese conocimiento bien refrescado, les digo cordialmente:

“¡Mil felicidades en estas fiestas navideñas, con María, la Madre de la Iglesia!”

Sealbasa@hotmail.com

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