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Sábado, 28 de mayo de 2022. Última actualización: Hoy

LITERATURA SAPIENCIAL: LOS PROVERBIOS

El viernes 7 febrero, 2020 a las 11:10 am
Literatura sapiencial: los proverbios

LITERATURA SAPIENCIAL: LOS PROVERBIOS

Literatura sapiencial: los proverbios

Dos libros reconocidos y recordados de la Biblia como sapienciales son Sabiduría y Eclesiástico. En su función doctrinal destacan sus recomendaciones para “obrar con prudencia”; en términos alegóricos, a través de ellos la Sabiduría toma la palabra. En estos libros la teología se hace práctica, y los sabios anónimos instruyen y/o educan para un mejor vivir.

Hay un tercer libro, Proverbios, que parece no alcanzar ese canónico reconocimiento. Y no precisamente porque le falte sabiduría, antes le sobra, sino porque su tono y estilo desbordan la condición sagrada y saltan a lo profano; porque los proverbios nacen de la condición humana y de las prácticas humanas en las más disímiles experiencias; al punto que, un solo proverbio, es la experiencia de todos.

Como el libro Proverbios no está en la categoría de los dos citados, éstos se ocupan de él. Eclesiástico, por ejemplo, invita a no desdeñar lo que en ellos “narran los sabios”, e insiste en volver una y otra vez a ellos, dado que “de ellos aprenderás doctrina”; doctrina que labra el camino hacia una de las más altas virtudes humanas, la prudencia. Y apropósito de virtud, el proverbio se revela para salvar con la respuesta en el momento justo.

Y como a través de la prudencia los proverbios muestran sus mejores atributos, y en las palabras de aquella “hacen sabiduría”, juzgue el lector que tanto acierto hay en ello, con estos ejemplos, de la Biblia de Jerusalén: El tardo en la ira tiene gran prudencia, el de genio pronto pone de manifiesto su necedad. (14,29). A los oídos del necio no hables, porque se burlará de la prudencia de tus dichos. (23,9). ¿Se escucha el eco de la experiencia?    

Ahora, en cuanto a la forma (anónimos en su tono y en su estilo breves, concisos y claros) los proverbios bien pueden reclamar la condición de género literario, así sea menor. Si se estableciera como requisito la existencia de determinados rasgos comunes en forma y contenido, se puede argüir que los proverbios ostentan una capacidad de síntesis en su fórmula verbal, siempre breve, y agreguemos a ello el simbolismo de sus sentencias, llenas de ingenio. Vea usted, cómo se defiende: como las piernas vacilantes del cojo, es el proverbio en boca de los necios. (26,7).  

Pero dejemos que sean los proverbios, protagonistas de este comentario, los que tomen la palabra, para que, como dice el Libro, “no se te escapen los proverbios agudos” (Eclo. 8,35). Sobre el odio: Más vale un plato de legumbres, con cariño, que un buey cebado, con odio. (15,17). ¡Y cuánto bien nos hace a todos éste!: Quien vigila su boca, guarda su vida; quien abre sus labios, busca su ruina. (13,3). Y qué tal este otro: Muerte y vida están en poder de la lengua, el que la ama comerá su fruto. (18,21).

Y si hay duda sobre la categoría de género literario que se le puede reconocer a los proverbios, despidámonos con éste, de la pereza: Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio. Ella no tiene jefe, ni capataz, ni amo; asegura en el verano su sustento, recoge su comida al tiempo de la mies. ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados; y llegará como vagabundo tu miseria y como un mendigo tu pobreza. (6, 6-11).

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