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Libertad y orden, o las fracturas que se hacen en su nombre

El lunes 12 febrero, 2018 a las 9:41 am

Libertad y orden, o las fracturas que se hacen en su nombre

Libertad y orden, o las fracturas que se hacen en su nombre

Por Santiago Zambrano Simmonds / zambrano_santiago@hotmail.com

Colombia por el momento coyuntural que atraviesa no necesita que se imponga ese pensamiento pueril en el cual aquel que no esté con uno es enemigo y por tanto merece la descalificación; Colombia necesita recuperar su ideología libre de tantas prevenciones y lo que construyamos en los próximos años será el rumbo que posiblemente tenga este país en un largo periodo.

Entre todos los candidatos a la Presidencia hasta ahora ninguno ha desconocido la importancia de la economía de mercado y la institucionalidad que debe conservar Colombia. Nadie está planteando un Estado monárquico o comunista.

Así las cosas volvemos nuevamente a la vieja discusión enmarcada en el Escudo de la República: “Libertad y Orden”, ¿qué debe ser primero la libertad o el orden? La fundición de ambos conceptos son los que generan los matices del pensamiento desde la izquierda hasta la derecha, sin esto querer decir que se desconozca la necesidad de lo otro. Por lo menos, y afortunadamente, eso es lo que han dicho hasta ahora los candidatos.

Los que prefieren la Libertad (liberalismo filosófico) son proclives a defender a ultranza todos los derechos individuales, concepto que evolucionó en un Estado intervencionista con el fin de defender a los individuos que por la producción eran vulnerables.

Los que prefieren el Orden (liberalismo económico) escogen la economía como la mejor herramienta para la sostenibilidad institucional y repartición de la riqueza; siendo el individuo el que debe gozar de todas las libertades para ejercer cualquier actividad económica por lo tanto el Estado debe ser pequeño y es a través del Orden como se defienden dichas libertades.

A simple vista se ve que para una sociedad sana son necesarios y complementarios ambos conceptos pues para las elucubraciones de libertad y derechos que quieren unos se debe contar también con la sostenibilidad económica que aducen los otros.

Lo anterior desde lo ideológico, pero desde lo práctico, ambos conceptos se han degenerado de lado y lado, tal vez producto del pragmatismo que empezó a reinar en Colombia desde los años 80, tal vez producto de la cultura del narcotráfico o tal vez por importar modas económicas internacionales sin considerar las realidades de nuestro país.

De toda esta mezcolanza no ha quedado nada bueno. Los de las libertades se creen los únicos buenos; los únicos que se preocupan por los pobres y ven como enemigos a todo aquel que les diga que los subsidios y ayudas hay que darles sostenibilidad económica a fin de evitar situaciones de insostenibilidad como ha sucedido en otras latitudes; paradójicamente piden ayudas para todo incluyendo sus ONG pero son los primeros en criminalizar la extracción de minerales y la imposición de impuestos. Para los del Orden, todo aquel que diga que hay demasiada concentración de la riqueza, que se deben mejorar los mecanismos de redistribución, son inmediatamente descalificados como “mamertos”. No han hecho un mea culpa viendo el estado actual de las cosas, no son capaces de mirase en el espejo y asumir las consecuencias de lo que han hecho. Generan miedo diciendo con total desparpajo que si no son ellos los electos, los otros no respetarán el orden institucional, ni la separación de poderes, como si los colombianos no supiéramos lo que hicieron en los últimos lustros.

Entre tanto degeneramiento ideológico la estrategia de ambos es poner al otro contra las cuerdas, crear el hecho o la frase que tenga el mayor impacto mediático y fracture más la sociedad. Una lucha de clases, una lucha entre buenos y malos, una lucha entre blancos y negros, una lucha entre mestizos e indígenas y una aparente lucha entre el Orden y la Libertad.

Colombia por el momento coyuntural que atraviesa no necesita que se imponga ese pensamiento pueril en el cual aquel que no esté con uno es enemigo y por tanto merece la descalificación; Colombia necesita recuperar su ideología libre de tantas prevenciones y lo que construyamos en los próximos años será el rumbo que posiblemente tenga este país en un largo periodo.

En cuanto al Cauca, un departamento arrasado por la violencia, el pensamiento de desconocer al otro nos perjudica enormemente. No comparto la afirmación de Álvaro Uribe cuando dijo “ni un sólo resguardo más en el Cauca” como tampoco la de Gustavo Petro al afirmar “hay que darle más tierra a los indígenas”. Habrá que preguntarles ¿En qué estudios se basaron para hacer tan incendiarias afirmaciones? ¿Conocen la pobreza del indígena y mestizo caucano? ¿Conocen cómo está distribuida la tierra? ¿Conocen el estado de desasosiego en el que vivimos? O ¿Será que el propósito era simplemente causar el impacto mediático arriba descrito?

La Coalición Colombia liderada por Sergio Fajardo vino a Popayán y propuso hacer de la reconciliación del Cauca una prioridad, de encontrar las cosas que nos unen y no las que nos separan. Enfoque renovador de ver las cosas y del cómo se debe gobernar sin ningún distingo, ni prevención.

Desafortunadamente en Colombia país tradicionalmente violento, donde los ciudadanos tienen desconfianza hacia el vecino, se quieran oír cosas fuertes, lo otro es blandengue, pero la realidad es que el mayor acto de valor es reconocernos entre todos, exige más paciencia, requiere más sabiduría, pero los resultados serán otros. Preguntémonos: ¿Ha servido de algo ver al otro como enemigo?