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Libertad, orden y justicia

El martes 30 julio, 2019 a las 10:46 am
Libertad, orden y justicia
Imagen cortesía de: http://cort.as/-M8F6
Libertad, orden y justicia

Libertad, orden y justicia

“Jamás he creído que pueda construirse nada sólido ni estable en un país, si no se alcanza antes la independencia absoluta” Francisco Miranda

Hoy, al tratar de corroborar los hechos, lugares y personajes que permitieron construir nuestra historia, debemos de constatar la forma como esta nación entretejió su identidad patria.

Pese a los años, a muchos aún les duele nuestra independencia y libertad. Por eso, intentan boicotear la forma como la democracia se instituyó; pareciera que ciertos individuos quisieran perpetuar una aristocracia de rancios abolengos que solo daño le han hecho a este país. No pretendo precisar el tiempo y los lugares donde la fuerza de las ideas superó la fuerza de la batalla, ni la fuerza de la irracionalidad rebasó la fuerza de la razón. Ojalá que la celebración del Bicentenario solo pretenda realzar la grandeza de nuestros ignotos y conocidos próceres, héroes y mártires.

La gesta libertadora permitió reivindicar el valor de la raza americana; nuestros héroes sin altanería, soberbia e irracionalidad se unieron en la construcción de un ideal de nación. Todo lo que habían hecho para edificar sus propias repúblicas se presentó ante el mundo como ejemplo y paradigma; ya no era posible ocultar las hilachas y los remiendos de años de opresión y esclavitud por parte de poderío español. Estas nuevas y humildes naciones se presentaban al mundo como las futuras madres que comprenderían el dolor de la guerra y buscarían la equidad social; ellas no desearían ser las represoras y agresivas democracias, ni buscarían hacer sentir el peso de su autoridad y superioridad con el petróleo y el coltán. 

Esta república, una vez pasada la efervescencia de la guerra de independencia, intentaron ayudar a quebrar el espejo de la esclavitud que se había posicionado de la vida de algunas sociedades americanas; por ello, los nuevos líderes se vieron obligadas a volverse sobre lo propio; este giro copernicano permitió tener otras visiones sobre los procesos de identidad y redefinir los discursos. Es sabido por todos que después de la guerra, la construcción de una nueva identidad política, cultural, social, religiosa y militar permitió a los pueblos latinoamericanos intentar forjar un ideal de sociedad según las consignas de Bolívar y Santander; sin embargo, la realidad evidencia que unos fallaron.

Nuestra nefasta realidad debe obligarnos a volver los ojos a las épocas donde la romántica rebeldía de miles de guerreros y guerreras nimbados de luz por la fe en un futuro de igualdad, libertad y orden dieron fin a décadas de esclavitud y sin temor se superó la idea de sumisión y vasallaje fruto de la magia de la cruz y la fuerza de los ejércitos del Rey.

Doscientos años han pasado ya cual rayo luminoso en medio de la ventisca del tiempo, pero hoy, el tañer de las campanas intenta volver a convocar a la guerra y a la violencia. Los esbirros del odio han logrado rasgar el velo protector de la paz y sin temor de la historia intentan ocultarse tras las obras de la corrupción y la inquina. Obras que solo pretenden impedir que germine la paz y la igualdad en todo el territorio nacional. En el periplo de estos 200 años se ha podido evidenciar la exterminación de la libertad por la influencia de la tiranía de unos pocos.

La celebración del Bicentenario debe ser la excusa para generar un verdadero debate sobre su trascendencia e impacto. Asimismo, debe ser un motivo para que, en el Congreso, la Cámara de Representantes, las asambleas departamentales y concejos municipales los diferentes partidos políticos se permitan discutir la repercusión de esta magna celebración y su impacto en la unidad nacional y crear así, estrategias que fortalezcan la paz y la libertad.

Esta efeméride ha de permitir que por fin cesen los discursos de odio y violencia, para poder evitar la reinterpretación de los sucesos a la luz de una deuda del pasado.

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