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Domingo, 26 de mayo de 2019. Última actualización: Hoy

Libertad de cátedra o libertad en la cátedra

El viernes 8 marzo, 2019 a las 9:21 am

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Imagen cortesía de Actitudfem
Imagen cortesía de Actitudfem

Los políticos Jorge Robledo y Edward Rodríguez protagonizaron un debate en la W este 05 de marzo sobre la politización del niño en las aulas de clase. El segundo le reclamaba al senador Robledo el sesgo político y religioso en los colegios privados y públicos. Viejo pleito que se apoya en el mandato de la constitución política de ofrecer en la educación al estudiante la posibilidad de pensar, discutir y escoger las corrientes del saber.

Feliz me siento hoy por haber llegado a trabajar 33 años en la docencia en bachillerato y en  universidades. Como profesor y rector.  El profesor, en ejercicio de su oficio, es un defensor de la democracia, de la igualdad dentro de la libertad de cátedra, sería el colmo que se diera el caso que los profesores aprovecharan su cargo para ideologizar la enseñanza o para «adoctrinar» a sus estudiantes a tenor de sus criterios y gustos políticos y religiosos.

Cierto que cada profesor tiene derecho a profesar personalmente un credo religioso y político. Pero eso no quiere decir que no pueda y deba abrir su conducta y tener en cuenta que sus estudiantes esperan directrices para su comportamiento social y religioso. Para nada el profesor está en mejor condición que el estudiante en una clase. Cada uno tiene sus límites. El profesor es la guía, una luz más experimentada. El estudiante tiene cerebro y es capaz de inferir, de contrapreguntar y estar en oposición a la opinión de su profesor.

La directriz que un profesor debe seguir es permitir que los estudiantes de sus clases sientan que son libres para opinar lo que quieran mientras no coarten o irrespeten a los demás. Así estará practicando la libertad de cátedra. Ni sus tesis ni su modo de obrar y de exponer se van a ver coartados por permitir pensar y seguir hasta donde puedan y quieran sus educandos.

Pensar libremente, tomar decisión acerca de una teoría o de un conocimiento tiene que ser la meta y la oportunidad de un estudiante en cualquier clase en un colegio, escuela o universidad. Nadie puede ser presionado a que piense como su profesor, sus padres o su presidente. No solo en filosofía, ciencias sociales o biología o matemáticas.

La libertad de cátedra es válida tanto para el profesor con su título y su experiencia y también lo es para sus estudiantes. En un salón de clases se formó el profesor junto con su capacidad de reflexión y de autonomía. Mucho más que el mundo ha ganado en instrumentos para ofrecer y calibrar cómo se adquieren hoy los conocimientos. Y los llamados alumnos o receptores de la enseñanza hoy son más desinhibidos, como que tienen la capacidad de absorber al vuelo y asimilar más rápido que ayer.

Si cada asignatura se ha enriquecido por los adelantos científicos, el ser humano de hoy, el muchacho de hoy, es también más sagaz que el de ayer.

05-03-19 – 4:35 p.m.

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