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Ley del Actor: nuevas oportunidades a favor de la cultura.

El martes 30 julio, 2019 a las 2:03 pm
Un paso más cerca al mar

Ley del Actor: reivindicación de una profesión y nuevas oportunidades a favor de la cultura

Desde este 25 de Julio entra en vigencia la conocida Ley 1975 o “Ley del Actor”, la cual, después de 5 años de estar en un proceso de estudio para su sanción presidencial, logra ser aprobada por el mandatario nacional y desde este jueves, emprende un camino muy distinto y es el de la implementación de la misma, para empezar a notar los cambios que traerá para los cientos de personas que tienen la actuación como sustento de vida. 

“Desde hoy se empiezan a ver a los actores de cine, televisión y teatro como trabajadores con reglamentaciones de ley como cualquier otro profesional, es decir, el aval que dan 12 instituciones universitarias será completado por fin”, comenta Julián Román, secretario general de la Asociación Colombiana de Actores (A.C.A).

Sin embargo, contrario a lo que todos podrían pensar, esta ley no solo abarca a los actores de televisión, sino también, a los que se dedican al teatro callejero y teatro musical, quienes se habían visto afectados durante estos años al haberles exigido unas condiciones completamente incumplibles como tener 15 policías para resguardar los lugar, 15 baños para público o tener cuatro ambulancias por si ocurría alguna emergencia. 

En cuanto a los beneficios que trae consigo esta nueva reglamentación, se destaca la garantía de recursos requeridos para los actores, sin importar el escenario en que se desenvuelven. También la considerable mejora en la contratación laboral, porque se regula las condiciones de contrato que se dan, ya que deben otorgarse las garantías mínimas que se encuentran en el Código Sustantivo del Trabajo y que es el mismo actor, el que define si se quiere regir por prestación de servicios o por contrato fijo.

Otro de los beneficios será la gestión del trabajo, ya que la norma busca y debe promover el fomento de la realización de obras cinematográficas de corta o larga duración y dramatizados teatrales, con el fin de impulsar el empleo y oportunidades en esta industria, dando a entender que todas las formas dramáticas (cine, tv, teatro, etc.) son expresiones de patrimonio cultural de la nación y contribuyen a la construcción de la identidad cultural y la memoria de Colombia.

Pero sin duda, el más significativo y especial de todos los 19 artículos que componen la ley 1975 es el que da pie a la profesionalización de este oficio, ya que el Estado, en cabeza del Ministerio de Educación, junto a todas las instituciones de educación superior de Colombia, tienen que empezar a generar nuevos espacios de formación y estímulos, que les permita ejercer esta misma de manera práctica, sobre todo, cuando son recién graduados. 

Una muestra de esto, está en la graduación de la nueva cohorte de la maestría en arte dramático de la Universidad de Antioquia, la cual estuvo compuesta por más de 30 actores, que llevan 20 años de trayectoria artística; todo esto dejando como resultado, que haya diferencia con leyes como la conocida “Pepe Sánchez” o “Fanny Mickey”, porque esta ley está dirigida a personas que se dediquen a la actuación, sin importar el medio en el que trabaje o si cede sus derechos de imagen o no, trascendiendo las pantallas. 

Influencias y cambios de la ley del actor en el Cauca.

La práctica y formación de la actuación en el aspecto teatral y cinematográfico dentro del departamento del Cauca, más puntualmente en la ciudad de Popayán, ha sido bastante inestable, ya que son varias las academias y compañías teatrales que se han aventurado a abrir la puerta para todos los nuevos talentos que esta tierra tiene para ofrecer; tal y como ocurrió en el año 2015, con la llegada de “Estudio de Actores” que estuvo dirigida por John Mario Rivera, reconocido actor colombiano, que quiso darle una oportunidad al Cauca, para desarrollar su talento con educación de calidad, obteniendo grandes resultados y una gran acogida por parte de los medios de comunicación y de la ciudadanía en general.

Sin embargo, todo cambió cuando se descubrió que algunos estudiantes después de cuatro meses de formación, salen de esta academia, para crear una institución propia, creyendo tener el conocimiento necesario y volviéndose competencia directa del lugar que los acogió en un inicio; pero contrario a pensar que todo se trata de cuestión de un juego de Prada, la preocupación de John Mario radicaba en la poca preparación que tendría el enorme talento que reside en la ciudad, todo por la marcada desvalorización y desinformación sobre el arte escénico dentro del departamento, estancando el valor verdadero de la formación que se da en una academia certificada, con programa definido tal y como sucede en la universidad. 

“Toda la situación que desencadenó que el Estudio de Actores se fuera, fue totalmente injusta e inequitativa, ya que nuestra competencia no brindaba el mismo servicio y se ganaba a nuestros estudiantes, a costa de la economía, ofreciendo estudios gratuitos o a bajos precios”, John Mario Rivera, por lo cual, considera que es aquí donde la Ley del Actor entra a jugar un enorme papel a favor de todos aquellos jóvenes y niños, que buscan incursionar en el mundo artístico, esto a causa de un artículo que regula los parámetros requeridos para poder impartir una clase de actuación correctamente en cualquier modalidad, sin contar que los docentes que estén en las academias ya tendrán mejores condiciones laborales a nivel legal para poder cobrar un trabajo de calidad, sin afectar a quienes las vayan a recibir. 

Por otro lado, Daniel Jímenez y Miguel Ángel Astudillo, en representación de Teatropolis y el Laboratorio de Arte Dramático de Popayán; comentan que sacar adelante una propuesta que fomente el arte a través de clases, incluso llegando a ofertarla sin costo, es complejo en nuestra ciudad, por lo cual, ellos no niegan que han existido crisis donde han pensado en desistir de sus proyectos y cerrar ese ciclo; y es justo ahí donde sienten el gran vacío que provoca una ausencia de conocimiento frente a la formación en artes escénicas y es que Jimenez resalta especialmente la falencia que tiene la Universidad del Cauca al no ofertar un programa enfocado en bellas artes o arte dramático, teniendo una facultad de artes dentro de su estructura académica, diciendo “se han conocido casos en los cuales muchos jóvenes tienen que trasladarse a otros lugares para poder profesionalizarse y es ahí cuando el departamento comienza a perder el talento que tiene y dando pie para que sean otros quienes lo florezcan”.

En cuanto a Astudillo, él dice que en Colombia, en especial en Popayán, no existe una cultura de consumo teatral y actoral. A pesar de que ésta es ciudad cultural; es complejo encontrar el espacio que dé cabida a una de las mayores expresiones artísticas del mundo; por lo cual recomienda a la alcaldía y a la gobernación que estudien la posibilidad de generar más espacios de sensibilización y acercamiento al arte escénico, ya que “es la única manera en que se va a entender que este oficio es una noble profesión, donde no importa el valor de una boleta, si se ve esto como una inversión a la memoria cultural colectiva del Cauca y de Popayán”.

Finalmente, John Mario Rivera hace un llamado a los gobiernos nacional, regional y local para que brinden un apoyo o aporte al arte dramático y que se decidan a afianzar los espacios físicos que se encuentran en Popayán, porque según él, estos están muy descuidados y al final, esto influye al momento de forjar un público que decide invertir su dinero por asistir a un show. También recalca, que el gobierno ha estado siempre en la obligación de promover la cultura en los entornos locales y “con un teatro tan bonito y arquitectónico, pero tan solitario en materia de espectáculos que fortalecen el oficio de la actuación, hacen que toda la lucha por la profesionalización del actor se estanque”. 


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