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Miércoles, 2 de diciembre de 2020. Última actualización: Hoy

¡LETRA MUERTA!

El lunes 15 junio, 2020 a las 2:54 pm

¡LETRA MUERTA!

¡LETRA MUERTA!

“Entre tapabocas y tendencias en redes sociales, miles de colombianos nos movilizamos esta semana. Cuando no terminábamos de denunciar el atraso histórico en el que se encuentran los territorios afro del país, a lo que se suma la denuncia de presunto racismo policial en Puerto Tejada, el video de un hombre muriéndose, tirado en el piso, afuera de un centro médico de Quibdó, fue la gota que rebosó la copa de la injusticia social que cada vez se desenmascara más en Colombia”.

“Algunos dirán que jodemos por todo, otros dirán que queremos todo regalado, ¿y de esto que van a decir? por casos como este es que siempre me voy a manifestar”, con este mensaje Santiago Alarcón, publicó en twitter, el video que causó indignación en Colombia, al ver como un hombre trasladado hasta Quibdó, con sospecha de Covid 19, se moría a las afueras de un centro médico de la capital chocoana; el hecho que cada vez es más común, se conocía paradójicamente, tan solo horas después de que una movilización virtual que acompañaba la marcha en Puerto Tejada, organizada por las familias de Anderson Arboleda, Janner García y Arbey Moreno, (muertos violentamente, por causas atribuidas a la policía), se convirtiera en tendencia nacional, con el hashtag #Colombiacontraelracismo, una paradoja que trasciende al contraste de que en la década declarada por la ONU como el decenio Afro, flagelos como la exclusión, la pobreza y la brecha de desigualdad como resultado del racismo, sigan siendo el detonante de hechos aberrantes publicados soslayadamente y sin ninguna profundidad, en los medios de comunicación de nuestro país.

Cerca de 2.000 personas expresaron presencial y virtualmente su indignación, por la muerte de Anderson Arboleda en Puerto Tejada, que fue sucedida por la noticia de la muerte en ese mismo municipio, pero un mes antes, de Janner García, un futbolista que perdió la vida en extrañas circunstancias que involucran a la Policía, su pareja quien fue testigo presencial del hecho, acusa a un uniformado, aunque extra oficialmente, la institución, atribuye lo sucedido, a un cruce de disparos entre dos pandillas. Como si fuera poco, a estos dos casos, se les suma la muerte de Arbey Moreno, atropellado por una patrulla policial cuando se movilizaba en su motocicleta, siendo arrollado por el vehículo institucional, perdiendo la vida luego de estar hospitalizado producto de un trauma cráneo encefálico que sufrió durante el accidente.

El #JusticiaparaAnderson se convirtió en el símbolo de la lucha en contra del racismo estructural, reflejado en abusos policiales en contra de cientos de ciudadanos, que denuncian haber sido agredidos por su color de piel, lo que se evidenció en las decenas de testimonios, que se escucharon en el Facebook Live transmitido a través del perfil Afro-Up, demostrando que la versión de la supuesta eliminación del racismo, es sólo un sofisma, expuesto, desde la comodidad o el privilegio de quienes sin conocer una realidad que se vive en los territorios afro y de muchas situaciones que enfrentamos los negros en las grandes ciudades de Colombia, como Bogotá y demás capitales colombianas, incluyendo a Popayán, donde incluso, lucen con orgullo, varios íconos esclavistas, que merecen ser derribados, como está ocurriendo en grandes ciudades del mundo.

Entre propuestas y acuerdos incumplidos, nuestro mundo involuciona, oponiéndose a la posibilidad de que una población que le viene sirviendo al país, haga su aporte sin tener que enfrentarse al irracional racismo, que a pesar de los ODM (Objetivos del Milenio), en los que Colombia se compromete a eliminar la pobreza extrema, de la cual esta comunidad es víctima, dado que sus poblaciones tienen hasta 20 puntos de índice de necesidades básicas insatisfechas (INBS), por encima de la media nacional, convirtiendo en letra muerta no sólo estos compromisos, sino la declaración del decenio Afro y los cientos de acuerdos con estas comunidades, que hoy siguen siendo foco de los peores flagelos que pueden azotar a la humanidad, sin que el Estado haga cumplir, la Constitución de 1991 y los Convenios Internacionales del bloque constitucional reconocido en el artículo 93 de nuestra carta magna, convirtiéndose en una vergüenza, pues mientras que en Estados Unidos donde ya dieron el gran salto en la política y la economía, los negros salen a las calles a exigir respeto y dignidad, en Colombia aún lo hacemos pidiendo oportunidades académicas, laborales y sociales, que deben de una vez por todas, pasar a una historia que no debería repetirse y que en medio de una pandemia que a la vez que nos impide salir a las calles, sigue matando día tras día, más habitantes de las comunidades, que por su retraso son más vulnerables, no puede ser óbice, para que utilizando las herramientas que tenemos a mano, expresemos con contundencia nuestra inconformidad, de la misma manera que lo hizo Santiago Alarcón, alzando la voz cada vez más fuerte, hasta que sea realmente escuchada y logremos pasar el triste capítulo de la exclusión, avanzando definitivamente a la anhelada PAZ, con la que podamos entonar sin hipocresía, la letra de nuestro himno nacional, diciendo que realmente en Colombia, ha cesado la horrible noche

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