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LEOVIGILDO

El sábado 22 mayo, 2010 a las 10:32 pm
Luis Fernando Orozco Gutiérrez
 
El nombre del sin-tocayo Leovigildo, aparece en el “nudo de la historia” en el año 586 D.C. cuando fue rey de los visigodos; pero, qué tal los nombres de sus contemporáneos: Liuva, Hermenegildo, Recaredo, Gosuinda, Atanagildo, Teodosia. Arrio, Nestorio, Eutiques, Dioscoro. Como para alquilar balcón o recomendárselos a un enemigo para que bautice a un familiar.

Después de innumerables episodios, algunos parecidos más bien a un sainete, fue destituido el Alcalde. El señor Gobernador en uso de sus facultades legales, designó a Don Leovigildo Mosquera Medina, funcionario de su despacho, para que a partir del día viernes 21 ejerciera sus funciones de encargado.

El día jueves 20, los medios de comunicación, principalmente Internet, regaron para el mundo la noticia. «Proclama» con sagacidad periodística la advirtió y logró la “chiva,” la que fue captada de inmediato por los opositores.

Del único Leovigildo, que aparecía en el conocimiento ciudadano, hábil para indagar menudencias menores, era el de un Padillense, que había sido alcalde de su pueblo. Un afro de contextura robusta y conocido por muchos.

La gente dijo: con semejante nombre es imposible tener tocayo y lo revistieron de la dignidad, esperando, como decía el decreto, que al día siguiente hiciera su presencia para iniciar funciones.

Por extrañas circunstancias de la vida, Don Leovigildo, el de Padilla, debió ir al pueblo del alcalde destituido, para realizar una comisión propia y se alojó donde un habitante, amigo suyo.

Como es natural en un pueblo sin muchas crónicas, se regó la noticia que el alcalde encargado ya había llegado.

El día vienes 21 llegamos los contertulios habituales al sitio de reunión, pero la más absoluta confusión se apoderaba de los presentes, unos decían que el alcalde encargado ya se había posesionado desde el día anterior, en esos momentos despachaba en su oficina, vestido de camisa rosada.

Otros comentaban que el alcalde anterior había “resolvido” los problemas, por lo tanto seguía en el cargo, pues “la tercera estancia”, estaba a su favor. Don Evelio, vehemente opositor, llamó por su celular a la Gobernación, indagando por el alcalde, siendo remitido al despacho del secretario de gobierno, donde una atenta funcionaria respondió que el señor Leovigildo aún no se había desplazado a su nueva sede.

Teníamos dos personajes en escena, la confusión se aclaró cuando nos dimos cuenta de que tratábamos con dos Leovigildos: el de Padilla, al que habíamos designado alcalde y el de la gobernación, un doctor de Patía, el verdadero.

Hoy sábado en la mañana, bajo el beneplácito de todo el pueblo, se posesionó ante el Notario Público, el doctor Leovigildo Mosquera Mediana.

Dos años y medio perdidos en el desarrollo municipal, esperemos nuevamente encontrar la ruta del porvenir.

Posdata: Leovigildo: Que el de Miranda, sea mejor que el visigodo de Toledo.
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