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Domingo, 20 de septiembre de 2020. Última actualización: Hoy

El martes 10 marzo, 2009 a las 11:52 am
leoquevedom@hotmail.com
Martes 10 de marzo de 2009

EN EL PAÍS DEL SAGRADO CORAZÓN

www.regionesunidas.com/religion/index.html

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

No vivimos hoy en la Edad Media en la época de las Cruzadas, ni mucho menos tenemos a un Tomás de Torquemada en el solio arzobispal. No somos un país de constitución laica declarada ni escéptico como lo propusieron Erasmo, Voltaire ni sincrético como algunos países que dividen sus creencias religiosas. No se venden pocas biblias como en Venezuela, pero sí se pintan multitud rosarios en las partes traseras de los automóviles. Nos estamos convirtiendo un país de fetiches, camisetas, y santiguamentos. Ya el campesino no se quita el sombrero cuando pasa frente a la iglesia porque ni eso tiene, pero los árbitros se persignan cuando dan el último pitazo y en deporte se cree más en el poder del misterio y de la suerte que en la técnica o la estrategia.

No podía ser de otra forma. Nuestra constitución no consagra ningún dios como la del año 86. Pero la religión está presente en alocuciones, despedidas, peligros y hasta en los consejos comunitarios. Ya no se toma posesión de un cargo en el municipio, ni en el departamento ni para ministerios o magistraturas con la mano encima de una Biblia. La semana santa ya es una época de vacaciones y las emisoras ya no callan su música fiestera para poner sinfonías o las misas criollas o la de Mozart. Las fiestas patronales han decaído en el boato y ya nadie cree que por dar una limosna al cura le va mejor al campesino en la cosecha o se gana una indulgencia.

Pero para las estadísticas de ocasión Colombia es “mayoritariamente” un país católico. Lo pueden certificar el Dane, Gallup, RCN o El Catolicismo. Los templos cristianos y las otras confesiones “hermanas” se llenan los domingos y a los templos en el marco de la plaza siguen asistiendo jóvenes y mayores. Los colegios de frailes y monjitas siguen cobrando altísimas pensiones para educar en la fe y las buenas costumbres.

Pero las cárceles hoy están más llenas de gente muy católica y cristiana. Para hacer una fechoría el delincuente se tercia en la espalda un escapulario y le prende una vela al ícono para que le vaya bien en el “negocio”. Las fábricas están casi vacías porque sus dueños no asimilaron qué es la justicia social ni como reinvertir en la sociedad lo que produce el trabajador para sus anchas arcas. Quienes hacen las leyes son señores muy probos y han estudiado en las universidades más cotizadas, pero a la hora de la verdad aparecieron la ley 100, la ley 50 y todas aquellas que recortaron las horas extras, dominicales y la reparación de víctimas. ¿En dónde quedó la ética que aprendieron al lado de monjes y sargentos?

Se seguirá diciendo que la guerra se acabará el día que Dios quiera, que al país lo bendice y lo guía el dios de la camiseta de Colombia. Que la lluvia caerá, que el volcán no lloverá cenizas ni lava sobre las casas de los pobres, que las cosechas no se perderán, que no habrá odios, que habrá perdón y olvido.

Pero los ricos, los banqueros, los políticos, los jueces, los que deben velar por el pueblo, los obispos y los curas seguirán felices en sus carros y palacios. Sacudirán en la despedida su brazo y dirán a los que los oyen y reciben una limosna o un consuelo: “Que Dios los bendiga”. Se seguirá diciendo que el país es católico y creyendo al político, al cheque, al chanchullo y a la suerte. ¿De qué sirve ser mayoría católica si impera el engaño, el desprecio y el olvido del humilde, la violencia, la corrupción? ¿Acaso la religión sólo sirve para rezar, ir a misa y para cargar santos en semana santa?

10-03-09 – 9:24 a.m.

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