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»LEER ES VOLAR»

El domingo 28 abril, 2019 a las 7:24 pm
"LEER ES VOLAR"

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

«LEER ES VOLAR»

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel –

y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel –

Poema de Emily Dickinson

El título entre comillas de mi texto es el logo o consigna frontal de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Una frase que puede hacer feliz a quien lee si se la cree y la adopta. Sí, el hábito, la acción permanente de quien lee un texto le marca su cuerpo, lo convierte en un ser supersensible a las grafías que aparecen en avisos, títulos de libros o entre las páginas de una revista o diccionario.

El que lee tiene lista las alas de sus ojos para volar con su imaginación hasta regiones y ambientes etéreos. Se le van los ojos tras las imágenes que empiezan a emerger de sus iris y las ondas que emiten para que el cerebro las eleve a otras regiones.

Como que a los ojos se les añaden unas alas invisibles y suben y se desplazan a otras esferas. Literalmente empieza uno a volar. Se traslada sin moverse del punto físico en donde se halla. Recorre en el mismo instante que lee distancias a miles de kilómetros o a lugares ya inexistentes porque sucumbieron en la historia o desaparecieron del uso en las civilizaciones que ya fenecieron.

La imaginación le presta a los ojos las alas para que viaje a lugares lejanos y los vea – o los cree – si no existen. El sencillo acto o gesto de tomar entre sus manos un libro y abrirlo estimula a los ojos a volar mejor que un avión o un satélite o un águila gigante.

Sí. Los ojos tienen alas y nosotros no lo sabíamos cuando nacimos y crecimos. Por alguna extraña sensación hemos ido experimentando que los ojos permiten que nuestra imaginación se potencie y vuele mejor que un colibrí o un cóndor. Devora en el instante que lee distancias, alturas, entra a cuevas, lugares subterráneos o bajo los océanos y se adentra hasta donde la imaginación y las guías del libro nos conduzcan.

Como lo dice la dama de blanco de Amherst, nuestros ojos cuando leen nos llevan más allá de las dimensiones que la física nos ha mostrado. Es el ansia de saber, es la potencia de nuestro cerebro: viaja hasta donde la imaginación humana sea capaz de mostrarnos e insinuarnos.

Eso es: si queremos fugarnos de la tierra podemos hacerlo. Tenemos unas alas mejores y un motor mejor que el de un satélite espacial. Subiremos, bajaremos, viajaremos hasta donde las alas de nuestra imaginación nos quieran llevar. Ni sentiremos el aire ni necesitaremos escafandra ni gas o líquidos. Para eso tenemos unas alas y el poder de fabular mundos, astros, lugares que los libros jamás han mencionado. Nuestra mente los crea y por solo ese acto existen.

Emily Dickinson lo escribió un día. Si quiero conocer el mundo me basta abrir la ventana y sé que allá detrás de la montaña de Amherst y los chopos de enfrente está el mar y el mundo: «Salí temprano – Llevé mi Perro – y visité el Mar – Del Sótano salieron Las Sirenas para verme -«

27-04-19                                                  8:36 p.m.

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