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Lectura, escuela y sociedad

El jueves 30 mayo, 2019 a las 8:43 am

Lectura, escuela y sociedad

CONFIANZA, LIDERAZGO Y MENTIRAS

La lectura es un gusto que difícilmente se enseña, más bien se contagia. Normalmente se aprende por imitación. De ahí que entre más temprana sea la edad para iniciarse en su práctica más sana será y más pronto se llegará. Por lo que es altamente recomendable que los niños se familiaricen con los libros, que vean a los adultos cercanos leyendo y empiecen a experimentar curiosidad y deseos de leer.

Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, es el más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y se puede reducir o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional. Leer es como leer a los clásicos a la luz de los relámpagos y de sonido de la lluvia sobre los tejados.

Para quien desee iniciarse en la lectura se aconseja limpiar la mente de tópicos, olvidarse de lugares comunes; se recomida no tratar de mejorar el mundo con lo que lees ni por el modo en que lo lees, porque el fortalecimiento de la propia personalidad ya es un proyecto bastante considerable para la mente y el espíritu de cada uno. Hasta que se haya purgado la ignorancia primordial, la mente no debería salir de casa; las excursiones prematuras al activismo tienen su encanto, pero consumen tiempo, que forzosamente se restará de la lectura. Asimismo, el intelectual es una vela que iluminará la voluntad y los anhelos de todos los hombres.

Lean, no hay por qué temer que la libertad que confiere el desarrollo como lector sea egoísta, porque si uno llega a ser un lector como es debido, la respuesta a su labor lo confirmará como iluminación de los demás. En este orden de ideas para leer bien hay que ser inventor y ser mago que fundamenta la confianza en sí mismo como un don, como un atributo, como una especie de segundo nacimiento de la mente, y que solo sobreviene con años de lectura profunda.

Con frecuencia, aunque no siempre nos demos cuenta, leemos en busca de una mente más original que la nuestra. Buscamos una ideología, sobre todo en sus versiones más superficiales, así algunos senadores pretendan decirnos que es especialmente nociva para la capacidad de captar y apreciar la ironía, por eso sugiero que nuestro objetivo debe ser la renovación de la lectura en todos los escenarios.

Me siento próximo a la desesperación, porque seguir exigiendo a alguien la construcción de políticas públicas sobre lectura, escritura y oralidad parece ya ser irónico y muy difícil de conseguir. La única trascendencia que nos es posible alcanzar en esta vida, si se exceptúa la trascendencia todavía más precaria de lo que llamamos es través de la lectura.  Por eso hago un llamamiento a que descubramos aquello que nos es realmente cercano y podamos utilizar para sopesar y reflexionar sobre el poder de la lectura, y así legar a nuestras jóvenes generaciones la idea de leer profundamente, no para creer, no para contradecir, sino para aprender a participar de esa naturaleza única que escribe y lee.

Solo sé que leyendo y dejando leer será la manera de poder limpiarnos la mente de tópicos, no importa qué idealismo intentemos afirmar o representar.

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