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Viernes, 27 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

LÁZARO

El viernes 30 marzo, 2018 a las 3:00 pm

Lazaro

LÁZARO

Lazaro

(De mi libro «Jesús, el Íntimo») / Otras publicaciones de este autor: http://bit.ly/2I1XZyB

Y las flores se movían de un lado a otro, y Lázaro veía cómo se movían, estaba absorto en esa danza de las flores.

Oía la música que de los pétalos emanaba, un son de armonías serenas.

Y Jesús lo acompañaba esa noche serena, llena de estrellas y de luna cantábile.

Y el jardín tenía resplandor plateado, el viento acompañaba.

Y entonces le preguntó al Maestro:
«¿De verdad estaba muerto, yo había bajado al lugar de las sombras?»

«Las sombras, como esta noche, están antes y después de todas las cosas. ¿Sabes qué eras tú en las sombras antes de nacer, sabes qué serás después de que se acaben todas las cosas con la muerte?», le intrigó Jesús.

Y Lázaro no respondía, no sabía la respuesta.

«Sólo sé, Maestro, que no recuerdo; pero si estuve bajo la piedra del sepulcro, por favor dímelo», respondió al fin.

«Conténtate con saber que Yo te traje de las sombras a la Luz; las sombras son el cuerpo, la Luz es el día del Conocimiento; pero acaso este día no despuntará para muchos; no apartarán nunca la piedra del sepulcro. En este valle de lágrimas todos los días son una piedra interpuesta entre el sol y la dulce Luz del Paraíso; bregad por apartar esas sombras», le dijo Jesús.

Y en esas apareció Marta, hermana de Lázaro; portaba un cesto con pan y otros alimentos.

«Debéis estar cansados, habéis platicado todo el día, la noche os ha sorprendido en mutua compañía», dijo ella.

«¿No has visto cómo las flores se movían, no has sentido la suave brisa que entra al espíritu cuando el embeleso es ósculo santo?», le preguntó Jesús.

«Maestro, estaba ocupada en otras cosas; mi casa demanda oficio, mucha entrega y trabajo», respondió ella. Pero Jesús contestó, acompañado de un brillo de poder y convicción:
«Pues dejadnos, hemos escogido la mejor parte, esa que nos lleva hasta el Lugar Secreto del Altísimo, y allí todo trabajo es dejado a un lado».

Y entonces ella se descubrió la cabeza, el pañolón cayó al suelo.

«Hasta ahora no había visto que era una flor no descubierta por mí misma; tus palabras me lo han hecho sentir en este momento», contestó ella sorprendida, y dejando el cesto en el suelo, se arrodilló ante Jesús, juntó las manos, y cayó en su regazo, sin sentido. Él la contemplaba con ternura.

Y un largo rato transcurrió bajo la serenidad de los astros y la noche; una luz parpadeaba en una lámpara que se acercaba.

Venía María, hermana de Marta y de Lázaro.

RVQ

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