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Las vías eternas de Colombia

El viernes 13 enero, 2017 a las 10:31 am
Diogenes Diaz Carabalí

Diógenes Díaz Carabalí

Un amigo que acaba de llegar de la República Popular China cuenta su admiración porque pasó por una calle destapada en la ciudad de Beijing recién llegado por actividades de negocio, y cuando volvió a pasar por el mismo sitio ocho días después la calle de cinco cuadras, con dos carriles, amplia, para conectar una avenida, estaba totalmente pavimentada. Una cuadrilla de obreros terminaba de construir los sardineles y  los andenes. Igual en Ecuador, una carretera de cincuenta kilómetros, entre Santo Domingo y la ciudad de Manta, con terrenos de las mismas características que los nuestros, había pasado dos años antes por tramos con posos llenos de barro y tramos donde los autos levantaban atosigantes polvaredas, transité ahora una vía perfecta, aún con el olor caliente del material petrolizado.

A cambio, esta semana, por mis frecuentes viajes entre Popayán y La Plata (Huila), vuelvo a transitar por la misma carretera imposible, una total aventura morbosa de barro, polvo sacudida y traquidos de un carro no Cross, sin señales de tránsito, con puentes que se desplazan y se caen, con tramos que han sido pavimentados totalmente perdidos para vergüenza de nuestra ingeniería civil, de nuestros geólogos y de nuestros analistas de suelos. Este itinerario lo padecen pasajeros y vehículos desde el año dos mil cuando comenzó el proyecto de pavimentación de la “Ruta del libertador”, una vía de apenas ciento treinta Kilómetros, que dieciséis años después no muestra señales de que pueda ser terminada, sin duda elevando los costos de manera geométrica, como para que logren jubilación obreros e ingenieros en el propósito de llevar a término un solo proyecto en su vida de desidia.

¿Que cómo lo hacen los chinos o los ecuatorianos? No lo sé, pero lo hacen. Sin duda aplicaran tecnología que desconocemos. Sin duda aplicaran mano de obra calificada. Sin duda la ingeniería es mucho más avanzada que la nuestra, sus ingenieros responden al interés público no a llenar sus bolsillos. Sin duda los geólogos están en condiciones de realizar análisis más cercanos a la realidad de la estructura de los suelos. Sin duda los laboratorios dan índices de análisis apropiados a la composición química de los pisos. Todo eso puede ocurrir. Como también que hay una fuga exagerada de recursos públicos en cada proyecto, con intereses subterráneos que hacen que las obras viales se prolonguen indefinidamente en el tiempo. He sido testigo cómo en el plan de movilidad de Popayán, para pavimentar un tramo de menos de diez kilómetros, la administración y la ingeniería local llevan más de ocho años y no han pavimentado ni el treinta por ciento del proyecto, con las implicaciones que eso tiene en un país de devaluación galopante, de cambiante aceleración de precios hacia arriba, por lo tanto ningún recurso previamente asignado alcanza.

Diríamos que el problema está en las facultades de ingeniería, en las universidades, en la formación de los profesionales, pero también en la carencia de mecanismos de formación del personal de apoyo (maquinistas, mamposteros, de topografía, etc.), en la relación comercial de los mecanismos que funcionan para la construcción de una vía carreteable, pero también en la honradez como se manejan los recursos del estado donde todos quieren sacar tajada.

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