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Las ventanas rotas de Santander de Quilichao

El domingo 24 noviembre, 2019 a las 10:36 am

Las ventanas rotas de Santander de Quilichao

Las ventanas rotas de Santander de Quilichao

El fin de semana pasado la ciudad de Santander de Quilichao fue estremecida por un demencial atentado terrorista que sacudió las fibras morales de sus habitantes, y de toda Colombia, y llenó de dolor a la institución policial y a varios hogares que perdieron a sus hijos y muchos bienes materiales. Nuestra total solidaridad con aquellas familias y absoluto rechazo a esa atroz criminalidad, que creíamos estar superando.

Guardadas las debidas proporciones, épocas y protagonistas, es posible comparar la ciudad de Medellín de la década de los 80 del siglo pasado con el Santander de Quilichao de hoy, y de hace varios lustros.

Medellín padecía el periodo más convulsionado de su historia, cuando la ciudad era la más violenta del mundo con una tasa de 260 homicidios por cada 100.000 habitantes (once veces la tasa actual), 3.350 asesinatos en un año. Medellín no tenía horizonte y nadie daba un peso por su futuro; era una sociedad que se ahogaba con su propia sangre.

Santander de Quilichao sigue siendo una ciudad violenta, y en consecuencia, continúa vigente el miedo de la comunidad. Quilichao es una sociedad con permanentes conflictos y tensiones; aquí hemos sido incapaces de implementar un modelo de desarrollo para enfrentar problemas tan hondos como las diferentes pobrezas y desigualdades, la fragmentación y desarticulación de la sociedad civil, el marcado deterioro de la convivencia ciudadana, la creciente corrupción administrativa, múltiples violencias, existencia y degradación del conflicto armado, crimen organizado, narcotráfico, ocupación atropellada de los espacios públicos, poca credibilidad en las instituciones, crisis ética y humanitaria e irrespeto a la dignidad humana.

No podemos negarlo porque es muy evidente y nos ha creado desprestigio y mucha deshonra, no solo nacionalmente.

Pero Medellín reaccionó. “La cultura metro”, “Medellín la más educada” y el proyecto “Mis pequeños actos hacen grande mi ciudad”, con el objetivo de estimular valores como la responsabilidad cívica y la solidaridad, lograron hacer de la capital paisa «la ciudad más innovadora», y recuperar la tradicional etiqueta de «Medellín, la tacita de plata», además de sostenerse como «la ciudad de la eterna primavera».

Inclusive, hace unos años la Fundación Rockefeller, reconoció a Medellín como una de las 33 Ciudades Resilientes del mundo (superación del dolor y el trauma) que ha franqueado las dificultades de la violencia y las problemáticas sociales, y también es considerada como una ciudad modelo de desarrollo urbano.

Tenemos muchos más ejemplos que nos servirían a los quilichagueños para crear un gran proyecto cívico, un compromiso ciudadano, un pacto social para superar el escepticismo generalizado, que podría ser “Cultura Quilichao”, diseñado para el cambio de la ciudad, creando una nueva cultura en los habitantes del municipio de Santander de Quilichao, un nuevo imaginario colectivo que demuestre que sí podemos lograr la convivencia en armonía, el buen comportamiento, la solidaridad, el respeto de normas básicas de uso de los bienes públicos, el respeto propio y por el otro, con especial sentido de pertenencia.

Toda la ciudad se apropiaría del concepto desde instituciones educativas, universidades, empresas privadas, despachos públicos, calles, galería, escenarios deportivos, juntas de acción comunal, ONG, instituciones religiosas, para crear entre todos, no mediante imposición, una red entre comunidades que contribuya a la cohesión de la sociedad con condiciones de optimismo y confianza entre la gente.

En otras ocasiones hemos demostrado que, a pesar de todo, Santander de Quilichao también ha sido una ciudad resiliente porque es una característica fundamental de la vibrante y diversa población quilichagueña. Lo que pasa es que no hemos sabido canalizar esta cualidad.

Por eso, uno de los retos del proyecto no es precisamente llegar al objetivo sino mantenernos en él, y la Cultura Quilichao no sería ajena a estos retos que le obligan mantenerse vigente en la ciudadanía, no solo con mensajes motivacionales, sino formativos y educativos, para que algún día, no muy lejano, nosotros también podamos cantarle al mundo, como hace unos años lo hicieron en Medellín: “Lo logramos. Por pujantes, por capaces, por luchadores, por creer, por tener fe”.

No nos queda de otra que implementarlo porque contrario a esto surgen la apatía, la indiferencia, la insensibilidad, el desarraigo y la desarticulación con la vida de los otros y de la misma comunidad en la cual se participa. No podemos continuar así.

El propósito es crear una cultura de la acogida, del pluralismo, de la solidaridad, de la corresponsabilidad, de la aceptación de las diferencias mediante la deliberación colectiva, la información y la formación ciudadana, que se sepa respetar lo íntimo pero al mismo tiempo valorar lo público que impulsa una construcción colectiva de una sociedad incluyente, observante de la legalidad.

Claro está que “cambiar hábitos no es fácil ya que están arraigados en comportamientos que naturalizan su justificación e impiden cuestionar paradigmas y prácticas culturales instauradas. Implican la constancia, la repetición permanente y el complejo proceso del desaprender los viejos hábitos que se han interiorizado casi de manera inconsciente en las prácticas “ciudadanas”. El ser humano es muy apegado a los hábitos y cambiarlos exige disciplina, convicción, coraje y clara decisión. Difícilmente se es dueño de las rutinas que se profesan, la cultura ciudadana implica un cambio profundo en las maneras de ser, actuar y comportarse” (Proyecto transversal cultura ciudadana en la Universidad Javerianahttp://bit.ly/2roJuBe).

Se trata de aprender a convivir en coherencia con la dignidad inviolable de cada persona, reconociendo los derechos de todos, respetando su integridad y su libertad, en un clima de cuidado mutuo y del medio ambiente, apertura a la pluralidad y a las relaciones constructivas.

Para cerrar esta propuesta, es saludable tener en cuenta que los contextos favorables invitan a buenos comportamientos. Es que la teoría de las ventanas rotas sostiene que mantener los entornos urbanos en buenas condiciones puede provocar una disminución del vandalismo y la reducción de las tasas de criminalidad.

Arreglando Ventanas Rotas, por George L. Kelling y Catherine Coles, es un libro de criminología y sociología urbana publicado en 1996, que habla acerca del crimen y las estrategias para contenerlo o eliminarlo de vecindarios urbanos (http://bit.ly/2KPTsCg).

El libro viene del siguiente ejemplo:

Consideren un edificio con una ventana rota. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio; y, si está abandonado, es posible que lo ocupen ellos y que prendan fuego dentro. O consideren una acera o una banqueta: se acumula algo de basura; pronto, más basura se va acumulando; con el tiempo, la gente acaba dejando bolsas de basura de restaurantes de comida rápida o hasta asaltando automóviles o motos.

Una buena estrategia para prevenir el vandalismo, dicen los autores del libro, es arreglar los problemas cuando aún son pequeños. Repara las ventanas rotas en un período corto, digamos un día o una semana, y la tendencia es que será menos probable que los vándalos rompan más ventanas o hagan más daños.

En fin, sobre las complejas realidades que nos acosan e impiden o retrasan la construcción de una ciudad donde se respete el Estado de derecho, la justicia y la dignidad humana, estoy seguro de que seremos capaces, si nos lo proponemos, con el apoyo de las nuevas administraciones municipal y departamental, que, gracias a Dios, serán orientadas por excelentes profesionales con alto sentido social: la odontóloga Lucy Amparo Guzmán González y el abogado Elías Larrahondo Carabalí, a quienes deberíamos todos rodear para re-iniciar la construcción del soñado Santander de Quilichao.

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