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LAS TRES REVELACIONES

El domingo 24 julio, 2011 a las 10:03 am
Por Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca
Mi tentación es resumir en tres, y de manera simplista, los momentos de la Revelación Sagrada, según mi modo particular de ver y entender, atendiendo únicamente a las tres grandes religiones que irrumpen de manera imprescindible en nuestra cultura occidental.
1)- Dios es el Ser, el Viviente. Quien, en el Antiguo Testamento, le revela su nombre a Moisés: “Yo soy el que soy”. Los antiguos no entendieron el mensaje; fabricaron ídolos, su religiosidad sólo pudo acercarse a los lados de la Ley, al discurso exterior que entabla y discute obligaciones, desdoblamiento de lo verdadero en eticidad, relaciones morales con lo supremo, con los demás y el mundo circundante. Las “Tablas de la Ley” se imprimen como norma, como autoridad de un Dios sobre los hombres, como temor que esconde lo numinoso: el conocimiento está velado, se oculta tras el velo del templo; los sacrificios del culto son la norma obligada para la purificación de los pecados; pero lo fundamental, El Ser, no resuena en la conciencia de las gentes.
2)- “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Advenimiento de la Gracia, de la “Buena Nueva”, ya que la antigua Ley no salva sino la Gracia del Espíritu, la “Plenitud de los tiempos”. Bien entendido, se hubiera aceptado que Dios está en el hombre, “se hizo carne” (“Ecce Homo”, “He ahí al hombre”); y que allí, dentro de nuestra propia humanidad, hay que buscarlo. Pero ello era un escándalo (“crucifíquenlo”), y el velo cae de nuevo en el santuario. Los “fieles” construyeron una historia y la adoraron; enajenaron a Dios en una imagen lejana, relegada a 2.000 años atrás, o lo pospusieron para el “último día”. Veneran un modelo, un modo de perfección ultraterrena, un mito de resurrección. “Mi Padre y Yo somos Uno” se interpreta como la utopía, como transposición a un modelo inefable, pero no es la relación de identidad íntima que la humanidad tiene con El Padre; esta identidad se vuelve tema escabroso entre anatemas. El Redentor no está en el hombre sino en una historia milagrosa que aconteció en “aquel tiempo”. Esta fe no es conocimiento, pues “ustedes adoran lo que no conocen, pero vendrá el tiempo en que hay que adorar en espíritu y en verdad”. Así, el eco de estas palabras aún no ha llegado hasta nuestros oídos (“El que pueda oír, que oiga”).
3)- “No hay más Dios que Alá, y Mahoma su profeta”. ¿Se podía corregir el malentendido? Mahoma quiere decir “hombre perfeccionado”, el hombre que colinda con La Divinidad. Según el Islamismo, el Jesús histórico era apenas otro de los profetas, otro de los arquetipos de la humanidad perfecta, y El Corán es la enseñanza “para quienes creen en el secreto y hacen la oración… ellos son los piadosos…” Se quiso confirmar la Ley y los profetas, el temor a Dios y al juicio del último día; se quiere renovar la fe en las promesas del Señor de los Mundos. Por supuesto, más oscuridad desciende en el santuario. De nuevo los malentendidos: confundieron la “guerra santa” con la barbarie de la historia, con pugnas de credos religiosos e ideologías políticas. El fanatismo tiende de nuevo el velo sobre el templo… la exterioridad de las razones. El ser humano continuará en el servilismo de las creencias, conspiración de la letra contra el Espíritu, el destierro desde su lugar fundamental.
Obviamente, la ignorancia fecunda la noche de los tiempos, la aurora del espíritu no ha sido descubierta en la mismidad del Ser, que es nuestra esencia luminosa. Quizás sería necesaria otra Revelación: ¿las palabras del “Bhagavad Ghita” (“Canto del Bienaventurado”), escritura hindú más antigua que el cristianismo (siglo VI A.C), podrían iluminar la caverna de los antepasados?: “Yo soy quien reside en el corazón de todas las criaturas; Yo soy el principio, el medio y el fin de todos los seres… Yo otorgo la unión del conocimiento, gracias al cual se unen Conmigo… Yo disipo, habitando en su interior y por compasión hacia ellos, las tinieblas surgidas de la ignorancia, por medio de la brillante lámpara del conocimiento…Yo soy la totalidad del Ser y el origen de los dioses… Siempre que el bien decae extinguiéndose poco a poco, predominando en su lugar la maldad y el orgullo, Yo me encarno en forma humana sobre esta tierra… Yo soy el camino y el fin, el sostén, el Señor, el testigo, la casa y el país, el refugio, el buen amigo…” etc., etc., etc.
Ciertamente, ascuas han quemado nuestros ojos con la impiedad de la ignorancia y montañas de supersticiones; y, desde el destierro, ¡esperamos que vengan redentores de la raza entre las tinieblas exteriores! Aún no hay bastante luz en estos finales de los tiempos… Las trompetas del despertar son un sordo llamado en el desierto… Dios, el solitario, no habita en medio de las multitudes…
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