ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Sábado, 8 de agosto de 2020. Última actualización: Hoy

Las redes sociales o la invasión de los idiotas

El martes 7 julio, 2020 a las 7:00 am

Las redes sociales o la invasión de los idiotas

Las redes sociales o la invasión de los idiotas

Se dice que el 50 % de la población mundial está usando redes sociales, es decir, 3.8 mil millones de personas las usamos. Su importancia o necesidad es innegable, cada vez hay más redes, con muchas funciones, muy útiles si sabemos cómo usarlas de forma correcta según nuestros propósitos u objetivos en ellas.

Facebook, Twitter, LinkedIn, Instagram, YouTube, y muchas otras plataformas de interacciones sociales son de gran utilidad para hacer marcas, promover productos y servicios, anunciar eventos, hacer activismo, generar tráfico a blogs y sitios web, compartir contenidos en distintos formatos, buscar conocimiento o entretenimiento, hacer negocios, encontrar viejos amigos, estar en contacto con familias, en fin, son muchas las ventajas.

Su gran utilidad radica en que siempre podrán ser el escaparate para mostrar al mundo lo mejor de nuestra persona, marca o empresa.

Sin embargo, también existen aquellos que en su ignorancia, las utilizan para mostrar lo peor de su personalidad. Rarísimo pero cierto, y evidente.

Eso obligó hace unos años al escritor y filósofo italiano Umberto Eco, además honoris causa en Comunicación y Cultura de los Medios de Comunicación de la Universidad de Turín, a demostrar que el drama de Internet es que también ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad. Por eso dijo: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas».

Los primeros ofendidos no fueron los ebrios, por cierto, sino los idiotas legionarios, que reaccionaron por la vía obvia: aumentar la invasión de las redes sociales, para volverlas antisociales. Pero son fácilmente detectables.

En este orden de ideas, en medio de la sociedad quilichagueña hay ciertos sujetos que se la pasan entre ella como si fueran seres normales, pero que utilizan las redes sociales, no con los fines universales sino como escape a sus íntimos tormentos, pretendiendo eludir su indudable frustración existencial a través de Internet.

Inspiran pesar y mucha lástima, porque fanáticos de Facebook, especialmente, lo primero que ponen en el escaparate es su infortunada formación, y mortificados con su lamentable estado personal, y su autoestigmatización, hacen todo lo que su escaso pensamiento les permite para tratar de mortificar a quienes consideran superior, porque por su enanismo moral e intelectual creen que es posible hacer descender a su víctima hasta su propia pocilga.

Son algunos sujetos que, por lo que publican en redes sociales, tienen ideas fijas en contra de quien escogen como su vía de escape, a quien irrespetan inclusive en su vida íntima. Los estimula una incuestionable envidia que no les permite sosiego, tranquilidad, ni pensamiento noble, pues por el rencor que cultivan hacia el personaje escogido para desfogar su malsano espíritu, creen, equivocados, que el progreso ajeno que los martiriza no son consecuencias de emprendimientos, creatividad, arduo trabajo y sanas relaciones económicas, sociales y políticas, sino que son, precisamente, las causas de su propia penuria y desdicha. Por eso odian al que progresa en libertad.

Claro que en la angustia que les causa presentar su desgraciada personalidad, prefieren esconderse en perfiles falsos o en portales anónimos. Su amargada naturaleza tampoco soporta que se denuncie la corrupción, la violencia, el bajo mundo moral, porque son aliados de la escoria humana.

No teniendo facultades mentales ni el talento para ser servidores de la comunidad, se dedican a invertir su despreciable tiempo, en las esquinas de las calles o en las tiendas de barrio, para difundir chismes y críticas venenosas sobre sus vecinos y gente que sí trabaja, tal vez (siempre) pensando que con esas actitudes logran contaminar a sus víctimas de su propia mediocridad.

Y precisamente, hablando de esto, hace algunos días reflexioné, en las redes sociales, sobre el tema para decir:

A lo único que realmente le tengo miedo es a la mediocridad de quienes se creen sabihondos en una sociedad mediocre. El peligro de la mediocridad es que es sumamente contagiosa y una vez instalada como hábito de vida, se hace imperceptible y normal… Lo anormal y peligroso, entonces, es la excelencia, la generosidad, la prestancia, la dignidad, el conocimiento, la responsabilidad… Toda la sociedad está contagiada, y lo grave de la mediocridad es que no deja ver, se agazapa, se naturaliza, se arraiga, y en consecuencia, se niega la mediocridad intelectual, no se nota mediocridad laboral, no se distingue la mediocridad profesional, se patrocina la mediocridad académica, se elige la mediocridad política, y lo peor de la enfermedad, es que quienes la padecen, parecen felices en su degradación.

Sé que me he referido a generalizaciones, como cuando el autor de El péndulo de Foucault, La isla del día de antes, Baudolino, o Número cero, habló de las legiones de imbéciles, y dicen que no es bueno generalizar, pero también sé que las generalizaciones nunca afectan a la persona digna e inteligente, solo a los que hacen parte de la legión, a los incapaces de crear, a los envidiosos, a los que suelen consumir y producir información «basura» o falsa, creyendo que es verdadera, actual o relevante.

***********************************

Otras publicaciones de este autor:

Alfonso J. Luna Geller
Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta