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Las redes sociales están infectadas

El jueves 16 abril, 2020 a las 11:09 am

Las redes sociales también están infectadas del virus

Las redes sociales están infectadas
Ana Leticia Franco Solarte
Esp. Educación en Derechos Humanos
Coaching, Maestría en el Ser

Por violencia contra la mujer se entiende cualquier acción u omisión, que le cause muerte, daño sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer…
Art. 2. Definición de violencia contra la mujer. Ley 1257 de 2018

      Quiero contarles una historia poco agradable sobre las redes sociales, un mundo en el que muchos sacan el peor lado de su personalidad terrible y reprimida. Muchos desconocemos lo que se puede encontrar detrás de falsas vidas y felicidad de fotografía, espacios virtuales en los que no sabemos quién tenga bajas intenciones de lastimarnos o vulnerar nuestros derechos.

     Mi Facebook esta ataviado de solicitudes de seguidores y muchos de estos perfiles pueden ser falsos y en esas caras inocentes y sonrientes pueda que esté el mal disfrazado de cordialidad, decencia, hasta buena redacción y escritura, en definitiva nadie sabe qué puede pasar por la mente de una persona que se esconde tras un perfil en una red social y tal vez esta pueda llegar a ser su peor pesadilla.

     Mi página de Facebook, Leticia Franco, es un espacio para publicar mis creaciones poéticas, uno de mis sueños hecho realidad, cuento con alrededor de seis mil seguidores o poco más, no ha sido fácil sobresalir porque realmente la poesía es poco valorada en estos tiempos donde el reggaetón y sus letras no dicen nada. No deseo ser la chica del desnudo, ni la dama que enseña de más para ser popular en una red social, me muestro tal y como soy, una mujer de 32 años, hecha a pulso porque he conseguido mis logros con esfuerzo y mucha dedicación, así como tantas mujeres en este país, mujeres que sueñan con triunfar en sus profesiones y en sus emprendimientos buscando tener una vida tranquila y amable en un mundo que irónicamente desvaloriza el trabajo de la mujer. Sencillamente nos toca más duro porque en un mundo de machos ser mujer  a veces cuesta lágrimas de dolor y también de desesperanza.

     No me mal entiendan, ser mujer es maravilloso, soy feliz de serlo y todo cuanto he logrado con mérito y mucha fortaleza me enorgullece. Si de algo estoy agradecida con el universo es porque me dio la nobleza, ímpetu y sabiduría de una mujer y me llenó de vitalidad para ser mejor cada vez y no permitir que nadie vulnere mis derechos como ciudadana pero sobre todo, como mujer.

      A eso voy, a mis derechos como mujer, a mis derechos de niña y de mi dignidad como ser humano, obvio que ya no soy la niña de hace años atrás, pero cuánto quisiera haber conocido de mis derechos y defenderlos en aquel entonces. En mi niñez fui manoseada por un tipejo que espero y anhelo la esté pasando tan mal como yo en estos momentos con el simple hecho de recordar; fui entonces, una niña sumida en el miedo por hablar y el miedo porque este personaje me hablara siquiera, así pasa en este país, cientos de niñas abusadas, manoseadas y vulneradas en su dignidad por tipos enfermos que andan por ahí sueltos, causando daño y desesperanza en angelitos de escasa edad, nunca conté a mis padres mi tristeza oculta, mi dolor desesperado porque en mi corta edad y estatura, creía que era yo la culpable, así como muchas mujeres se sienten hoy en día, las que son víctimas de estos abusos saben a lo que me refiero, muchas mujeres ni siquiera denuncian a sus acosadores, violadores y mueren llevándose consigo el nombre del agresor y asesino. Muchas tienen miedo denunciar porque esta sociedad es cruel con la mujer y salen a relucir frases despectivas, “ah, es que quien la manda”, “se lo buscó por perra”, “ay pobrecita, quien la ve tan calladita”, “se lo tenía bien merecido”, “pero mira nada más como se viste”, y una serie de frases tan duras como insultantes hacia nosotras, como si ser acosadas, violadas y maltratadas fuera nuestra culpa, y la que denuncia se debe enfrentar al escarnio público de una sociedad doble moralista, una sociedad morbosa y cruel, porque según parece la mujer no puede denunciar a un enfermo depravado.

     Somos pocas las que denunciamos, desvelamos la forma en que se nos acosa y maltrata, lo he hecho en muchas ocasiones, en mi red social, en grupos de whatsapp y otros espacios. Muchos años he guardado el secreto de ese hombre que aun repudio y aborrezco porque me hizo una niña temerosa y triste, inclusive en una época de mi vida escolar fui tímida y retraída, pero nadie preguntó por mi ausencia y mi soledad, nadie cuestionó si pasaba algo en mi mente infantil que pudieran ayudar a superar, no, a mí me tocó sola, salir de esto y superar con el tiempo lo que generó en mi vida el mal de un hombre que parecía aquellos acosadores de las redes sociales, un supuesto decente y bien hablado, “un hombre de bien”.

     Conozco muchas mujeres que han sido víctimas de maltrato; por mucho tiempo han soportado golpes y ofensas de un hombre que dice amarlas, y aunque ellas lamenten infinitamente estar en sus vidas no se atreven a alejarse de este círculo dañino. Considero que estas mujeres son demasiado ser humano para un hombre con esta pobre forma de pensar, esa cruel manera de hacerlas sentir, tanto así que terminan haciéndoles pensar y creer que merecen tanto daño, y de esta manera permiten ver pisoteados sus derechos y tienen que callar porque ellas ante la sociedad hipócrita deben ser las damas, aquella que sonríe, calla y renuncia a sus derechos para satisfacer el ego de un infeliz que tal vez pague hoy o más adelante su karma de dañar y lastimar a una mujer. Mi temor es ese, seguir viendo a esas mujeres lastimadas, que piensan que las revictimizarán cuando hagan su denuncio y que tal vez, en el peor de los casos, no les crean, entonces el silencio sigue siendo su mal amigo y pésimo consejero.

     Ahora entiendo mucho, mas no las justifico, a aquellas mujeres que en defensa propia asesinan a sus agresores, jamás van a entender cuánto daño psicológico hay en una mujer ultrajada y lastimada en todo su ser, porque es perder la fe por la humanidad, por las leyes de este país e inclusive sentir la ausencia de Dios en sus vidas, muchas chicas a quienes he orientado como amiga y como Coaching siempre tienen algo en común, su pensamiento de víctimas, cuando en sus manos está jugar el papel de fuente, el papel de la mujer que se empodera y lucha por sus derechos y los exige a capa y espada. Considero que es un gran logro para estas mujeres poder salir de ese adormecimiento, salir de ese acuario de represión e infelicidad y rebelarse ante estos personajes, ante sus familias y ante una sociedad machista que premia, y es increíble esto, la forma de obrar y dañar de estos hombres maltratadores. Socialmente ha sido aceptable esta forma de proceder, como mujeres debemos entender que a veces llevamos las de perder en la batalla porque sinceramente las mujeres son la diana para que todos las juzguen y culpen porque así como hay hombres de gran valor hay cobardes que se esconden detrás de un traje elegante y una forma de tratar especial cuando realmente son seres despreciables. Pero esto no termina aquí, hoy día sin importar el cuestionamiento social y familiar, muchas mujeres fuertes y admirables han salido avante de estos círculos viciosos y puedo decir con mucho orgullo, somos capaces de reinventar esta sociedad, en nuestras manos está seguir siendo las víctimas o cambiar la historia de aquellas niñas quienes vienen siguiendo nuestros pasos.

     Años después, la niña manoseada por aquel hombre enfermo, conoce de derechos humanos y de leyes que protegen a las mujeres frente a delitos contra su dignidad. Estudié derechos humanos porque así como desperté, anhelo que muchas mujeres lo hagan, deseo ayudarlas para que denuncien a sus agresores, no sean más las víctimas de estos engendros y salgan de ese acuario. Si una mujer se siente dañada en su ser debe decidir cerrar ese vínculo y valorarse muchísimo, debe ser consciente de que ese círculo generacional de maltrato, debe alejarlo de su vida y replantearse qué tipo de mujer quiere ser, la víctima que sufre y se da golpes de pecho o la fuente que toma decisiones sobre ella misma. Hoy en día, aquella niñita tímida se siente orgullosa y sonríe por fin muy en el fondo de su corazón, esa niña volvió a sonreír, a creer que hay seres humanos tan llenos de luz y amor para dar que merecen todo lo maravilloso creado por Dios.

     Y así fue, después de mucho aprender, de poco callar a las injusticias, hoy soy una mujer empoderada, que no teme a denunciar públicamente y donde corresponda el más mínimo daño hacia mi ser o hacia otro ser humano, en especial si son mujeres víctimas de acoso sexual, laboral o víctimas de maltrato intrafamiliar, y por qué no decirlo, víctimas de acoso en las redes sociales, un virus silencioso que ataca indiscriminadamente a cientos de mujeres, aunque no las enferme físicamente, emocionalmente desvanece la autoestima.

     No sé qué pasa por la mente de estos tipos que acosan por redes sociales, tal vez esto les da mucha fuerza para hacer lo que no son capaces de hacer en persona o tal vez muestran lo horrible que pueden llegar a ser si se encuentran a una mujer o niña en la calle, no estamos a salvo mujeres, no lo estamos y es definitivo que pongamos un alto en el camino, no callemos ante estos seres opacos, que quieren robarnos nuestra luz para creerse los más machos de la zona; hay que denunciar ante cualquier acoso, no importa si es tu jefe, tu familia o quien sea, primero tú, luego tú, porque tus derechos como mujer valen demasiado y nadie puede arrebatártelos, recuerda que la ley te protege y son más fuertes y rigurosas que antes.

     Toda esta historia, la cuento en estas letras para que cada mujer se dé su lugar y no permita que alguien con malas intenciones la lastime, qué fuerte suena verdad, pues así es, no todo el que se te acerca es bueno. Sé que a muchas mujeres les pasa, les da miedo denunciar porque sus prejuicios morales y sociales no las dejan, o porque temen al juicio de una sociedad enferma, absorbida por la crítica mordaz e hiriente, no soy del montón ni pretendo serlo, y cada día lucho para ser mejor ser humano, preparándome, leyendo, instruyéndome, siendo mejor en mi profesión y creo que lo mínimo como ciudadana es denunciar estos casos y no permitir que dañen nuestra integridad, pongo mis conocimientos al servicio de aquellas mujeres que están allá en silencio, temiendo porque las van a lastimar, pensando si denunciar o no, o siendo cómplices de abusos, violaciones y demás daños, tal vez mujeres que encubren porque les da miedo perder el amor de estos monstruos.

     Piénsalo mujer, un estatus económico, un buen cargo, muchos gustos y lujos, una casa, una cirugía estética, un automóvil no representan ni en lo más mínimo tu valor como persona, tu eres más que eso y puedes surgir sola, porque las mujeres nos parecemos al ave fénix, resurgimos de las dificultades con más fuerza y poder.

     A ti que me leíste, mujer poderosa, fuerte y aguerrida, te aprecio y reconozco.

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