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Las incertidumbres del 2016

El miércoles 6 enero, 2016 a las 3:15 pm
Alfonso J. Luna Geller

Por Alfonso J. Luna Geller

Cada cuatro años se hace un ajuste del calendario para equilibrar el año solar con el cronológico. Este año toca, así que febrero tendrá 29 días, por lo cual el año 2016 suma 366 días. En algunos lugares del mundo la creencia popular considera los años bisiestos como nefastos. Pero ¿son realmente malos años? Quizás no tanto.

Uno es dueño de su destino, nada llega caído del cielo, es necesario trabajar a diario para sembrar y tener la paciencia necesaria para cosechar. Claro que uno cosecha lo que siembra. Por eso, cada uno es dueño y arquitecto de su propia vida, si quiere la construye… o la destruye, la clave está, si uno quiere, en rechazar sentimientos negativos que a veces invaden la mente, como pensar que “este es mi destino, por lo tanto, nada podré hacer para mejorarlo” o aquel que paraliza al creer que “muy grandes han sido mis errores, por lo tanto, no hay forma de rectificarlos y cambiarlos para mi propio bien y el de mi familia y generación”, u otro peor, si se quiere, que petrifica: “Jamás podré salir de esta pésima vida que llevo”.

A pesar de ellos, está demostrado científicamente que sí existen soluciones reales para las crisis, todo es cuestión de prepararse mentalmente para el cambio, de romper el paradigma del “no puedo” y asumir una actitud valiente ante lo que acobarda. Es un hecho, también comprobado, que hemos venido a este mundo con un propósito específico, que hay que desarrollarlo; no somos una aberración de la naturaleza.

Así que el año bisiesto podemos mirarlo cargado de expectativas positivas, de oportunidades para el éxito y la prosperidad, pero claro, sin taparnos los ojos para desestimar lo negativo con que también amenaza agredirnos, no por ser bisiesto, sino porque llega la cosecha de lo sembrado en años anteriores. Por ejemplo, la destrucción ambiental y la corrupción, buscando oro, carbón, petróleo, la supuesta riqueza, amenazan y degradan la vida de todos. Aquello que llaman “Fenómeno del Niño”, es una consecuencia que trae temporadas de sequías y muertes, recalentamiento, contaminación del aire que respiramos y escasez del líquido vital. Pero, hay quienes creen que son cosas del azar. Otros se imaginan que las desproporcionadas alzas ligadas al nuevo salario mínimo que fue reajustado apenas en un 7%, como multas de tránsito, SOAT, copagos a las EPS por servicios médicos y de laboratorios, pasaporte, peajes, servicios notariales, impuestos, avalúos catastrales y las tarifas prediales, cuotas de administración en los condominios, alimentos, comunicaciones, transporte, educación, vivienda y vestuario, todas las alzas que atentan contra la calidad de vida, son algo producto de la “economía mundial”, no del interés de riqueza de unos cuantos contra la prosperidad de los pueblos.

Entonces, se sigue creyendo que las experiencias y oportunidades se presentan espontáneamente, se confía más en los eventos externos, en quienes manipulan el poder endiosados por los lambones, que en el propio proyecto de vida de cada quien y por esa razón se espera que las cosas sucedan; la vida es una lotería, se imaginan muchos. Son personas que creen en las coincidencias y que el universo les tiene preparado un gran futuro, sencillamente porque sí, nada aportan al colectivo, a su entorno, simplemente creen que “después de la tormenta llega la calma”, así que lo mejor que hacen es soportar las dificultades actuales, porque tarde o temprano vendrán tiempos mejores, y ya.

En este año, no por ser bisiesto, sino porque mucho se ha trabajado al respecto, podría llegar el fin del conflicto con las Farc, pero no será la paz completa con que tanto soñamos porque muchos seguirán pensando y creyendo que es precepto ético-político “la feroz competencia económica», la guerra, el racismo y la violencia, porque, según ellos, es lo único que conduce a la «supervivencia del más apto».

Este año es la oportunidad para romper el círculo que alimenta la cultura de la pobreza y de la incultura, de la falta de solidaridad social y de compromiso con el entorno, a través del desarrollo integral de las comunidades y la formación en valores que permita a los ciudadanos auto responsabilizarse en la construcción de su proyecto de vida propio y colectivo.

En fin, no estamos frustrados, sino esperanzados, porque a nivel local lo negativo casi nos abruma; heredamos retos para avanzar. Algunas de las metas que se trazó la administración municipal no concluyeron o sencillamente no funcionaron; no deben ser sólo obstáculos que se les presentan a los nuevos funcionarios de la Alcaldía sino oportunidades para cambiar, como el problema del relleno sanitario inutilizado, el del frigorífico que siendo un patrimonio público querían convertirlo en privado, la recuperación ambiental de Quilichao, pues en los cuatro años anteriores fue destruido con la explotación minera ilegal permitida y que no descarta tomarse otros cerros como el de Munchique para acabar con el río Quilichao como hicieron con el Quinamayó; el rescate de la seguridad y la tranquilidad públicas, la recuperación del espacio público y los andenes para los peatones, la atención para lograr soluciones al grave problema de las invasiones en terrenos públicos y privados, solución al problema del alumbrado público, para no hablar de la deuda heredada; mejor dicho, rehacer a Santander de Quilichao es el desafío que tiene al frente el nuevo alcalde Álvaro Hernando Mendoza Bermúdez y todo su equipo de gobierno.

Pero para cumplir buenos propósitos no basta con desearlos: es necesario un cambio de actitud, de pensamiento, para lograr encaminarnos en la búsqueda de resultados en el proyecto de vida colectivo. Nada tiene que ver que el año 2016 sea bisiesto ni ningún otro agüero. Las incertidumbres que nos depara el nuevo año, nos obligan a adquirir plasticidad para actuar pero no a costa de superficialidades, o de una adaptación resignada, sino de decisiones acertadas que también nos permitan ser previsivos ante las contingencias. Bienvenidos al 2016.

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