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Las imágenes urbanas de los políticos.

El lunes 27 enero, 2014 a las 9:51 pm

Crepitaciones

Si acaso hay un campo del conocimiento humano demasiado importante, vital y fundamental, que nos interesa a todos y nos compromete sobremanera, a la hora de interactuar los unos con los otros, es el de la comunicación en todas sus vertientes y expresiones. Incluso, puedo afirmar con absoluta certeza, convicción, argumentos y conocimiento de causa, que la comunicación es la vida misma, sin ella nada es posible, nada existe, y si no es posible, entonces el hombre con su infinita inteligencia, la inventa y la coloca a su disposición. Recuerdo a propósito de esto, que en algunas islas pequeñas de la Polinesia, como están muy separadas, sus pobladores al estar incomunicados, se inventaron una forma singular de comunicación: los silbidos. Imagínense ustedes, amables lectores, el fantástico concierto de silbidos entre sus pobladores, que sólo ellos lo entienden, pues cada uno tiene su significado especial, y así, de esta manera tan especial ellos sobreviven.

Tradicionalmente, de manera sencilla, se han clasificado las comunicaciones en dos clases: la verbal y la no verbal. La primera, usa la palabra, tanto oral como escrita, es la más antigua y cotidiana, de uso frecuente. La segunda, no usa la palabra, y en su lugar, utiliza otras maneras de comunicación que la reemplazan, como por ejemplo: los silbidos (ya explicados), los gestos, la pantomima, el lenguaje de los sordomudos, las imágenes pictóricas, las señales de tránsito, etc. A estas dos clases, debemos añadir la actual comunicación informática con su majestad el internet, que ha producido la última revolución comunicativa, hasta el punto de considerarlo el papa Francisco como “un regalo de Dios”.

Todo lo escrito anteriormente, se me vino a la mente, debido a la observación atenta y meticulosa de las grandes imágenes a todo color, que pululan en las paredes de nuestra ciudad, mostrando los rostros sonrientes y felices de los candidatos a las corporaciones públicas, para las próximas elecciones parlamentarias del 9 de marzo del presente año. ¿Y qué tal los inmensos pasacalles, que desordenan el ambiente urbano? ¿Y las paredes empapeladas a diestra y siniestra? ¿Y los postes del alumbrado público? Todo este maremágnum y parafernalia electorales, donde se gastan (mejor, se botan) grandes sumas de dinero, debieran invertirse en otras causas a favor del pueblo y sus ingentes necesidades de toda clase. Incluso, viéndolo bien, ahora que está de moda comentar el tema ecológico, que tanta falta nos hace y nos afecta de uno u otro modo, tanto desperdicio electoral, contribuye a la contaminación visual, que se erige en otra situación preocupante. Entonces, la solución salta a la vista, si los políticos quieren darse a conocer, usen y paguen los medios de comunicación (impresos, televisivos o digitales), y no destruyan el medio ambiente de nuestros pueblos y ciudades, que quedan horribles después de las elecciones.

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