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LAS ENSEÑANZAS DEL MAESTRO

El martes 6 diciembre, 2016 a las 11:01 pm
Bulevar

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

aristoteles

Efigie de Aristóteles

Me topé esta mañana en el taxi una agradable sorpresa. Quien conducía era un maestro de filosofía porque el hermano, su dueño, no estaba disponible y él quería no perder la ganancia en su tiempo libre.

Cuando viajo en taxi no pierdo la ocasión de conversar o comentar si observo algo especial. En esta ocasión fue él quien empezó la charla.

Le llamó la atención mi cabello y me preguntó qué hacía. “Yo escribo”, le contesté. Y él me respondió que si tenía algún libro. Y así llegamos al punto de profundizar en varios temas.

Me contó que él era profesor lo mismo que yo y que tenía varios títulos encima. Y que tenía un libro que era su tesis de grado de magister. Oh, qué interesante, le dije. Que a un profesor se le haya ocurrido sistematizar lo que sabe y ponerlo, así, a disposición del público. Pocos profesores han escrito mientras ejercen su profesión sobre lo que en enseñan en clase.

Y la conversación llegó al punto de encontrar intereses académicos comunes. Yo también soy filósofo, le dije. Y me preguntó qué institución me había otorgado el título. Y a continuación me pidió que le contara cuál era el título de la tesis. “De materia signata quantitate, ut principium individuationis, le espeté con desparpajo.

Para mi sorpresa él no se sorprendió. Inmediatamente entendió que era un humanista que había bebido en las fuentes clásicas: “Suena a Aristóteles y Tomás”, me dijo. “Algo relacionado con el hilemorfismo”. Me dejó turulato. Estaba ante un maestro, de esos que ya no se consiguen en la academia. Perdón. Sí, le respondí. La expuse ante un jurado de tres latinistas y la defendí en esa lengua. Ni se inmutó mi interlocutor porque entendió entre qué
medio había yo estudiado.

En esas, llegamos a Cosmitet Eps, mi destino. Me pidió el correo y que le dijera dónde podía encontrar mis escritos. En Proclama del Cauca, le escribí, con mi mail. Prometió que estaría pendiente de mis envíos y que nos comunicaríamos pronto. Y se enrutó hacia la avenida.

Ahí no se detuvo este día de maestros. En el almuerzo en Cosmocentro me pidió permiso un señor para sentarse a mi lado en la mesa. Era otro profesor de filosofía, graduado de magister en la del Valle. Qué comentarios tan atinados sobre el crimen de la niña Juliana. No hubo necesidad de postre para agotar el tema con opiniones y coincidencias sobre el caso.

En un día que pintaba aburridor y común y silvestre, se presentaron estos dos ángeles con alas de genio sabio. Qué sorpresa al llegar a casa. Me encontré un correo en el que otro maestro me escribía sobre una conversación que tiene planeada conmigo.

En este martes que parecía anodino sucedieron tres apariciones fugaces, como un oasis en el desierto que transito. Casualidad o encuentro fortuito, el caso es que me sacó del ensimismamiento en que estoy sumergido.

06-12-16                                               5:03 p.m.

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