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LAS DIOSAS DE AMÉRICA

El lunes 28 julio, 2014 a las 10:03 am

Pero un día apareció David
y con una piedra en su honda mató a Goliat…

Alta, impertérrita, las manos extendidas al cosmos, cerrando la diestra a manera de una maza hacia el cielo reclamando un derecho, inalterable y hermosa. Me parece escuchar su voz vibrante como un clarín incitando a las invencibles huestes del imperio de sus ancestros a romper las barreras del invisible cerco de los indolentes que han perdido su dignidad de hombres libres, más que esclavos sometidos a una tiranía que los ha convertido por fuerza a ser sirvientes viles sin honor, sin entereza, sin la férrea convicción de quienes por el honor y la libertad pueden y deben arriesgar la vida, así lo reclamó con arrogancia un combatiente invicto que perdió una de sus manos en ese sagrado intento de defender el albedrío del viento y reclamar el inajenable horizonte que le perteneció desde su primer vagido al irrumpir en el escenario de la vida. La placa es de bronce, toda la escultura de inmaculado mármol desafía la intensidad del cielo, azul a veces, otras cubierto de nubarrones y tormentas en ese altiplano andino. En el amplio pedestal que la circunda muchachitos de primaria del Colegio tienen allí su aquelarre, entre bromas y discusiones sin sentido y sin camorra, a carcajadas y risas, brotes de felicidad que recuerdan las flores silvestres del campo y la montana. Al fondo, coronado de nieves se destaca una gigantesca masa casi entre las nubes como un atalaya sereno e inalterable. La plazoleta de tierra descubierta, barrizal en tiempos de lluvias de gruesos goterones y granizos descomunales como huevos de pájaros, es campo de arribo y partida de autobuses hacia la villa grande y los pueblos menores. Estos autobuses algunos abiertos en sus flancos llevan nombres extravagantes y exóticos bautizados por sus propietarios, «Cumana», «Flor Silvestre», «Amor de mi Vida», «La Irresistible», otros destartalados con gran sentido del humor y la realidad de una carrocería que conoció épocas mejores “Peor es nada’’, «Me la juega entera», «Mi vieja adorada»…

Dicen las letras negras de la inscripción en la placa de bronce: «¡Pueblo miserable, yo os compadezco, algún día tendréis más dignidad!’’

Pola

Policarpa Salavarrieta

La Pola. Así llamábamos los chiquillos a esa hermosa mujer que nos atraía a convertir el amplio circulo de su basamento en nuestro sitio de reunión para copiar las tareas que nos dictaba la maestra e intercambiar las revistas de nuestra preferencia que ampliaban, aparte de las lecciones de la escuela, la existencia del mundo maravilloso de la literatura y del arte: “El Peneca”, “Billyken”, “Rataplan”, asimismo enriquecían nuestra fantasía algunas otras profusas en dibujos e historietas de colores que últimamente los niños grandes de Hollywood han llevado al cine: “Aquaman”, “Phantomas”, “La Sombra”, “Tarzán”, “Los caballeros de la Tabla Redonda”….

Sabíamos quién era Policarpa Salavarrieta, nuestra maestra hablaba de ella y con sobrado entusiasmo de otra, de Manuelita Beltrán, pero al parecer, según ella, la profesora, Manuela Beltrán no era una mujer, eran todas las mujeres del Socorro, las que se arriesgaron con José Antonio Galán a la aventura de reivindicar a la Cacica Gaitana, la primera y gran heroína que combatió contra el maléfico engendro arrojado a las arenas del mar desde naves desconocidas, los casi desnudos habitantes de los redondos bohíos cubiertos de palmas, situados a la sombra de gigantescos árboles de gruesos troncos y espesas y verdes ramas, si no acaso en espacios abiertos, no conocían ataduras ni cadenas, ni las enfermedades ni las virulencias de los barbados y sucios personajes nunca vistos en las alusiones fantasmagóricas de sus brujos y chamanes, pero sí señalados para su agonía y perdición en las advertencias de las ya casi olvidadas amonestaciones de la Pacha Mama. Sus mujeres, que fueron siempre tan sagradas como la luna y el sol, como las auroras al terminar la noche y al despuntar el día, estaban en peligro, expuestas a la voracidad de las bestias mitad hombres y mitad animales anunciadas en la profecía…

La Pola fue oficialmente asesinada el l4 de noviembre de 1817 frente a una multitud pusilánime que contempló el crimen sin inmutarse, sin ninguna palabra de reproche y resistencia ante el cobarde cinismo español. Los negros secuestrados, arrancados de su hábitat y de su continente, vendidos como mercancía y sometidos a la esclavitud, fueron los primeros en buscar la libertad, los primeros que lanzaron sus cantos y gritos de guerra, los primeros en romper las cadenas que los sometían a un cautiverio infame y crearon sus propios tambos, sus palenques, sus quilombos como fueron llamados en Brasil y Argentina y mas tarde incorporados a los ejércitos patriotas.

TUPAC AMARU – MICAELA BASTIDAS

En Bolivia el asesinato de Bartolina Sisa fue ignominioso, lo mas cobarde y sucio, propio de la mentalidad inquisitorial que se hizo evidente en España durante la guerra civil, Goya primero destacó la lucha del pueblo y luego Picasso el manifiesto de los crímenes que no se olvidan, que jamás pueden ser perdonados. Idéntico destino sufrió en el Perú Micaela Bastidas, hija de un descendiente africano y de una indígena quechua, la llamaron Zamba. Fue la esposa de José Condorcanqui, nieto por línea materna de Tupac Amaru. Solidario con su pueblo y conocedor de los victimarios decidió llamarse Tupac Amaru II en el momento crucial cuando eran ya insoportables las condiciones de vida impuestas por los españoles. Al igual que Bartolina Sisa, la Zamba, fue el corazón, el alma y vórtice del levantamiento de 1786 contra la tiranía y la aberrante dominación española. No fueron ni eran las únicas. Todas las mujeres vejadas por la lascivia española, humilladas y ultrajadas por el hispano, mancillados y negados sus derechos ancestrales propios de la herencia de la Gran Madre, de la Pacha Mama, todopoderosa de la tierra, se sumaron sin titubeos ni dilaciones al movimiento armado de Micaela y Bartolina convirtiéndose en guerreras de insospechado valor y arrojo. Hábiles en el manejo de la honda desde muy niñas siendo un juego de la infancia compartido con los muchachos de sus respectivos caseríos y aldeas, igualando a Bartolina que montaba a caballo y manejaba sin dificultad las armas de fuego, supieron ponerse en su momento fijado por el destino al frente del peligro superando a los hombres en arrojo y protegiéndoles la vida en los momentos más difíciles y cruciales de los enfrentamientos con las hienas y bestias españolas.

Tupac Katari y Bartolina Sisa

Pero Policarpa estaba sola, expuesta al repudio y a las murmuraciones de un público que asistía al espectáculo como si fuera una corrida de toros, gente al margen de la historia, no eran indios, tampoco eran blancos, masa incoherente de mestizos colocados a la deriva de su propia insensatez e indolencia en la cuerda floja de su avatar. Quizá en esos momentos recordaría Policarpa las historias que del sur le llegaban en relatos escuetos sobre aquellas heroínas que apoyadas por indígenas armados de azadones y machetes, de mazas y de ondas, de piedras y garrotes, llenos de odio, sedientos de venganza y desquite, cercaban sin piedad las fortificaciones españolas, unos en el Cuzco, otros en La Paz. 40 mil hombres tenia el esposo de Bartolina Sisa, Tupac Katari, y encerrando la plaza del Cuzco otros tantos tenía Condorcanqui. Corrían los años entre 1781 y 1786. Fueron igualmente traicionados por sus correligionarios, por sus propios amigos y compañeros de armas seducidos por un indulto prometido que los tiranos de turno no cumplieron como lo hicieron los santos reyes católicos no cumpliendo lo pactado con judíos y moros expoliados de España. Tupac Amaru II y Tupac Katari fueron torturados, descuartizados y sus miembros expuestos como advertencia en todos aquellos sitios escenario de la lucha por la emancipación. Micaela fue bárbaramente torturada y finalmente ahorcada, pero la ignominiosa muerte de Bartolina Sisa quedó para la eternidad en la memoria de todos los indígenas de Bolivia, del Perú, de Argentina, Chile y Ecuador… Esa trágica fecha, 5 de septiembre, se conmemora indefectible en todas las comunidades amerindias, es el Día Internacional de la Mujer Indígena y figura en los sellos postales de Bolivia y del Perú.

Desnuda, atada a la cola de un caballo después de haber sido azotada y violada, fue asesinada Bartolina Sisa. El cuadrúpedo la arrastró hasta que la muerte se apiadó de ella.

¡Abajo España! ¡Viva Policarpa Salavarrieta!, era el grito que todos esperaban, pero nadie abrió la boca y bajaron las cabezas. ¡Viva Micaela! ¡Viva Bartolina Sisa! Bolívar atraviesa los Andes y su espada va cortando las cabezas de la hidra.

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