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Las curules negras.

El miércoles 16 julio, 2014 a las 7:19 pm
Diogenes Diaz Carabalí 2

Diógenes Díaz Carabalí

Las dos curules negras a la Cámara de Representantes fueron robadas por un movimiento de origen oscuro, y el Consejo Nacional Electoral contribuyó a su robo con argumentos como “no es el color lo que define ser negro, sino cómo se sienta”, en parte ciertos pero ante todo mentira porque quienes han sido discriminados y marginados no son quienes se han sentido negros, sino quienes tienen la piel oscura y el cabello hirsuto. Quienes los suplantan, lo hacen por conveniencias de intereses, para usufructuar beneficios que no les corresponde.

Moisés Orozco y María del Socorro Bustamante respaldados por una organización desconocida, manejada por el controvertido representante Yahir Acuña, político sucreño acusado de parapolítica, nunca han actuado como negros, jamás han manifestado sentirse negros y su organización nunca ha hecho gestión por corregir la marginalidad padecida por los negros, lo que deslegitima su supuesta dignidad como representantes de las negritudes.

Claro que la culpa no la tienen solo estos oportunistas sin escrúpulos que se apoderan de lo que no les pertenece, como muchos otros se apropian de los recursos públicos, se hacen pasar por un estrato al que no pertenecen para beneficiarse de los subsidios del Estado o de los beneficios en educación, en vivienda, en servicios de salud en detrimento de los que realmente los necesitan. La culpa está en los vacíos legales, en la falta de previsión a la hora de aprobar las normatividad, en la incapacidad del Estado para aplicar reales políticas de inclusión para todos los ciudadanos, sin ninguna clase de distingos. ¿Qué necesidad hay de que los sectores excluidos tengan este tipo de prebendas si son ciudadanos de un estado social de derecho?

El otro aspecto, que permite a individuos como Moisés Orozco y María del Socorro Bustamante hacerse pasar como negros, es la pobre organización de las negritudes. Su sentido de pertenencia, sus complejos raciales, el querer ser otra cosa (como Michael Jackson o Neymar) hasta someter su piel y su cabello a tinturas y alisos para alejarse de los rasgos que los identifica, es el principal motivo. En Colombia existen más organizaciones de negritudes que negros, anarquía que impide contar con una representación que influya en las decisiones nacionales a pesar de que la población negra sobrepasa el 10.6%, según el Censo de población 2005, que podría ser determinante en cualquier decisión nacional. Sin duda la población negra es de la más utilizada por los politiqueros en los procesos electorales del país, sumiéndolos en el clientelismo y el sostén de cacicazgos de donde aún no han podido salir, mecanismos soportes de su pobreza y su ignorancia.

Deberían por lo menos blindarse las organizaciones de negritudes para que no se repita esta historia escrita por politiqueros sin escrúpulos, para que no se repita lo conseguido por Moisés Orozco y María del Socorro Bustamante, porque quienes tienen tez oscura o rasgos negros siguen recibiendo menos oportunidades políticas, educativas o laborales, y esa condición no cambia si los propios discriminados no se dan cuenta de que este país es un país desigual, donde hay que luchar por los derechos tradicionalmente vulnerados, pues la historia cuenta que a nadie  gratis se los ha dado.

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