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LABERINTO ES EL AMOR

El miércoles 15 febrero, 2017 a las 3:48 pm

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Facsímil de la carátula de IMSAT, Corp., Argentina 1998 con la firma de la Autora


Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Frag. de Soneto I. Sor Juana Inés

Me llegó como una golondrina una joya de libro. Me lo puso al alcance María Teresa Ramírez, la negra que pone a bailar la poesía en donde se presenta. Supo de mis amores por la sabia Juana Inés de la Cruz y lo sacó de entre su joyería para prestármelo por unos días. Lo adquirió como una baratija, pero está en buen estado. Amor es más laberinto, lleva por título. Está entresacado de uno de sus sonetos amorosos que campean por entre sus páginas.

El libro tiene tan solo 54 fojas. Contiene algunos de sus sonetos más sonoros y representativos del ingenio de la mujer de más prestigio literario en México en su época y brilla hasta ahora. También encontramos endechas, romances, liras y redondillas, composiciones que se usaban y abusaban sus contemporáneos. Ella, se apartó de sus temáticas y desde el retiro donde habitaba ideó innovaciones, formas y decoró sus versos con flores no vistas hasta entonces, sembradas desde su pecho andrógino. Así los califica en su prólogo Germán Dehesa.

Ya el título nos anuncia las sorpresas que se hallarán adentro. Muy hábil, ella, utiliza nombres peregrinos de hombres y mujeres para hilar escenas, diálogos, sátiras y sentencias como dibujos trasvasados de su interior. Sor Juana Inés se las ingenia para dejar ver sus sentimientos pero cuida de no dejar ver su corazón. Sabía que allí habitaban sus delirios, sus dardos, sus secretos y apenas si los vertía con pícara agudeza como un hada vaporosa. Sin embargo, nos dejó ver su cara y sus ojos, por donde se colige el humor líquido que permite poner entre las manos del amado los sentimientos del corazón.

Del amor habló Homero de mil maneras en sus personajes. De los ojos, Cetina, y sor Juana nos habla de ese monstruo redondo que se hincha y deshincha, en arrebato, que bufa y llora a través de los ojos. Sí. El cuerpo humano es receptáculo y guarida del órgano que desde el siglo XVII ha sido el símbolo del amor. Del corazón se trata y ella lo nombra a menudo. Sin embargo, hábil lo inmaterializa asemejándolo a un laberinto en donde los sentimientos se revuelven y son escenario de pasiones, embates, luchas, peligros, asechanzas, reconciliaciones y ternezas. Las lágrimas son su humor visible que lo transparenta.

Cada uno de sus sonetos no tiene título. Le quitaría encanto y sorpresa. Va, entonces, desgranando paradojas, contraposiciones, equívocos opuestos que hacen una deliciosa lucha de imágenes y de caras opuestas en su fablar. En el poema que aparece IV, resume la idea que rueda desde su época: el corazón es el órgano el amor. Y lo comprobó, seguramente: No te atormenten más celos tiranos ni el vil recelo tu virtud contraste con sombras necias, con indicios vanos, pues ya en líquido humor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos.

Pequeño es el espacio del libro para resumir la obra de la Asbaje y Ramírez. Mas la prueba es suficiente para quien cate vino, tequila u ocho o cien versos de sor Juana.

15-02-17                                   10:11 a.m.

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