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La voz del Quijote

El miércoles 24 abril, 2019 a las 11:18 am

La voz del Quijote

Por Elkin Quintero

“A menudo debemos callar; nos faltan nombres consagrados, laten los corazones, pero ¿se queda corta el habla?” Friedrich Hölderlin,  “Retorno a la patria, 6”

Se considera que el lenguaje es la esencia del ser humano y el medio a través del cual es posible la comprensión de la existencia en el ser humano; es más, todo lo que puede ser comprendido es lenguaje. Para el Quijote el mundo está constituido lingüísticamente y no puede existir nada más allá del lenguaje.

Sin embargo, no siempre ha sido posible esclarecer qué está sucediendo cuando las palabras se quedan atónitas o cuando el estado de las cosas nos recomienda callar o lo peor, en un asalto impetuoso nos arroja al silencio de las palabras o nos sumerge en la violencia.

La situación del lector moderno no parece reflejar en estos casos el hecho de que el habla tenga ritos que se deban cumplir, o que se haya rebajado la palabra de alguien, al punto que no tenga nada para decir, ni que se oiga mal sino, como lo dicen muchos eruditos: estamos hoy ante el fracaso del lenguaje. En ocasiones resulta imposible superar la incongruencia de las palabras, de las ideas, o cerrar los ojos ante todo lo que se dice por ahí; pues resulta absurdo, inadmisible, impropio y rústico la forma como se usan las palabras; aunque muchos aún, hacen esfuerzos manifiestos para desarrollar formas de comunicar el análisis de la naturaleza y las leyes que gobiernan el lenguaje.

También sucede que lo que se tenía para decir hoy ha quedado abreviado en las redes sociales a tal punto que más valdría no haber dicho nada. A las frases las han cargado de falsas emociones y sin desearlo las consonantes y las vocales han quedado en suspenso ante la arremetida feroz de las normas y protocolos sociales. Por momentos es preciso contener el furor expresivo que nos trasladan las musas y dejar que una invisible camisa de fuerza nos impida el movimiento de las ideas; muchos sin desearlo y tras observar la irascibilidad de sus interlocutores sugieren en sus gestos una suerte de alboroto por la situación actual. Sin más que decir El Quijote que anonadado ante funcionamiento general del lenguaje y se sienta junto al viejo molino a llorar por el ametrallamiento de la esencia de las palabras. Por ello, tenemos la imperiosa necesidad de mantener una postura crítica frente a la sociedad y sus errores de comunicación, dado que ésta no sólo impone una falsa perspectiva de la existencia humana, sino que también, al explicar el lenguaje en términos de necesidad lógica, se convierte en una manera de evitar la elección y la responsabilidad.

Para concluir debemos dejar claro que lenguaje y pensamiento son mucho más que lo que nos enseña la alfabetización; son mucho más que organizar sílabas, ideas, y reconocer, plasmar y mostrar un sinnúmero de palabras, donde expresamos un cúmulo de sensaciones y sentimientos. Teniendo en cuenta que ambos son un arte creador sutil y excitante; son una fuente de información, de conocimiento y de sabiduría. Además, son una manía, una obsesión, un tranquilizante, una distracción, pero sobre todo una felicidad para el que logra superar las barreras de lo incierto y dejarse llevar por la magia de las palabras. El lenguaje no es sólo el goce de asomarse a un mundo de frases e ideas desconocidas. El lenguaje no es sólo el deleite de sentir la resonancia mágica de las palabras, el agrado de las frases bien construidas, la dicha de las historias bien contadas, el alivio de las emociones expresadas con intensidad y elocuencia. No, el lenguaje y el pensamiento son mucho más y es algo que no lo describen los textos y los eruditos. Es algo que regula el comportamiento del hombre y por su intercesión el hombre logra perpetuarse.

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