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Lunes, 18 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

La vitrina

El lunes 8 julio, 2019 a las 8:14 am
La vitrina

La vitrina

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

El amigo pintor y poeta payanés Rodrigo Valencia Quijano, me ha tirado la lengua con un texto corto pero picante sobre la mirada a las vitrinas. Ni siquiera es un pasatiempo. Eso ocurre por el simple paso por las calles de Popayán a cualquier ciudad o pueblo.

Va alguien a hacer una diligencia, o simplemente de paseo, a dar un vueltón, y de sopetón se encuentra con una vitrina. Muestra unos zapatos, unas prendas femeninas o masculinas, y a su lado algunos distractores que muchas veces dañan una venta. Son más interesantes que lo que se quiere vender o promocionar.   

La vitrina es eso. Cumple un objetivo. Llamar la atención, hacer detener el paso del peatón que va en pos de una visita o de realizar una diligencia muy concreta. La imagen la ha llamado el maestro Valencia “De las vitrinas del tiempo.

En la composición fotográfica que presenta el maestro Rodrigo aparece él de pie en el centro. Parece que contempla con cuidado un objeto que tiene entre sus manos.

Delante de él aparece como una mesa -sin patas-. Sobre ella hay unos cuatro objetos que no se distinguen muy bien: parece una bombilla sostenida en una base de madera, una tapadera hendida y, al parecer, un aparato telefónico. Debajo se ven las gradas de una escalera. Más atrás hay como dos espaldares de asientos y más atrás, como de fondo, hay unos zapatos como de colección que se exhiben.

Seguramente él se pone en lugar de cualquier tendero o dueño de un negocio o habitante en un espacio físico creado para describir un estado del tiempo en un sitio de una ciudad. Es una composición para significar o simular un espacio, una ocupación y una situación concreta que puede ocurrir en cualquier cuadra.

Para el caso concreto, hay un testimonio físico de una situación con elementos que permiten describirla en un lugar y un tiempo. Aparentemente son situaciones que pueden pertenecer a tiempos y lugares distintos. Aquí se recogen en un lugar y a una hora en la que se necesita luz artificial.

Si tuviéramos que darle nombre a la escena podría uno decir que un hombre de pie está en medio de tres espacios. Él está en la mitad del lugar. Detrás de él hay unas barreras de madera que parecen insinuar que hay detrás  un estante en donde se ofrecen al visitante zapatos. Pero el hombre tiene al frente una gorra grande, unas gafas y un soporte de madera. No se distingue qué objeto parece emerger del soporte de madera.

El hombre y los objetos en sus lugares y el espacio son obvios. No así mismo las acciones que parecen suponerse. Parece real la escena, pero al quererla describir no se halla una interpretación lógica de lo que ocurre. Parece una composición de tiempos diferentes que hacen la escena irreal, rara, despojada de una unidad que la describa. Luce una realidad prefabricada para la publicidad.

07-07-19 – 8:36 a.m.

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