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Domingo, 16 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

LA VIOLENCIA OBLIGA UNA PARADA EN EL CAMINO

El jueves 1 abril, 2021 a las 4:51 pm

LA VIOLENCIA OBLIGA UNA PARADA EN EL CAMINO

Nelson E Paz A

Algunos miembros de la comunidad Misak, tumbaron la estatua de Sebastián de Belalcázar del Morro de Tulcán. El hecho causó controversia en la ciudad, por lo cual se dieron manifestaciones en contra y otras a favor.

Las primeras por afectar no solo la parte ornamental urbana, sino por la visión paisajística del lugar. Al final se dio un proceso de concertación con la Alcaldía Municipal y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, postergando la definición sobre la nueva ubicación de la estatua y la posible colocación en el cerro tutelar de la estatua del cacique Pubén.

Conforme la historia, así lo tenían definido en la época del centenario, o mejor en la década de 1.940, algunos gobernadores y alcaldes. De todas maneras, habían acariciado la idea de reubicar la estatua y el asunto estaba en suspenso a las definiciones de Bogotá.

En la semana pasada, se produjo una nueva acción de la comunidad Misak en la ciudad de Popayán; en esta ocasión en la Casona de Calibío, sitio de referencia histórico-turístico y residencia de algunas familias. Se pensó que se trataba de un acto simbólico, pero finalmente actuó el ESMAD y procedió al desalojo. Fue un acto a todas luces innecesario, imprudente, injusto y violento por el cual se espera que el Cabildo de Guambia, pida perdón y mejor, si es acompañado por la alcaldesa del Municipio de Silvia.

De otro lado, la violencia extrema que golpea de forma brutal a la población, con asesinatos múltiples y diarios en una cadena de transgresiones, la mayoría de las cuales se mantienen anónimas por la misma situación de miedo y terror que ronda en todas las regiones y que no se conocen por quienes deben investigarlas, ni menos por los medios de comunicación.

Aun así, pareciera que esto no es lo grave. Lo que desalienta es el estado de sumisión frente a la descomposición social tan terrible; la posición de mirar para el otro lado mientras en la vecindad se mata y se comete toda clase de delitos, se está convirtiendo en una mediocre conducta bajo el “bálsamo” de que eso no es conmigo, “de que eso es entre ellos”, posición cobarde que arruinará el Cauca, porque nos estamos quedando sin valores y sin principios.

Con el cuento de que la economía de Popayán y el Cauca se mueve por los recursos de la coca, la marihuana y de la minería ilegal, se da una especie de permiso para que se den muchas conductas que se benefician de la ilegalidad bajo la complacencia de no estar metidos directamente en el negocio. Así sucede en toda Colombia, pero el acumulado de violencias se concentra en este territorio, hasta llegar el momento en que será invivible.

El momento actual exige una parada en el camino, si en serio preocupa esta tierra de los abuelos y de los nietos, si la dignidad aún acompaña el espíritu y se tiene la capacidad de reaccionar siguiendo en algo el ejemplo de tantos que honraron la historia con sus actuaciones; si además, se tiene la fortaleza para que con voluntad e inteligencia, se puedan superar los intereses individuales, para de manera colectiva fijar una ruta de convivencia para el Cauca.

Con seguridad la dirigencia política, universitaria, gremial, sindical, social, de comunicación, la población que en muchas dificultades ha demostrado su capacidad de recuperación, podrá hacerlo si se tiene la fortaleza de ver más allá de las diferencias étnicas, económicas o ideológicas, que no son tan distantes, frente al riesgo de una inercia de descomposición total.

Desde luego trazar unas líneas gruesas de comportamiento frente a las situaciones fundamentales del Cauca, no significa de manera alguna, que se tenga que dejar de la lado la actividad de discusión, de análisis, de propuesta, de lucha por los respectivos intereses, porque esa ilusión no está en el espacio de las realidades, pero, si no hay unos propósitos para conservar el territorio, imposible sostener los espacios de convivencia.

Las situaciones de Argelia y de Corinto, y las de muchas otras regiones aún pueden parecer distantes, lejos de nuestras cercas de seguridad, pero imperceptiblemente se irán aproximando. Todo indica que la agresividad de los nuevos actores es muy contundente y sin límites, frente a la terminación de los Acuerdos de Paz.

Se requieren visiones muy amplias, recientes teorías sociales indican cómo el mundo actual demanda democracias con la suficiente complejidad para superar las simplicidades del ayer, que traen los problemas de hoy.

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