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LA VÍA DOLOROSA

El viernes 21 septiembre, 2018 a las 9:25 am

LA VÍA DOLOROSA

En días pasados, concretamente el lunes 11 de septiembre de 2018, tuve que madrugar un poquito más para viajar de urgencia a Popayán a entregar unos papeles como siempre de manera puntual a las 8 de la mañana. Salí a las 6: 00 de la mañana en viaje directo y primero hice mentalmente el viaje, sabiendo que tenía todo el tiempo del mundo y que gastaría más o menos una hora y media que es el promedio normal que usan los vehículos de transporte en horario rutinario, es decir, con la ayuda de Dios llegaría a las 7 y media y asistiría normalmente a la cita oficial de vida o muerte.

Iniciamos el viaje y antes de Piendamó nos encontramos con las llamadas “caravanas” en argot vial, las cuales son grupos de vehículos que en forma obediente, por precaución y con razón, siguen a una tractomula con toda la parsimonia del mundo, subiendo o bajando los trayectos respectivos. En ese lapso citado conté tres “caravanas” y pasando por Piendamó, miré mi reloj y observé que eran ya las 7 y media, sabiendo que en horario normal hay una hora. Ya llevábamos media hora de retraso. Empecé a orar dentro de mí para poder llegar puntualmente, porque esa cita oficial era importantísima. Continuamos el viaje y comencé a estresarme cuando ¡otra vez!, dos caravanas más y entonces mi angustia existencial creció hasta el infinito, me dije a mí mismo: “no vas a mirar el reloj”, traté de calmarme un poco observando y oteando el bello paisaje andino, con el magnífico valle de Pubenza, el volcán Puracé y las estribaciones de la cordillera central, señales inequívocas de nuestra cercanía a Popayán. Me acordé de la cita, miré mi reloj, ¡ya eran las 8 y media!, ¡Dios mío!, apenas entrábamos a Popayán, otra vez el paroxismo, los nervios a mil, la boca amarga, el corazón en la mano, me dije: “ya para qué, llegaste tarde”, llegué al Terminal, pedí un taxi, llegué a la Secretaría de Educación, había una cola enorme, me cogí la cabeza con desespero, otra vez el reloj: quince para las 9: 00, cogí mi turno digital, subí al segundo piso en busca de la oficina de la propia dignataria, le pregunté a su secretario y me contestó: “ella lo estuvo esperando desde las 8:00 y le dejó la razón que la cita se pospone para de aquí a una semana, pues su agenda está muy copada, si quiere llámela”…

Lo narrado anteriormente sucedió en la vida real y nos demuestra de forma sencilla y elemental, de qué manera a los caucanos y colombianos en general nos afecta en grado sumo en la actualidad la ausencia de la doble calzada entre Santander de Quilichao y Popayán, a la que yo llamo la vía dolorosa, por la demora en su construcción, por la cantidad de accidentes que a cada rato suceden, por las víctimas fatales que ha dejado, por su olvido oficial, por sus continuos aplazamientos debido a diversos motivos, el último de los cuales se informó el pasado lunes 17 de septiembre/18, dizque para octubre/19 en el foro realizado en Popayán, el cual fue una bofetada más para los caucanos, quienes no merecemos ese trato de segunda de parte de los de arriba: ¿cuántos años más de soledad debemos esperar los caucanos para su construcción? Amanecerá y veremos.  

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