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Sábado, 19 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

La verdad

El martes 13 agosto, 2019 a las 8:41 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2NOiUvV
La verdad

La verdad

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Casi sentí un escalofrío cuando escribí el título de esta columna. Hubo una persona que dijo yo soy la verdad. Y nadie más aquí en la tierra después de Él. Tenemos cierta propensión a ser honestos, a decir a las cosas por su nombre. Pero sería una osadía enrostrarle a otros que lo que decimos es ni más menos que la verdad.

Tantas veces hemos tenido que rectificar, que decirle al otro que no estábamos seguros, que lo que afirmamos lo hicimos haciendo el salvamento del voto. “Voto” con mi papeleta, como en unas elecciones. Sin estar seguros de que el personaje nos hará quedar bien o se venderá el día de mañana o ya estará vendido…

Desde la casa de nuestros padres y abuelos fuimos enseñados sobre el significado de la palabra verdad. Es un escudo decirla y nos salva siempre aunque alguien quisiera enredarnos en subterfugios y escamotearla. Porque la verdad se avala por si misma. No necesita aval y juramento aunque el juez pida por su oficio humano que diga el testigo si dirá la verdad en lo que va a firmar.

Por la verdad murió Jesucristo”, nos recuerdan una y otra vez. Y así creen algunos que quien habla la dice porque jura. Sin embargo, hoy la verdad está devaluada, por desgracia. Tiene uno en la lengua y en las arrugas de la frente, la sospecha de que aquello que oye dista mucho de ser verdad. Lo oye, pero lo tiene en suspenso hasta no comprobarlo con hechos.

La verdad es transparente, se dice. Y lo es. Por eso no aparece tan nítida muchas veces. Habrá que probarlo con hechos después de asegurar algo. No andamos en una sociedad proba del todo y hay que acudir al fenómeno de la duda por método como lo sospechó Descartes. Uno acepta lo que otro dice “con el beneficio de la duda”. Y, es mejor hacerlo. Al final, uno descansa y el otro también porque queda la buena opinión detrás del hecho que había asegurado que era “cierto”.

Murió Jesús en el Gólgota por decir que era El hijo de Dios. Y aún hoy este hecho histórico no significa para muchos la verdad. Razón de más para dudar de afirmaciones y promesas que dicen ser ciertas.

La filosofía ha encontrado caminos para calificar hechos, fenómenos, actitudes que muchos afirman que son verdades. Pero la necesidad de creer se impone en una sociedad tan maleable e insegura. Si no creemos que en tal caja o bolsa se nos está vendiendo sal o azúcar o que el ser que nos dicen es el padre o la madre o el hijo no podríamos convivir y tener relaciones sociales.

La verdad es tan frágil como una bolsa repleta de “algo” que nos venden en el supermercado con una etiqueta. Al final la verdad la hallamos plasmada detrás de una puerta que llamamos casa o en la piel de la señora que nos dijeron era nuestra madre.

10-08-19 – 11.18 a.m.

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