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La verdad verdadera

El miércoles 25 enero, 2017 a las 6:49 pm
Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas

Ni la importancia de la ceremonia ni la expectativa mundial durante los actos de posesión de Donald Trump como cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos, pudieron encubrir la pobreza ideológica y verbal de su discurso.

La mayor parte de los analistas consultados lamentaron la agresividad de sus palabras. ¿Esperaban que un hombre que no ocultó su apestosa trastienda durante las intervenciones de campaña, la mostrara en este caso limpia y perfumada? Lo que presenció el mundo ese día fue una andanada fofa, un bla bla reiterativo y esquelético, una invectiva lamentable.

“Esta carnicería estadounidense termina aquí y ahora”, dijo en un momento de “iluminación”, para retomar la idea vestida con otros harapos: “Recordaremos este día como el día en que la gente volvió a tener control de su gobierno”. ¿Control del gobierno de la gente o para la gente? ¿Qué intenta expresar este paracaidista con este adjetivo posesivo puesto en el lugar equivocado?

Viendo y oyendo a Trump no pude menos que pensar en las trampas que tiende a nuestro ego el mesianismo presente en todo relumbrón humano. Recordaba las cabriolas narcisistas de Hugo Chávez, los montañeros egocentrismos de Álvaro Uribe, los “Usted no sabe quién soy yo” enarbolados por cualquiera de los muchos individuos o individuas (como diría el mesiánico Maduro), que henchidos de soberbia y carentes de seso, honran con su presencia toda clase de infracciones y estupideces.

Gravísimo que Trump se desnudara con tanta impudicia el día en que debería haber vestido decorosamente. Mal gusto míster Trump, inopia que linda con indigencia verbal, míster Trump, total desnutrición ideológica, presidente.

No entiendo cómo se puede subir a un escenario tan intimidante provisto con tan escasa utilería. Daba vergüenza ajena escuchar esa reiteración de lugares comunes y de mentiras históricas que denuncian peligrosamente el atrevimiento que acompaña a la ignorancia.

Sin necesidad de portar un Honoris Causa en Lingüística, se percibe aquí la carencia total del recurso fonético. Dice la Biblia: “Y el Verbo (la Palabra), se hizo carne y habitó entre nosotros”. ¿Dónde andaría Trump en ese momento? ¿Por qué la palabra ha sido para él amante casquivana o escurridizo pez?

No es que necesitemos que todo discurso posea un componente estético-artístico. No señores, eso es aleatorio. La claridad conceptual sí es un requisito que debería haber estado presente en este caso, pero eso era imposible porque ahí los conceptos brillaron por su ausencia.

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