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Lunes, 17 de febrero de 2020. Última actualización: Hoy

La ventana

El jueves 13 febrero, 2020 a las 8:50 am
La ventana
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2HmSfQJ
La ventana

La ventana

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.

Por allá, en mis años de muchacho en 1955, vi una película que se presentaba con el nombre «La Ventana», del famoso director Lee Falk. La volví a localizar hoy y tiene la misma carátula y los mismos personajes. Lástima, que no están en castellano. Son formatos que no cambian con el paso de los años. Es el milagro de los medios de comunicación. No son mercancías desechables.

Las historias buenas no pasarán de moda. Como las historietas de doña Ramona, su esposo Pancho, su hija Pepita con su esposo Lorenzo y el perro de motas negras que los acompañaba como su sombra. Parecía que hablara. Se paraba, se sentaba y hacía cara de pregunta o de sorpresa en la sala, el comedor o la alcoba.

Eran «historietas», no tenían la etiqueta de historias. Porque eran de divertimento aunque eran tan reales y parecidas en lo que uno veía como reflejo de lo que sucedía en la casa. Los caricaturistas eran muy responsables y solo trasladaban escenas ejemplarizantes y con gran sentido de humor.

Los domingos mi padre compraba El Siglo y yo leía las dos páginas de «los monos» del «Fantasma que camina» por Lee Falk y Ray Moore, y pequeñas historietas del policía o inspector, Dick Tracy o Rip Kirby del King Features Syndicate y otras que no me llamaban mucho la atención.

Por más que los años sigan pasando, las historias permanecen intactas en la memoria. Volverlas a ver es cosa de «gomosos». Si alguien las publica es porque también les gusta. Eran los pasatiempos de cada domingo. Hoy habrá sucedáneos. Mis padres me veían acostado en el suelo con los «monos» de «El Siglo» y respetaban esa pasión por la lectura. Creo que ahí aprendí a leer: en las historietas de aventuras.

Pasar de ahí a los libros de Emilio Salgari o de El Doctor Zhivago de Boris Pasternak no fue difícil. Los «monos» los creaba yo con los nombres femeninos y masculinos de las novelas. Les ponía cara, cuerpo, edad y movimiento. Fácil fue entenderle el gesto de la cara a Lara siguiendo desde la ventana del tren a su novio Yuri en la romántica película.

Escribir una novela o una serie para entretener los domingos es un artificio enorme. Hay que tener imaginación para sostener una trama con varios escenarios y personajes. Con solo la palabra «ventana», he tenido dificultad para hablar de ella. Admiro a los autores que deben explotar una idea a partir de una palabra o una imagen o una escena.

La ventana debe tener cierta personalidad o virtud. Ser grande, o bien ubicada, o la única de la casa, o darle personalidad a la persona que siempre miraba por ella. Aquí la ventana aparece en la última escena de la película. Desde allí miró Larisa pasar a su ser amado radiante y no puede bajar del tren en que viajaba. Sintió que el corazón reventaba por no poder gritar o llamar la atención de su amado.

12-01-20 – 03.50 p.m.

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