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Miércoles, 2 de diciembre de 2020. Última actualización: Hoy

La tierra del olvido

El lunes 13 abril, 2015 a las 11:48 am
San Antonio 4

Foto archivo Proclama del Cauca.

El 30 de abril de 2014, un deslizamiento de tierra en la mina de la vereda San Antonio, Santander de Quilichao, sepultó a 12 personas. A poco tiempo de cumplirse un año de la tragedia, las víctimas dicen no haber recibido una ayuda sustancial.

Por: Jaír Villano, Juan David Patrón y Andrés Aristizábal.
Fotografías de Tatiana López.

-Ellos quedaron sin papá y sin mamá –dice con su voz cansada Luciana Carabalí, mientras señala con su mano de piel negra a sus nietos Heidi y Marlon Giovanni–.

Fue insospechado. Fue finalizando el día. Heidi dormía en casa de su abuela Luciana sin saber que sus papás estaban trabajando en la mina. Míller Carabalí y Yeli Balanta, sus padres, solían ir en grupo a buscar el oro con el que conseguían el dinero para suplir necesidades económicas y con el que compraban el cemento para construir su casa.

Aunque el precio suele fluctuar, un gramo de oro se vende en promedio a cincuenta mil pesos, y había ocasiones en que entre los dos se hacían más de tres gramos. Yeli lo hacía más a menudo, dado que era una desempleada más en la vereda de horizonte verde y en la que, según sus pobladores, se puede dormir con la puerta abierta. Míller, en cambio, trabajaba como fontanero, pero el sueldo no alcanzaba, de suerte que hallaba en el barequeo un suplemento necesario.

Fue el miércoles 30 de abril de 2014. Heidi había estado haciendo unas diligencias en Santander de Quilichao y las últimas palabras que cruzó con su papá fue cuando le pidió para el pasaje. A su mamá se la encontró llegando de hacer mercado, bajando del bus en el que ambas se despedirían –sin saberlo– para siempre.

A las diez de la noche de aquel día, escuchó que alguien tocaba la puerta; era su prima Isaura con la noticia del derrumbe de la mina. Heidi se recuerda corriendo descalza y en pijama bajo la oscuridad de la vereda y el piso de sus calles atestadas de piedras. Con el corazón latiendo a mil, y la esperanza de encontrar a sus progenitores parados en la mina, esperando abrazarlos, esperando expresar el desaforado amor que en momentos como estos desnuda sus elevaciones.

No fue así. Y de alguna manera ya lo premeditaba. Antes de llegar al lugar se había encontrado con su primo Eligio, quien le había sugerido no subir. Fue en ese momento cuando estalló en lágrimas y sintió más ganas de llegar a la mina. Mas no había nada que hacer: lo único que se podía observar era un hueco gigante y arropado por la tierra. Y sin embargo Heidi, inundada de inocencia, quería adentrarse al hueco a buscar a los suyos.

De luto, de luto

El último contacto que María Isabel Amú tuvo con su esposo, Jhoiner Carabalí, fue cuando este le pidió que le buscara unos implementos que necesitaba para trabajar en la mina. Ella, quien nunca se había pasado por esos terrenos de extracción, quiso acompañarlo. Pero él, quizá y con la intención de protegerla, se negó rotundamente.

Aquel día, Jhoiner había regresado de su trabajo como de costumbre. Cerca de diez años realizando labores como ayudante de construcción con su hermano Edward no le habían sido suficientes para salir de la casa de sus suegros, y formar un hogar propio con María Isabel y sus hijos Jhonier y Jhon. Por eso decidió ir a la mina de la vereda San Antonio. Quizás y lograba conseguir algunos pesos de más, al igual que su hermano Míller, con quien solía ir.

Foto II

Luciana Carabalí perdió a dos hijos en la tragedia del 30 de abril del año pasado. Ahora, con 63 años, vela por sus nietos huérfanos.

Al salir de su casa pasó por la morada de su madre, doña Luciana, quien al verlo en una moto junto a un primo le dijo: “¿Y es que tu casa es en la mina?”. El hombre de 35 años no protestó. Como respuesta regresó al poco tiempo a explicarle a Luciana, como él la llamaba, que le iban a regalar una tierra para lavar, término que usan para referirse a la labor del barequeo.

-¿Y quién les va a lavar esa tierra?-, cuestionó la madre. A lo que le respondió: “Yeli”, la mujer de Míller. La anciana, sentada, vio cómo marchaban sus dos hijos y su nuera. Reconoce que se quedó tranquila, aguardando un pronto regreso.

Al igual que Heidi, María Isabel se encontraba durmiendo cuando los rumores de que algo había pasado en la mina llegaron a oídos de su mamá, quien se apresuró a levantarla para darle la noticia. María Isabel, inmersa en una mezcla de sensaciones que le robaron la tranquilidad, despertó a sus dos hijos y se fue deprisa a la casa de su suegra doña Luciana.

Allí se encontraba reunida toda la familia y el ambiente no podría ser otro que de preocupación. Sin la certeza de saber si su compañero de vida, a quien conocía desde que era niña, en efecto había fallecido o no, María Isabel permaneció toda la noche en casa de su suegra, pues los demás le aconsejaron no pasarse por la mina.

Por más aterrador que pudiera parecer la situación, en una esquina de su pensamiento se alojaba la idea de que algo había permitido que se salvara. Tal vez se había refugiado. Tal vez no estaba en el lugar del deslizamiento. Tal vez se había ido. Tal vez.

La búsqueda del cuerpo sin vida de Jhoiner duró aproximadamente una semana. Ese mismo día también encontraron los cadáveres de Míller Carabalí (su hermano), Yelis Balanta (esposa de Míller), Edilsa Carabalí (prima de Jhoiner) y de Ílder Alber Díaz (esposo de Edilsa). Así, la familia Carabalí se vistió del opaco color del luto y le dijo adiós a cinco de sus integrantes.

Lo mismo: los olvidados

A pocos meses de cumplirse un año de la tragedia las víctimas manifiestan que la ayuda del Estado se ha reducido a dos mercados. El alcalde de Santander de Quilichao, Luis Eduardo Grijalba, dice que la comunidad decidió entenderse con la Mesa Interétnica, pero que antes de presentarse hizo intervenciones en la mina que casi le cuestan la muerte. El funcionario recuerda que a su ex secretario de gobierno, Ricardo Cifuentes, en una visita que hizo a la mina lo golpearon, lo raptaron y lo amenazaron de muerte. El mismo Grijalba ha sido objeto de estas amenazas y por eso se vio obligado a sacar a parte de su familia del municipio.

El alcalde cuenta que cuando las autoridades han ido por las retroexcavadoras las mismas personas lo impiden, arguyendo que gracias a estas comen.

– Es verdad que la gente va a la mina por falta de oportunidades, pero también por ganársela más fácil –concluye–.

En esto último coincide Rigoberto Banguero, rector de la Institución Educativa San Antonio, pues a la mina de San Antonio no solo iban personas que respondían por familias, también jóvenes que se escapaban de la escuela por eso: dinero fácil.

Alexis Mina, representante legal del Consejo Comunitario Zanjón de Garrapatero, señala que la minería se convirtió en un fenómeno que atrajo a gente que no es tradicionalmente minera.

En efecto, en San Antonio la gente empezó a sustituir la agricultura por la minería y eso, en vista de Alexis y del rector, obedece a la falta de acompañamiento del Estado en la actividad agropecuaria.

-Producir el agro no es fácil –advierte el representante del Consejo–, para que te haga crédito el Banco Agrario es muy complicado, entonces eso ha hecho que el campo no sea rentable.

Foto I

A pesar del alto riesgo, la mina continúa representando una alternativa para obtener ingresos a pobladores de la zona.

Es por eso que hoy las actividades en la mina siguen vigentes, aunque en menor proporción. Ahora, al barequeo lo acompaña otra técnica de extracción. “De manera contradictoria se está haciendo una explotación minera en la zona que se llama metro cúbico, permitido por la ley, que es hacer un hueco de 1×1 e irse hasta donde usted quiera por debajo de la tierra, como un topo. A mí me parece esto inhumano. Es más fácil que la gente se mate allá, se muera, se le vaya un derrumbe o se ahogue. Pero la gente lo está haciendo”, argumenta Grijalba. Y a pesar de que el mandatario afirma que el auge de la minería en Santander paró, todavía es posible ver cómo transitan algunas retroexcavadoras por las vías de la vereda San Antonio, lo que podría significar la amenaza de una reactivación de las labores a gran escala en la zona.

En el acta de la Mesa Territorial Afrocaucana (ver recuadro), cuya expedición fue el 7 de mayo de 2014, se señala que  “el Departamento para la Prosperidad Social (DPS) liderará la Mesa de Trabajo Social (…) con el propósito de determinar, implementar, y desarrollar un plan de trabajo que beneficie a las comunidades afectadas”.

Lo cierto es que hasta ahora no ha habido ayuda alguna. Alcaldía y Mesa Interétnica se exoneran de culpas, y entre tanto las víctimas de San Antonio siguen a la espera del plan que las beneficie.

Grijalba recuerda que la comunidad decidió arreglar con la Mesa, y Mina argumenta que el hecho de que esta se hubiera entendido directamente con el Gobierno Nacional, no implicaba que la oficina de la Alcaldía de Santander de Quilichao se olvidara de sus responsabilidades con las víctimas. Aprovecha para recordar un compromiso al cual se había llegado con la Administración Municipal, por medio de la Junta de Acción de Riesgo: la designación de viviendas o la mejoría de las que ya se tienen.

Foto III

Con lo que ganaban en la mina, Jhoiner y Míller Carabalí lograron iniciar la construcción de sus casas. Hoy, los ladrillos son el recuerdo de una ilusión perdida.

María Isabel está sin trabajo y sus hijos estudian gracias al apoyo de familiares. Luciana vive con Heidi y Marlon pero se queja de que a sus 63 años su salud se ha complicado. Por eso, ya no resiste el mismo trajín que le ha permitido levantarse a las cuatro de la mañana para ir a la galería de Santander de Quilichao a trabajar, como lo ha venido haciendo por más de veinte años para sustentar a su familia.

Al final de todo, el alcalde Grijalba concluye algo razonable:

-Mientras está el furor de la tragedia la gente viene y ayuda; después, todo se va olvidando…

Barequeo

Barequeo 2

Barequeo 3

DATOS

En el 28 % del territorio nacional  se ejerce la minería ilegal. Fuente: Semana Sostenible.

Cerca de cinco mil personas frecuentaban la mina, según dice Luis Eduardo Grijalba, alcalde de Santander de Quilichao.

Alrededor de 150 máquinas retroexcavadoras funcionaban en zonas aledañas al lugar de la tragedia. Afirma Alexis Mina, representante legal del Consejo Comunitario de San Juan de Garrapatero.

FRASES

“La minería ilícita es un tema social por cuanto de ella derivan su sustento diario miles de familias colombianas, lo cual se convierte en una problemática social en la cual debe intervenir el Estado”. Informe de la Contraloría General de la República.

“Con ellos (Gobierno Nacional) se suscribió un acta para llegar a unos acuerdos. Todo eso no pasa de ser un tiro al aire”. Alexis Mina, representante legal del Consejo Comunitario de San Juan de Garrapatero.

“Mis nietos quedaron sin papá, sin mamá. Otros quedaron sólo con mamá. Ella no tiene un trabajo y sería bueno que por lo menos le ayudaran  con eso”. Luciana Carabalí, madre de dos víctimas mortales en el derrumbe de la mina.

“Sé que quitarle plata al Estado, que es lo que se necesita para ayudar a las víctimas, es muy complejo”. Luis Eduardo Grijalba, alcalde de Santander de Quilichao.

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Fotos de Julián Silva Tobar y Alfonso Luna Geller (San Antonio, Santander de Quilichao, Cauca):

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