ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Miércoles, 23 de mayo de 2018. Última actualización: Hoy

LA TAREA DEL MAESTRO

El martes 15 mayo, 2018 a las 5:32 pm

LA TAREA DEL MAESTRO

LA TAREA DEL MAESTRO

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

 

Todos los días ejerce el maestro su oficio de enseñar. Sólo hay un día para celebrarlo. Y es hoy. Enseñar es un verbo anodino. El ventero enseña un producto en la tienda y no es maestro. La maestranza, ese oficio que los dioses pusieron en el ser de algunos mortales es poder trasmitir la sabiduría a los demás. Dar lo mejor que uno tiene a sus discípulos. Es la tarea larga, de toda la vida que tiene en su actividad y mente el Maestro.

Alguien es maestro no porque haya estudiado en una normal o en una universidad. La profesión viene en la sangre. El maestro no puede quedarse en la cama el lunes porque sabe que sus estudiantes lo esperan y necesitan. Y la responsabilidad lo llama a responder por lo que sabe y no es de él. Lo que sabe el maestro no es para beneficio personal. Es para brindarlo y servirlo como manjar en sus clases. Qué necesaria y completa debe ser la enseñanza.

Si el médico debe atender las urgencias y las deficiencias ocasionales de sus enfermos, el maestro sabe qué es lo que el estudiante de hoy necesita de él. En primer lugar, ejemplo de vida. En su vestir, en su puntualidad, el manejo pulcro de su lenguaje, la honestidad de buscar lo mejor para suscitar inquietudes, trasmitir conocimientos que lo hagan dinámico y ser útil a la sociedad.

La inquietud intelectual y diaria del maestro será igual a la de un escultor como Fidias. Lo vieron puliendo el cabello de su obra, allá arriba sobre la estatua y su pedestal. Alguien que pasó lo increpó: “¿Allá arriba quién lo nota? Nadie lo verá”. Pero él respondió: Los dioses lo verán. Qué responsabilidad va oculta en cualquier consejo, conocimiento o actitud del maestro ante sus discípulos. El discípulo será hoy, – como ayer – agradecido o censor de su maestro. Como de Diógenes, Sócrates o Platón o Hipatia, o el-la maestro/a que enseñó a pegarle bien al balón o a la filosofía o a pegar el botón que faltaba.

¿Qué sería de una sociedad en donde no hubiese maestra-os? En donde no se oyera levantar  la voz sabia, serena o con rabia que como Diógenes, el perro celestial, se paren a buscar y empujar hombres y mujeres a pleno día. Hoy nos ve pasar irónico desde su tonel de andrajos.

La tarea del maestro, será callada pero en su taller de cincel y yunque, golpe a golpe, va dejando caer de su boca fuego y agua. De su pincel o de su mano saldrán los perfiles y trazos que moldeen imperceptibles la personalidad del futuro homínido eficaz.

Ah, maestros, no del aula sino de la vida. No del librillo sino del corazón. Los necesita hoy más ayer esta sociedad insensible, llena de ruidos y motores, de oropel y de espejismos en este desierto sin oasis. Hacen falta soñadora/es que sacudan las sombras y hagan ver la luz del día.

15-05-18                                          7:49 a.m.

****************************

Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

También te puede interesar