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Miércoles, 11 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

La soledad es una amiga que no está

El martes 2 abril, 2019 a las 2:09 pm
Imagen cortesía del periódico El País

La soledad es una amiga que no está

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Abrí el computador y me dieron ganas de oír música. Oh…! Me estaba esperando mi amigo de juventud: Leonardo Favio. …Y me puse a recordar con él sus canciones más famosas. Vaya a saber si serán las mismas que él diría que eran las que yo me puse a oír…

Me perdonarán que ponga a cada rato los puntos suspensivos. Me gustan porque alargan mis pensamientos y los sostienen un rato en su canto… Puse a cantar a mi amigo ya cansado, vestido de jean y con una pañoleta en su cabeza. Estaba ante una gran multitud en un teatro, tal vez de Buenos Aires… Cómo lo querían allá… y acá, también…

Y tecleé en ella ya me olvidó y siguieron ding, dong, estas cosas del amor, Fuiste mía en verano, Y otra vez será, Corté una flor, Esto es el amor, Mi tristeza es mía y nada más… Su voz está igual, pensaba. Impostada, grave, solemne, gruesa, alargada en los finales, coqueto y natural. Lo veía como cantante, como lo conocí, como romántico y muchacho de mi edad. Miraba a la gente en el teatro, se reía por dentro y por fuera, como si fuera lo mismo…

Pareció que los días se habían suspendido sobre el viento, sobre los recuerdos, sobre los pinos del rededor del seminario, sobre la bicicleta del compañero, en el bus de regreso, en el viejo renault, en el largo tren que conduce a Bruselas, en el avión de siempre.

Se agolpan tercos los recuerdos. Sí. Me quieren acompañar. Siempre me acompañan. Estar solo es un decir de los demás. En realidad siempre he estado solo. De niño, de joven, de hombre maduro y ahora con edad de cifras gordas y cara de niño juguetón. Los miro a la cara y a veces son los mismos, pero llegan otros. La vida los renueva. La vida es un estanque de aguas limpias para tomar, bañarse y calmar la sed.

La soledad es una mujer que vive, come y duerme conmigo. Siempre lo ha hecho. Le conozco el halo, sus cabellos al viento, su respiración, su palpitar, su pecho que anhela y golpetea, que viene, que canta, que musita y se sienta muy junto a mí.

Vuelvo a buscar a Leonardo Favio. Y lo encuentro en compañía de mi amiga Soledad. Es coqueta y le gusta su música. Le ha dedicado unas letras y la ha llevado a muchas giras con él. Y me la devuelve cuando yo le digo que la deje sola. Vuelvo a pedirle que cante Mi amante amiga, mi compañera y me repite Y otra vez será. Sabe que me gusta mucho. Y me hace trampa. Me sorprende con La dicha que me fue negada. Él no quería que yo llorara.

Y así terminó el recital emocionante con que jamás sospeché que mi amigo Favio me iba a sorprender. Gracias, amigo Favio. Cántame, de nuevo, Mi amante niña, mi compañera…

02-04-19 – 9:21 a.m

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