ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Sábado, 28 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

La seducción

El martes 28 abril, 2020 a las 8:44 pm
El estilo es el hombre
Otros artículos de este autor aquí

La seducción

“Muchos acudían a este sitio,

donde con frecuencia nos entreteníamos

en largas conversaciones.”

–O. L. E.

En esta recuperación de lecturas de autores, en su mayoría caucanos, me he topado con La seducción y otros relatos, de Ómar Arnulfo Lasso Echavarría. Una edición artesanal hecha por el propio autor, con la sugerente portada que muestra una pintura del artista Gustavo Hernández (q.e.p.d.), “Música de Eros”. Esta edición prima es de 2004. Contiene seis relatos que, rendidas con páginas en blanco, suman 126 páginas.

Aparte de su valor literario, este libro tiene la virtud de hacer memoria de una época donde la cultura era protagonista, con un epicentro específico: Librería Macondo – Libros y tertulia, cuyo dueño fue el mismo autor. El epígrafe es como una fotografía de la época: un lugar de reunión donde los libros y algunas bebidas propiciaban conversaciones sin fin, animadas por el propietario, que con frecuencia daba equivocado el regreso de la compra de un libro por no soltar el hilo de la conversación.

Ómar Lasso dio estatus superior a la figura del librero. Con una memoria envidiable se aprendía las reseñas de los libros más solicitados y el cliente se iba confiado de que lo comprado satisfacía con creces su expectativa. Este libro, en consecuencia, hace parte de esas memorias: relatos donde, dice el autor, se intentan recrear anécdotas, vivencias y sueños. Y de la experiencia lectora del autor, variopinta por demás, emanan los temas que dan figura a seis ficciones, que es posible leer de un tirón.

La seducción
La seducción

En “Vampiresa” y “Seducción” están los temas desarrollados en los restantes relatos: erotismo, como hilo conductor, sueños y pesadillas, terror, los límites de la razón, los tiempos de la ciudad. Y el conflicto dual de la condición humana: Eros y Thánatos. Cada cuento alimenta en el principio una esperanza, que en el desarrollo de la trama se abre camino hacia lo fatal. “Era Diciembre cuando Lilith vino a pasar vacaciones. Estaba encantada en este ambiente colonial y de provincia. Solía ir por la calle leyendo la ciudad mientras escuchaba música…”, comienzo de “Caballeros de la luz”. Y el ineluctable final: “Era una mala señal de lo que les podía haber sucedido a los Caballeros de la Luz.”

En “Vampiresa”, “Seducción” y “Desaparecidas” el autor puso los postulados estéticos inherentes a narraciones cortas: introducción, nudo y desenlace”, sin perder de vista el decálogo de Horacio Quiroga. En el punto de vista de las narraciones se alternan la primera persona con la tercera. El tiempo también se mueve. Se nota un estilo esmerado en las primeras líneas, con metáforas sencillas donde se advierte que el autor quiere plasmar su sello personal: “Aquella tarde la puerta me supo a mujer. Los toques suaves, algo temerosos, alteraron mi corazón mientras ordenaba los libros”, dice en «Vampiresa».

Y como cronista de su tiempo, el autor toma el pulso alterado de la ciudad, posterior al terremoto. Ese instante sísmico que hizo que Popayán mutara del blanco a todos los colores. En “Desaparecidas”, se deja leer con dedo acusador: “Esas calles que fueron el escenario social de la gente, donde se competía por el prestigio, las invadían vendedores ambulantes, carros y una muchedumbre que producía desconfianza”. Es la atmósfera social de la ciudad y del país; es la tragedia de la violencia con sus fantasmas y demonios, en donde el venerable Maestro, y el mismo narrador son objetos de torva desconfianza: “¿Cómo iba a explicar la desaparición de mi novia? Era inútil, además, acusar al honorable Maestro. Sin duda, me confinarían en un encierro para locos”. Ahí quedan la ciudad y el país en ese final abierto.

Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta

Un comentario en "La seducción"

  1. Omar Lasso Echavarría dice:

    Como el texto apareció en la sección de comentarios a un cuento mío, por parte de Julio César Espinoza, aunque al final nombraba a Donaldo Mendoza, que yo atribuí a alguna cita de Julio, creí que el texto era de Julio César. Enseguida él me aclaro que correspondía a un escrito de Donaldo en Proclama del Cauca. Igual podía haber venido de Espinosa, porque hemos logrado cierta sintonía. Los estilos se van entrecruzando en la práctica de escribir y comentar. Lo cual indica, la conformación de una Tradición en nuestro medio.

    Gracias, Proclama Del Cauca, estimados Donaldo y Julio, por este gesto hacia mi improntus narrativo, aventón de un comerciante locuaz, entre literatos. En vista de que no existen editoriales que se ocupen de nosotros, es importante que nos leamos y expresemos nuestra opinión, para dejar registro de tales producciones literarias. Sin embargo, no contribuye a esta tarea la fragmentación del gremio local, bajo equívocos de ciertos empoderamientos, que desmotivan la escritura. Igual que Uds., también me he ocupado de esta labor, en la medida de lo posible. Ojalá hubiera un intento de reconciliación, sobre el cual también he abogado, sin ninguna respuesta. Por cierto, tengo sobre la mesa el libro Homanaje a las fuentes (cuentos), edición de autor, de 2006, de Julio César Espinosa, para el cual me solicitó un prólogo. También abrigo el propósito de escribir una próxima nota en Facebook y Proclama del Cauca. Ese libro lleva el título del cuento ganador del Segundo Concurso de Cuento de la Universidad del Cauca de 2001.

    Esta vez por la pluma de Donaldo Mendoza en Proclama del Cauca, disfruté un momento de gloria, porque cada comentario positivo, especialmente de voces autorizadas por su formación, estudio y consagración, como el caso de los profesores Mendoza y Espinosa en el campo de las letras, constituye la verdadera prueba del escritor, y una gran motivación para nuevos emprendimientos.

Comentarios Cerrados.