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La revolución de los zapatos

El lunes 23 septiembre, 2019 a las 3:03 pm
Imagen tomada de: http://bit.ly/2mxmddF

Hace más de un año que Celestina extendía su garra, con aire perezoso y mirada astuta hacia las maripositas que flotaban sobre el césped, hace ya más de 12 meses que la recuerdo echada sobre la hierba, esa felina rebelde estirando su garra sin mover el resto de su cuerpo para atrapar maripositas amarillas que revolotean por su lado izquierdo. Serán ya dos años desde que la Ana empezó la revolución de los zapatos, todavía lo recuerdo, comenzó un día a comprar zapatos incómodos que le dejaban ampollas porque se rehusaba a seguir apoyando un mercado criminal (había descubierto ella que algo se estaba pudriendo, mataban animales y explotaban personas).

¡Ah la Ana! Serán dos años desde que su revolución le saca ampollas y le trae pecueca, camina lento la Ana porque le tallan los zapatos, pero no, -¡No!- dice ella, camina lento porque le pesan las ideas, tiene pasos cansados, es una industria grande y ella apenas calza 36.

La veo en las esquinas comprando pegante para curar la correíta de la sandalia que se le volvió a arrancar. La otra noche la vi saltar con un zapato en cada mano, cuando llegaba a cada esquina los ponía boca abajo para sacarles el agua lluvia. ¡Ah la Ana! dice que se los quita y los lleva así porque de lo contrario se le inundan los pies, y entonces siente ahogo.

Celestina un día saltó hacia el balcón de la ventana, contempló el atardecer por última vez desde ese cómodo puesto donde solía tomar baños de sol y de repente sin titubear se fue saltando tejados… Nunca más regresó, igual que a la Ana no la volví a ver. ¡Ay! la Ana, serán seis meses desde la última vez que la vi, todavía me parece verla mirando fijamente a los zapatos que parecían devolverle la mirada, a través, de las agujetas desgastadas, tantas veces anudadas, ¡Ah la Ana! La Ana decía, me decía que sentía pena, su revolución se encontraba en un punto que la dejaba con tremendo conflicto interno, los zapatos le sacaban la lengua y ella no sabía si coserlos, si atreverse a cerrar esa abertura que el camino había hecho. Me dijo, yo lo recuerdo ¿Si lo hago podré seguir hablando?

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Escrito por: @MarcelaOtoluna

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