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Jueves, 24 de junio de 2021. Última actualización: Hoy

El martes 23 diciembre, 2008 a las 1:15 pm
LA REVOLUCIÓN DE LOS MONTES Y LAS PAPAS

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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

La frase del comienzo no es del todo mía. Hace referencia a que también la Naturaleza se queja y que un monte, como un toro de lidia, puede desmontarse de su asiento y salir rugiendo por ríos y llanos, como el Nevado del Ruiz aquel nefasto 13 de noviembre. La insolencia del humano, que no respeta las leyes naturales y no preserva las fuentes del agua, del aire puro, la fauna y flora, hasta el fondo de la tierra ha llegado. Cansados están la tierra, los mares, los nevados, los polos, las selvas y los lagos y de alguna manera manifiestan su enojo y los despojos.

Pareciera que el suave arroyo, la espesa cabellera verde de Amazonas o Putumayo o de Chocó, los árboles de las avenidas, los océanos, no tuvieran boca ni arterias ni corazón que sintieran la implacable saña con que los devasta el ser humano. No es un castigo de dios ni mala suerte, ni algo tan grande que supere la fuerza de los hombres. No. Es precisamente el mal uso y la insensibilidad humana quien ha causado esta reacción abrupta de la Naturaleza.

Vemos con espanto las nevadas, los sunamis, los huracanes con diverso nombre, los terremotos, el crecimiento inusual de ríos y quebradas, el cambio climático y el hombre insensato pide al cielo que lo proteja. Pero sigue contaminando las aguas, la tala sin reposición de selva y convirtiendo en calvo al monte y sacrificando, igual que con el hombre, a los animales y los pájaros que no tienen dolientes.

¿Quién habla, quién defiende al pobre río? ¿Quién defiende a la inerme selva? ¿Quién defiende al guatín, a las tortugas, al tominejo, al ruiseñor, a la paciente agua de los mares? ¿Acaso el ministro Arias, o Juan Ambiente, el Ica, o los gobernadores o el señor Alcalde? Hasta las piedras se han rebelado y se derrumban sobre carreteras mal cuidadas. ¿Quién habla por las piedras y los montes que se desgajan sobre casas y camiones en invierno? ¿Será el “inclemente cambio de clima” el que así nos castiga con muertes y despojos?

¿No podrán hablar las papas, la arracacha, el arroz, el algodón, el tomate, la panela a fin de año, si también habló el cemento, el hierro, el comercio, la gasolina, los industriales, la banca que subieron sus precios más del IPC a lo largo del año y nadie rezongó? Nadie los “judicializó” y todo estuvo bien.

Nos hemos acostumbrado a que sólo hablan en la mesa el papá y un poco la mamá o los tíos y los amigos. Hablan el presidente, los ministros, los generales y los sargentos, pero el agricultor, el trabajador raso, el indígena y el cortero son menores y deben permanecer como los montes. Mudos y resignados como lo enseñaron Astete y Pablo el de la epístola que mandó callar a la mujer ante el esposo, como a Chávez el de España.

¿Quién abogará por los tartamudos ríos y selvas, por los inermes, por los menores? ¿El Defensor del Pueblo, el Congreso admirable, el partido liberal, o será sólo el Dane que nos venga a decir que todo sigue bien? ¿Cuándo será Colombia un país con justicia, igualdad, oportunidades y tecnologías para todos? ¿Será que la ruana sólo se usa para las fotos, pero que la oportunidad seguirá siendo para los que no siembran papa y no son de ruana?
23-12-08 – 10:40 a.m.

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