Sábado, 17 de agosto de 2019. Última actualización: Hoy

La retórica de la apariencia y el engaño

El martes 25 junio, 2019 a las 10:56 am
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La retórica de la apariencia y el engaño

Del dicho al hecho hay voluntad política, hay gobierno con principios, hay palabras y acciones.

Los discursos retóricos confunden y dilapidan el sentido social. Hoy es frecuente que nuestros gobernantes, pastores de iglesias y políticos proliferen este género literario para impresionar a los gobernados creando una profanación del sentido de gobernanza al igual que a su lenguaje.  Gobernar es dar al otro dentro del más hondo espíritu humanista. La política como el gran arte ordenador social en favor de una comunidad que busca el bien común, no puede ser motivo de desviarse en los objetivos para mostrar unos procesos o una programática de ejecución social adornando los hechos con mentiras.

La retórica no permite aligerar la carga del sufriente. La retórica en todas sus veces hace perder la identidad. Adornar los mensajes sociales profanan, vuelve más infeliz al necesitado. La retórica, su profundidad hipócrita con la que se nos promete la gobernanza construye el sin sentido del estado. El discurso retorico, populista y florido con el cinismo del adorno tiene el lema del juego de palabras, con ese lenguaje profano para anunciar las cortinas de humo o para expandir los círculos viciosos.

La estrategia es burlona, es eficaz para los fines de quienes la profesan. La retórica del gobernante y del político esta atiborrada de diagnósticos confusos, las formulaciones no pertenecen al ámbito social. Ese disenso retórico entorpece todo acto de estado, rechaza el querer social. El discurso retórico de la gobernanza es un proceso histórico de doble moral.

El uso de la retórica dentro del contexto de gobierno, es la cultura de la apariencia, de maquillar la realidad y así mostrarse a la comunidad. La retórica es un elemento más del engaño de las gobernanzas. Esta técnica disfraza los programas de desarrollo, reforzados con demagogia, cuyo fin es hacer que la comunidad tenga un matiz positivo de lo que se anuncia.

El discurso político es una burla programada, más aún cuando estos discursos han sido producto de la exhumación de la retórica que los engalana, pero su frivolidad está inserta en su contenido con un descaro cínico. Con el uso del lenguaje retórico, el orador cuál sea, se considera un estratega con el florido de las palabras y al decir de algunos doctrinantes son la vía para tergiversar los hechos.

Con la retórica, la comunicación se realza negativamente para asumir un dominio social para disuadir situaciones obteniendo lo que se quiere. Cuando se acude a la retórica permite en la profundidad de su sentido con su uso perverso, diferenciar lo injusto con lo noble. Aristóteles ya lo decía, que los recursos del lenguaje son un elemento que está en la vía para los deseos personales o transmitir un pensar adverso.

 Y es que la retórica del engaño cubre muchos escenarios de la vida. Por ejemplo, la vemos deambular por las esferas religiosas como a través de ella todo tipo de pastores y líderes adornan sus homilías y encuentros con el difuso lenguaje lleno de miedo y castigo haciéndole difícil el discernimiento a su grey, facilitando la sumisión sin razones, permaneciendo en el oscurantismo.

Y a nuestros jueces, doctrinantes y abogados que deslizan su oralidad y su pluma también con la retórica de la incomprensión y del devenir por los laberintos del derecho que a veces a ellos mismos les hace difícil salir, mostrándose como grandes eruditos de la ley y el derecho, que bien les cae leer, practicar y conocer el libro de las “Sentencias del juez Magnaud”. Qué bien que disciernan la construcción del lenguaje sencillo y claro, de las defensas justas y lo erudito de su humildad, de lo discreto, de su honradez conque asumía los procesos con dignidad y justicia, de sentido humanista que no entendía la exegesis normativa, pero sí la razón del otro. Con hombres así se recupera la fe en el derecho y la fuerza de la justicia verdadera.

El contenido de la retórica es irónico, supone un holocausto que bloquea el bien común, mientras que favorece otras latitudes sociales. Todo el devenir del gobierno cabalga a lomo de la retórica como un nuevo lenguaje sociopolítico. El lenguaje retórico es una forma de gestión por el cual se quiere demostrar la perfección de la ficción de los compromisos sociales.

La retórica en manos de perversos gobernantes, líderes y políticos se cataloga de monstruosa, predica Jacob Burckhart.  No es querer descalificar la figura que siempre ha tenido el valor de realzar gestiones humanas sino de descalificar su mal y perverso uso por miembros sociales y de gestión pública para persuadir y disfrazar hechos, lo que a veces se quiera poner en decadencia.

Los órganos de poder no entienden la dialéctica de la liberación. De allí que den rienda suelta a hacer uso de la retórica, conciencia del engaño y ausencia de desarrollo que producen el sentir de las contradicciones, falacias que esconden la verdad. A esas contradicciones retoricas se les derrota con el lenguaje puro de la liberación. Qué ironía como muchos hoy en día basados en el lenguaje retórico del malestar viven convencidos que el mundo va bien, que el país crece, pero no se ve.

La sociedad hoy quiere hablar de paz, de no violencia, pero hay otras elites sociales que buscan hablar del hombre en otros contextos. Esos son los positivistas que no entienden la libertad limpia, solo entienden el poder dominante y los hechos que generan desigualdades, indiferencias. El lenguaje del dialogo se volvió una ficción, por lo tanto, hay que enfrentar a quienes nos enfrentan unos a otros.

Todo cambio, toda revolución social, busca la unidad, siendo este devenir una forma de lenguaje, de comunicación, porque la comunicación es social, es obra humana que se encuentra inserta en las conductas de toda una comunidad. La comunicación sirve en la medida que exterioriza sentido de vida, de verdad, de hechos realizables, de programas de gestión pública y privada.

La retórica o esa comunicación que todos los días convive con nosotros que hace parte de nuestro vivir, les sirve también a los poderes…decía… Mark Thomson. Para abrir caminos llenos de trampas, de componendas, de desacuerdos, de incumplimientos. Recordemos de nuevo a Mac Luhan cuando nos dice que…el lenguaje como tal no importa, importara los efectos acompañados de la forma y la acción… Con la comunicación oral o escrita se violan los derechos, se viola el estado de derecho en toda su dimensión ética, jurídica y constitucional.

Una comunicación o discurso con sentido será aquel que pueda ser comprendido, esto es, que el lenguaje sea claro, veraz y la coherencia resalte plenamente. Para nadie es un misterio que Jesús en su proceso evangélico utilizó un lenguaje sencillo al alcance de todos sus seguidores, Jesús no escondió sus principios, ni sus pensamientos, su oralidad se precisa fuera de confusiones, patrañas, mentiras, o adornos acomodados, a tal medida que hoy sus palabras perduran con más fuerza, con más coherencia, claridad, verdad, justicia y amor.

Esta reflexión es una convocatoria para que aquellos que se dicen demócratas vayan más allá del lenguaje promesero y deshagan sus ambiciones que les impide hacer gestión de bien común. Vivimos la democracia de ficción que se desarrolla por medio de la comunicación y la palabra que atrapa la verdad impulsando la mentira.

No obstante, las perversidades populistas, la razón de la democracia está latente para asumir las contiendas participando sin temores en los debates políticos y sociales. Los términos políticos y sociales son los apropiados en este protocolo. Los políticos nunca son claros pues ellos están siempre en busca de encubrir sus propios actos con expresiones polarizadas al verdadero sentir, y lo social es el gran afectado, el gran perjudicado por las infracciones políticas.

Cuando la retórica es usada por políticos y líderes públicos o sociales no conlleva a realizaciones de gestión práctica. No se cumple la ley de que la palabra sin acción es infecunda, es una cortina de humo, todo es una ficción. El poder de la palabra penetra todos los confines humanos y su entorno, pero no podemos hacer uso de ella para maquillar las realidades, para hacer abstracciones sucias.

La retórica deformada es un laberinto de trucos verbales que envolatan con argumentos baladíes las expectativas de una comunidad débil y tortuosa donde la labia hace furor imaginario en cabeza de unos administradores públicos. En términos de biopolítica la retórica social busca medir el cómo se puede manejar el gobernar para que el colectivo comunitario logre interrelacionarse para conseguir las oportunidades propias de desarrollo. Mark Thompson nos llama la atención diciéndonos… El lenguaje público está perdiendo capacidad real de explicar y concretar con la gente……

Mark Thomson de otro lado nos explica que… La retórica política es dudosa, que manipula. Domina y en vez de presentar debates honestos entre los medios y los políticos caracteriza la desconfianza y la apatía……  Es típico que la retórica nefasta siempre emprende acciones de conciliación confusa.

No se encuentra en la política del país un lenguaje social y democrático que se comprometa a llevar a cabo programas de gestión pública que proyecten cambios y en especial un bien común contra las injusticias que se viven. Urge un lenguaje desintoxicado, libre de marginaciones y lavados de manos. No más gobierno de ficción, ni de retórica autoritaria, ni de aptitudes de gestión arrogante ante las realidades del país. La comunidad de gobernados requiere mensajes claros, sin divagaciones, mensajes que sean prácticos en la ejecución del cumplimiento constitucional.

La obesidad de la información. Su uso irresponsable por las redes sociales, está generando virus social y político que se expande hasta llegar al clímax que sobrepasa las consecuencias. Las redes sociales, cada una con sus respectivos intereses personales, penetra en la sociedad haciéndole perder sus razones y toda objetividad, produciendo un mundo de híper ansiedad, de híper fantasía, de híper actitud de poder, de desengaño y confusión para que una sociedad se canse y se vuelva apática.

Pero esta apatía también cansa estando latente un desencadenamiento por llegar que enfrentara lenguajes, de una parte, el lenguaje retórico-opresor y de otro lado el lenguaje de la liberación social.  Otro lenguaje también predomina. El lenguaje de lo prohibido, de la coacción, frente al lenguaje del sí se puede, de lo posible, el lenguaje del pueblo donde existe el poder del pueblo.

El lenguaje retorico de un estado fallido se suma a la expresión falsa que con su entonación represiva pareciera predicar el silencio y el olvido social. Con lenguaje retorico y conmovedor lleno de incertidumbres no se gobierna ni se administra una nación, solo se polariza provocando crisis de todo talante en todas las esferas políticas y sociales.

Gobernantes, políticos, pastores y líderes sociales, ustedes han abrazado el lenguaje retorico olvidando la verdad para adherirse al lenguaje. Los problemas y programas de gestión se tratan mediante una locuaz comunicación que sobresalta los ánimos para calmar las emociones de una comunidad necesitada ávida, para que un estado les dé solución a sus asuntos. Hoy los escenarios de gobierno se sostienen en un medio como el retorico para crear apariencias de estado que con habilidad silencian al otro, controlando poderes. Esta técnica con sus arabescos seductores y persuasivos hacen perder la voz comunitaria y su actuar social. El futuro de la comunidad se encamina a desenmascarar a los farsantes que nos conducen con la retórica a la apariencia y el engaño para gobernar y para ello hay que proferir denuncias, revocatorias y sanciones por no ejercer sus funciones.

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