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“La Resurrección de los Malditos”

El lunes 28 abril, 2008 a las 2:53 pm
Por Alfonso J. Luna Geller
La mitológica mandrágora es una célebre planta que se usaba en la edad media tanto en magia negra como en magia blanca, ya que es venenosa y curativa al mismo tiempo; se hablaba de ella con verdadero culto. El principio activo de la mandrágora es la atropina, sustancia que deprime los impulsos de las terminales nerviosas; administrada oralmente produce sueño o analgesia, ataques convulsivos e incluso de melancolía.
Según Shakespeare, Julieta se deja convencer por fray Lorenzo de que consienta su matrimonio con Romeo, pero bebiendo la víspera de la boda un elixir preparado con mandrágora para fingir su muerte, narcótico que la hará parecer muerta durante cuarenta horas. El fraile mismo se ocupará de avisar a Romeo, que la sacará del sepulcro a su despertar y la conducirá a Mantua. Julieta pone en práctica el consejo. Pero el mensaje no llega a Romeo porque el fraile que debía entregarlo es detenido como sospechoso de contagio; en cambio le llega la noticia de la muerte de Julieta. Compra a un boticario un poderoso veneno y se dirige hacia el sepulcro para ver a su amada por última vez; después de haberla besado bebe el veneno. Julieta vuelve en sí y encuentra a Romeo muerto, con la copa aún en la mano. Se da cuenta de lo sucedido y se apuñala.
Nicolás Maquiavelo también escribió una comedia titulada «La Mandrágora» en la que un ungüento sacado de la raíz podía sanar la esterilidad.
Y hace un mes Gustavo Álvarez Gardeazábal vuelve a utilizarla en su última obra “La resurrección de los Malditos”, que es una historia renovada sobre el narcotráfico en su tierra, Tuluá. En ella encontramos todos los antivalores que se mueven en el negocio, los mafiosos proyectados en todas sus facetas delincuenciales, en sus crueldades y defectos; unos convertidos en señores de la guerra, dueños de vidas y haciendas, otros en víctimas acechadas que no supieron interpretar oportunamente los deseos del ‘todopoderoso’; todo eso nos hace vibrar y espantarnos.
Ramsés Cruz, preso en una cárcel, ante el temor de ser extraditado, acude al recurso de tomar una porción de mandrágora para inducir una muerte aparente, lograr que lo declaren muerto y resucitar al tercer día con el antídoto adecuado, convertido “en el Anticristo, que contará la verdadera historia del cristianismo”.
Álvarez Gardeazábal pone en la mente de Ramsés Cruz el conocimiento de los evangelios apócrifos y otros papiros antiguos que demuestran cómo Cristo usó el mismo procedimiento para salvarse fingiendo su muerte para resucitar al tercer día, con la supuesta complicidad Poncio Pilatos, el procurador romano, pero tampoco a Ramsés Cruz le resultan las cosas según lo previsto.
De este libro escribió hace poco en El País de Cali Oscar López: “Una historia contada atropelladamente, con intencional descuido, como desde una mecedora en las noches de Tuluá, donde los protagonistas son la mafia y la Sagrada Familia, Ramsés Cruz y Cristo, el pecado y la redención. Y la inutilidad de esas fortunas mal habidas que llenan de sangre la tierra colombiana, liberan los demonios de sus poseedores y a nadie sirven… Ramsés Cruz… un muerto en vida que quiso ser Dios, es el mejor testimonio de lo que el narcotráfico le ha dejado a Colombia después de los grandes esfuerzos por construirlo y destruirlo: nada”.
De este libro también nos llegaron muchos comentarios según los cuales los curas en las iglesias del Valle ya comenzaron a prohibirlo pues demerita una historia milenaria de Cristo y su muerte tradicionalmente enseñada a los católicos. Y esta es la publicidad gratuita que lo que hace más interesante y buscado. Afortunadamente yo tengo un ejemplar que me envió personalmente ‘Gardeazábal’. Hago parte de esa cofradía que ya leyó la “edición privada, numerada y firmada por el autor…” de “La Resurrección de los Malditos”.
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