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LA PUESTA AL DÍA DE LA EDUCACIÓN

El miércoles 11 febrero, 2015 a las 3:53 pm

Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Perfil de un profesor moderno - LA PUESTA AL DÍA DE LA EDUCACIÓN

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No se cansan de cacarear el presidente Santos, Minhacienda y Planeación de que han botado más billones para Educación que para infraestructura vial y defensa nacional. No es ese el punto y el rumbo de la educación que el futuro de niños jóvenes y sociedad esperan.

El gobierno está aferrado al viejo cuño de la jornada completa de 8 a.m. a 4 de la tarde. Encerrar a niños y muchachos de hoy como en una cárcel a repetir esquemas, estándares copiados de otras latitudes y a aprender a manejar internet como sorpresa nueva.

Están pululando hasta en internet cantidad de experimentos, salidos de los cánones y modelos de hace dos siglos, que se apartan de las convenciones por las que sufrimos quienes pertenecemos a pasadas generaciones. Deben cambiar desde los diseños de construcciones a donde irán de paso los educandos hasta la concepción del nuevo asistente o tutor, los escenarios donde estarán insertos y de donde tomarán las fuentes de aprendizaje.

La educación no puede seguir siendo un campo cerrado al mundo. Debe ser parte de él e influir en él. El profesor no es el que más sabe, ni el que impone el ritmo. El tiempo no deberá equivaler a horas cátedra sino a un plan, a unos proyectos basados en las necesidades de la comunidad y en las aptitudes de los niños o jóvenes que aspiran a ser constructores del futuro.

Los rectores y profesores no pueden seguir tratando a quienes se matriculan en un collegium, instituto o universidad como se maneja un regimiento militar, con órdenes, las mismas tareas, el mismo uniforme y el mismo trote o paso. Cada uno tiene su memoria, su imaginación, sus gigas y su potencia personal. No es un colegio una central desde donde se ordenan cantidades, temas y se programa y selecciona de acuerdo con códigos y tiempos a ratones de laboratorio.

No en vano el edificio de un colegio está en determinado barrio o sector de la ciudad. El estudiante continúa siendo un ciudadano, un ser adherido al lugar donde vive y se desarrolla. No puede ser alejado de su entorno natural para que viva en una cápsula o invernadero intelectual con carácter clasista, de élite o plebe.

Eso sí, lo que aprenda debe tener alcance universal, servir a la comunidad y responder a sus aptitudes y su satisfacción personal. Cuando termine su ciclo de estudios fundamentales, especializados y superiores podrá aspirar a un oficio con orgullo, insertarse en una investigación institucional o ir a trabajar en tecnología, industria de punta y no a vegetar en una embajada o en un puesto público donde se va a vagar y a tomar tinto.

Mejorar la educación no es solo sacar plata del bolsillo como Tío Rico y alardear. Y seguir adjudicando aulas costosas con pupitres como bancas de iglesia. Habrá que vigilar que las Facultades de Educación enderecen las velas de su barco hacia la era siguiente, con ayuda de la empresa privada, con la mira puesta en las metas de una sociedad del siglo XXI que apenas comienza. Porque esta educación nuestra aún arrastra el lastre del medioevo y la inquisición.

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