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LA POLÍTICA

El viernes 11 septiembre, 2015 a las 11:26 am
JORGE-MUÑOZ-FERNANDEZ-150x150

Mateo Malahora mateo.malahora@gmail.com

La política ya no es vista como un fin para alcanzar altos destinos civilizatorios sino como un instrumento para lograr ser superiores, fortalecer el ascenso social, perpetuarse en el poder y usar a los electores como si fueran clientes, miembros de una sociedad de mercado, adquiribles mediante la ilusión de que se construirá para ellos desarrollo justo, humano y duradero.

La política como arte, doctrina, opinión o ejercicio equitativo del poder no cuentan cuando se trata de los afanes electorales; en su abanico no se ventila los derechos ciudadanos, la vida pública, la administración de los bienes colectivos, el régimen de gobierno o el modelo democrático.

La política social, orientada a incrementar el bienestar de los excluidos, con fundamento en los servicios públicos y de protección social no aparece como una obligación constitucional sino como una dádiva generosa del impostor y milagrero estatal.

JUSTICIA

Nada más estéril que conversar con jurisconsultos del establecimiento sobre justicia. Un buen conversador como fue Jesucristo, que hablaba con parábolas, un buen día fue a escuchar a los doctores de la ley y fue tal su angustia y desespero que no volvió a sus seminarios estúpidos.

Jesús se enteró que la justicia era el demiurgo que solucionaba a favor de los emperadores los conflictos entre los individuos, la sociedad y el Estado; se enteró que estaba cosificada y actuaba a través de órganos burocráticos, de sanedrines y cónclaves, manejados por los escribanos y fariseos, que constituían una casta de eruditos que hicieron del estudio de la ley imperial un ocupación profesional. (Mateo 22:35).

Y todavía el mundo soporta, dos mil años después, una justicia de linaje, que confunde una nación con su minoría dominante.

Justicia como en el tiempo de los hebreos, que pulían, como los poetas, en la modernidad, los versos; justicia de pergaminos, donde una palabra mal escrita era pecado mortal, tanto que los escribanos de la época -como ahora- limpiaban su pluma, o la pasaban por el fuego, antes de escribir una palabra, para no perturbar el sueño de los poderosos.

Lo fundamental era la forma, el orden, el equilibrio, la equidistancia, la neutralidad, la lógica tradicional, donde la concepción de la equidad, como ahora, sólo puede tender a lo formal.

ENTREGA DE ARMAS

Un proceso de paz sin entrega de armas, sin su eliminación, sin acatamiento del monopolio de las armas en poder del Estado es una farsa y una comedia política que el país y, fundamentalmente, las víctimas no aceptarían.

Infortunadamente el jefe de Estado, comandante supremo de las Fuerzas Armadas, ha caído en un juego semántico que debe ser aclarado.

Y es evidente que cuando se trata de “entrega” no se puede ser exegético, pero en materia de tenencia de armas, en el marco de la sublevación, no existen, derechos adquiridos y si se aceptan, implicaría que el Acuerdo de Paz concluye en la aceptación de otro Estado.

La existencia y legitimidad constitucional de monopolio de las armas en manos del Estado no puede ponerse en duda, así los pronunciamientos de las partes en conflicto acudan simplemente a estrategias semánticas para la terminación de las hostilidades militares, cese del conflicto y firma de los acuerdos de paz.

Nunca he dicho que las Farc le van a entregar las armas al Ejército colombiano. Lo que he dicho es que van a dejar las armas”, dijo el presidente Santos.

¿Entonces, las Farc, las van a donar, las van a ceder, las van a transferir, las van a otorgar, las van a prestar, las van a repartir o las van incinerar?

Es evidente que el Acuerdo implicará la destrucción o entrega de las armas, porque lo imperativo en el Derecho Internacional Bélico es que en la terminación de los conflictos armados sin carácter internacional se haga dejación, entrega y control de las armas destruidas, como una síntesis, no simbólica, sino de facto, que el grupo beligerante renuncia al uso de ellas porque el gobierno, y no la insurgencia, asumirá el proceso de paz como una política de Estado.

MI MAJESTAD LA REINA ISABEL II

Los medios de comunicación divulgaron, en los últimos días, el hecho de que la Reina Isabel II, que ejerce su poder soberano en Inglaterra, es una de las soberanas que más ha permanecido en el poder.

Ante ella, la monarca británica, reina del Estado de Canadá, este columnista, en septiembre de 2006, en acto realizado en Vancouver, Canadá, BC, juró lealtad a la soberana británica con el siguiente ritual:

“Juro fidelidad, y sincera lealtad a su majestad la Reina Isabel II, reina de Canadá, a sus herederos y sucesores y que respetaré fielmente las leyes de Canadá y cumpliré con mis deberes como ciudadano canadiense”.

Fuera de la Reina Isabel, en este mes, rindo noble, leal y afectuoso homenaje a las soberanas que aprecio. Hasta pronto.

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