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La poesía y el Poeta

El sábado 24 enero, 2009 a las 6:59 pm
Por Antonio Bolívar Cardona

La poesía es algo que te atraviesa el cuerpo, en fracción de segundos, como un puñal de luz que te deslumbra, que te desgarra, que te estremece, pero te deja en libertad para ejercer la vida. Es algo que llevas como herida o cicatriz para siempre. Es espejo y sombra y eterna compañera del hombre. Está hecha de una materia imposible de explicar. En vano se hacen propuestas para definirla o encuadrarla, por su ductilidad, por su capacidad de ser pez reluciente e inalcanzable. De todos modos es creación, y ese es su más trascendental valor.

La poesía justifica al hombre, lo explica, lo acompaña, es indudable que tiene utilidad, porque sigue siendo su espejo, su sombra, la que le dice de sus errores o aciertos, la que le resume su pena o su alegría. Claro que quienes sólo piensan en lo útil como aquello que produce provecho o ganancia, en el orden material, no saldrán nunca de su frustración al no entender su papel a través de los siglos. La estética tiene importancia en el desarrollo humano. Por eso creo que la poesía sirve para explicarse su soledad, para cantar y cantarse, para traducir en un lenguaje particular la vivencia diaria, la historia que cada cual escribe con su existencia.

El poeta es un ser común y corriente, pero que está dotado de un poco más de intensidad, de agudeza en sus sentidos, que es dueño de una mejor acústica (percibe mensajes que anuncian el amor o la guerra y luego de recibirlos como si su propio cuerpo fuera una antena, los descifra, los difunde, los comenta); el poeta tiene una manera diferente de mirar los fenómenos humanos y de la naturaleza, por ejemplo deslumbrarse frente a una fruta madura, o la presencia fascinante de un rostro de mujer, ante una rama de la cual pende un nido, o el rumor del viento, o estallar de ira frente a la explosión de la pentonita, o maldecir con furia incontenible ante la presencia fatal de la miseria, de la tortura, por ejemplo. El poeta no es un ser extraño, pero en él se advierte una capacidad, un poco más allá de lo posible, para distinguir los sabores de las cosas, para paladear palabras y momentos; también para “tactar” al infinito todas las materias y para ello se necesita algo más que células de alta sensibilidad en sus dedos. Está dotado el poeta con pulmones sencillos pero capaces de encontrar la profundidad del olor, de rastrearlo, de inventarlo si fuera del caso. Tal es el poeta, un ser sencillo, pero intenso y agudo, que debe estar ajeno a estridencias, a situaciones aparatosas; por lo menos así lo percibo.

Es difícil señalar un derrotero a la poesía. Ella debe procurar instalarse en las necesidades, inscribirse en los fenómenos que nos asaltan diariamente, tanto en el mundo interior como frente a la comunidad. Pero no debe imponerse al escritor obligaciones en tal o cual sentido. Ya se ha dicho que la tarea del escritor es escribir, pero si escribe sobre el entorno social, sobre la verdad desgarradora del ser social, mucho mejor.


¿Desaparecerá la poesía?… No creo en esa eventualidad, sería tanto como si desapareciera el género humano. Claro que el hombre es capaz, en su locura, de decretar su desaparición de la tierra. Sabemos que tiene la capacidad tecnológica para lograrlo. Pero por ahora la poesía va de la mano del hombre, lo explica, lo justifica, repito.

La poesía es fundamental en mi vida, si no hubiera aparecido en mi camino creo que leería y escucharía la poesía de aquellos que sienten en su corazón lo que me alegra o me duele, ellos escribirán por mí, estoy seguro de ello. Por fortuna la tarea creadora está en manos de miles de poetas que agencian el canto de la vida y nos dan de beber día a día de esa fuente inagotable donde se mezclan las emociones, la realidad y la fantasía.

LA INNOMBRADA

Por Ramón Herney Valencia, Escritor y fotógrafo

Yo escuché tu voz entre relámpagos
entre nubes y árboles
bajo la húmeda resaca
residenciada en la casa abandonada del caracol
la oí cantar por el ciego camino de los hombres
iluminar sus noches.
Para que te llevara en mis huesos
y vieran tu fulgor medulando los sueños
la oí quebrarse
desgonzar su luz
descender por mi sangre
clamar mi cauce desde su remoto origen
buscar mis labios para que te nombraran
para entregar tu fuego y develar tu misterio.
Yo escuché tu voz silenciosa
entre todas las voces y relámpagos.

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