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La peor mentira de Quintero

El lunes 17 octubre, 2022 a las 7:43 pm
La peor mentira de Quintero

La peor mentira de Quintero

Aurelio Suárez Montoya

Bastó la frase de Daniel Quintero, alcalde de Medellín, a la revista SEMANA: “Estaré donde Dios y el pueblo dispongan” para develar un mesías. Se crio en los regazos conservadores de Antioquia (2007); pasó por la Alianza Verde y luego inventó el “Partido del Tomate” (2012) para brincar al Liberal de los Gaviria y ser candidato a la Cámara por Bogotá en 2014. De ahí al Gobierno de Santos, de gerente de iNNpulsa en el Ministerio de Comercio y luego de viceministro de las TIC.

Apoyó con estridencia la consulta anticorrupción, en 2017 estuvo en la campaña de Humberto de la Calle, en 2018 corrió a la de Petro en segunda vuelta y en 2019 fue elegido alcalde de Medellín como “independiente” en llave implícita con Aníbal Gaviria y apoyos de La U, Cambio Radical y conservadores (La Silla Vacía). Posesionado, asumió el rol de Robin Hood en enconadas disputas con los “poderosos”: la cúpula uribista y el Grupo Empresarial GEA, con lo que se arrogó licencia para el “todo vale”.

Ese ánimo le granjeó otras contrapartes: diputados de izquierda como Luis Peláez, concejales de centro como Daniel Duque, portales como La Pulla, intelectuales como Héctor Abad, Jesús Abad y Reinaldo Spitaletta, gestores sociales y culturales o periodistas como Luz María Tobón, quien narra a la Medellín de hoy donde abundan mendicantes, niños violentados, mobiliario público deteriorado y vías destruidas. Sindicatos, veedurías, gremios diversos y grupos ciudadanos y comunitarios entraron en contradicción con él. Mentir parece propio de su estilo de gobierno, además de una denunciada opacidad en el manejo de recursos públicos. Van incontables falacias en dos años largos: simular su vivienda en un barrio humilde cuando habitaba en un estrato alto; dar versiones acomodaticias sobre las interacciones con el GEA; ocultar los fines en el cambio de objeto social al Aeropuerto Olaya y a EPM; fingir concursos para seleccionar gerentes de EPM; decir falsedades acerca de los resultados en seguridad, en el proyecto Valle del Software, en la atención en la pandemia y a la infancia, en la generación de empleo, el número de computadores escolares entregados o la recuperación de patrimonios culturales, como pasó con el icónico edificio Vásquez; regar infundios contra el comité por la revocatoria; viajar por diversión –con viáticos justificados como acto oficial– y violar la promesa de austeridad al crear tres secretarías más. Improbable cogerlo en una verdad.

Se conocen múltiples contratos y convenios interadministrativos para la repartija burocrática en alianza con “líderes de dudosa procedencia de Itagüí, La Estrella y Bello”, como acusó Iván Velásquez en enero, y orquesta estrategias áulicas en las redes sociales y Telemedellín en simultánea de desdoro a los críticos.

Las peores argucias tocan asuntos estratégicos de EPM de la que antes aseguró que “estaba quebrada”. Tras culpar a compañías y rivales políticos del descalabro en Hidroituango y demandarlos por billones de pesos, aun después del pago de las pólizas del siniestro, fue objetado por el gobernador Aníbal Gaviria al lamentar que “indigna que se venda al país el pago de póliza de Hidroituango como si fuera un gran logro”, “¿Por qué negociaron por 4 billones de pesos si la cobertura era de 15?” (El Colombiano 2/10/22).

El más reciente embrollo se vio en el debate en el Concejo sobre la venta de la mayoría de EPM en UNE a la multinacional Millicom con base en la cláusula que “permite a un accionista mayoritario obligar a un accionista minoritario a participar en la venta de la empresa” en condiciones de mercado. Quintero pidió facultades para acabar de privatizarla por entre 2,3 y 2,8 billones de pesos. Al fracasar, maltrató a diez concejales opositores como “sinvergüenzas” por “regalar” tal suma a la multinacional.

A contramano, afloran dudas: ¿por qué la banca de inversión contratada no avaluó con métodos usuales para compañías TIC, como multiplicar por el actual 6,62 la utilidad bruta o ebitda, que en 2021 fue 1,65 billones de pesos, para un total de 10,9 billones, y la parte de EPM por 5,45? (NYU-2022) ¿No fue este el parámetro para el negocio con Millicom en 2013-2014? ¿A qué tasa de descuento se valoró la inversión en concesiones de espectro en poder de UNE a 20 años? ¿Se contabilizó en los activos la data de 7 millones de usuarios? ¿Qué de 45.000 km de fibra óptica?

UNE gana en sus operaciones, pero le afectan los pasivos en dólares por alzas en la tasa de cambio. Quintero no busca recomponer nada, ni menos recuperar 100 por ciento de UNE para EPM, solo cobrar el botín al que ha asignado tantos destinos que los reales parecen inconfesables. El intricado proceso de su privatización en el Concejo de Medellín puso en evidencia que la peor mentira del alcalde resulta ser él mismo.

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Publicación original en: Revista Semana

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