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Lunes, 6 de abril de 2020. Última actualización: Hoy

LA PEOR INFAMIA COLOMBIANA

El miércoles 26 febrero, 2020 a las 11:00 am
LA PEOR INFAMIA COLOMBIANA
Imagen de referencia. | Twitter @JEP_Colombia

CREPITACIONES 2020

LA PEOR INFAMIA COLOMBIANA

LA PEOR INFAMIA COLOMBIANA

Hace dos meses, exactamente el 27 de enero del presente año, se conmemoraron 75 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz (situado en Cracovia, al sur de Polonia), de parte del ejército soviético, donde murieron cerca de un millón de judíos en los famosos hornos crematorios creados por los nazis, bajo las órdenes del “carnicero” Heinrich Himmler, de ingrata recordación.

En la historia mundial de las infamias y atrocidades ese suceso marcó un hito perverso en cuanto a degradación y sevicia de parte de un grupo de seres humanos, que no deberían ser llamados así, en contra de los de su misma especie. Sea como sea, ese nefasto y terrible lugar, hoy convertido en museo, quedó como marca indeleble y estigma de lo que es capaz la especie humana con el fin de lograr sus propósitos más abyectos, considerándose la peor infamia de la humanidad.

Ya que estamos hablando de infamias, vilezas, oprobios, ruindades y bajezas, demos un salto geográfico desde Polonia a Polombia (perdón, se me quedó grabado el nuevo nombre dado por el sub-presidente Duque a nuestro país, en uno de sus constantes y funestos lapsus idiomáticos) y encontraremos, según mi concepto personal un total de siete de ellas, que nos dejan muy mal situados en cuanto a ese nefasto ranking de maldad (lista o relación ordenada de cosas o personas, con arreglo a un criterio), fuera del que ya sabemos: ser el campeón en corrupción (que también se debe incluir en esa categoría).

Esas siete infamias, alguien curioso diría por allí: “las siete plagas de Colombia” son: la violencia colombiana que duró 52 años, el exterminio o genocidio político de la UP (Unión Patriótica), que duró 18 años, los mal llamados falsos positivos (en forma correcta: ejecuciones extrajudiciales o también homicidios en persona protegida, el asesinato frecuente de los líderes sociales, el genocidio de nuestros indígenas, el asesinato de los educadores y ahora, aunque usted, amable lector no lo crea, la destrucción incendiaria de tres parques naturales: Tinigua, La Macarena y Los Picachos (Meta).

La anterior lista de por sí es muy vergonzosa, ante los ojos civilizados y cultos de cualquier persona del mundo, que nos escrute con ojo avizor sobre nuestra cambiante realidad e historia colombiana, comprobando esta teoría con amigos y familiares de otros países al comentarles la lista, sorprendiéndose en grado sumo.

En forma personal, para los efectos de esta columna de opinión, pienso que si me preguntan cuál es la peor infamia colombiana, diría que son las ejecuciones extrajudiciales, por varios motivos: es un compendio de las otras seis, se viola en forma premeditada y contradictoria por agentes del Estado encargados de nuestra seguridad, el derecho fundamental de la vida, consagrado en el artículo 11 nuestra Constitución Nacional que expresa: “EL DERECHO A LA VIDA ES INVIOLABLE. NO HABRÁ PENA DE MUERTE”. Es contradictorio porque, por un lado, defiende a la vida y por el otro “prohíbe la pena de muerte”, pero la hacen a su modo algunas fuerzas de seguridad, en contra de indefensos campesinos a quienes sindican de ser guerrilleros y por eso son asesinados, ejemplos: Dabeiba (Antioquia) y ahora Valledupar (Cesar), (véase El Espectador, martes 25 de febrero / 20).

En conclusión: falta de parte del Estado colombiano más garantías verdaderas para defender íntegramente por encima de cualquier situación el SAGRADO DERECHO A LA VIDA, para que de veras sea fundamental, sin ir en contradicción con otros intereses, como sucede ahora.

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