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La peligrosa costumbre de hacerse el güevón

El martes 16 enero, 2024 a las 8:36 am
La peligrosa costumbre de hacerse el Güevón
La peligrosa costumbre de hacerse el Güevón
Créditos: El Tiempo

La peligrosa costumbre de hacerse el güevón

Por: Omar Orlando Tovar Troches – ottroz69@gmail.com –

Antes de que algún lector muy dado a la corrección política y las buenas maneras, de los que, por ejemplo; se escandaliza con palabras como nalgas (con c), al oír un desparpajado madrazo, pero aplaude al “próspero comerciante de riesgo” o se admira del buen gusto de las personas que asisten a los cocteles a beber alcohol en público y de gratis, pero se indignan al ver un joven fumando marihuana en un lugar apartado, se sienta agraviado con la presencia del término güevon en el título y cuerpo de este humilde escrito; me permito informarle que su uso ya ha sido validado por la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Una vez hecha la admonición lingüística-moral, vale la pena señalar que la expresión: hacerse el güevon, por lo menos para el contexto colombiano, significa algo así como no darse por aludido, pretender pasar por despistado, hacerse el tonto o, de plano, presentar una actitud hipócrita frente a una situación, postura o pensamiento en particular. Para mayor claridad; nada mejor que un ejemplo: El expresidente Iván Duque hablaba en escenarios internacionales sobre la importancia de cuidar el medio ambiente y el proceso de paz en Colombia, mientras que, acá en Colombia; hacía caso omiso de sus discursos al autorizar el Fracking y las explotaciones mineras en zonas protegidas o se dedicaba a hacer trizas el proceso de paz con las FARC, es decir: de frente a  Colombia se hizo el güevón durante cuatro años.

Ahora bien, en el contexto de la contra cultura traqueta que se impuso en Colombia desde los años sesenta del siglo pasado y recientemente exacerbada por el uribismo; hacerse el güevón o tener un bajo perfil, como eufemísticamente dicen muchos paisanos (los de la generación X en adelante) se ha vuelto toda una estrategia para hacerle el quite y hasta sobrevivir la dura realidad que padecemos la mayoría de los colombianos que no pertenecemos a los círculos del poder económico o político.

Este posar de personas prácticas, proactivas, pilas o simplemente avispadas para adaptarse a las circunstancias, se ha elevado a la categoría de principio de vida, especialmente, desde la llegada de los llamados guías conductuales y/o espirituales, en pleno ejercicio del  muy esnobista “Coaching” en el que se le adoctrina al colombiano clase media o con síndrome de Doña Florinda, sobre la obligatoriedad de adoptar una posición facilista de adaptabilidad a la vida cotidiana, sobre todo, cuando se trata de tomar posiciones frente a aspectos como la educación, la economía y la política. 

En los escenarios de decisión, el colombiano promedio se hace el güevón; esto es, señala, crítica, despotrica, insulta y maldice ciertas actitudes, ciertas posiciones y conductas, sobre todo de los líderes de opinión (políticos) pero hace todo lo contrario, tal como quedó demostrado, una vez más, en las recientes elecciones, en las que, por lo visto y escrutado, una gran mayoría de alcaldes y gobernadores (as) fueron elegidas, no por sus trasnochadas y repetitivas propuestas, sino por el número de madrazos e investigaciones que llevaban a cuestas. 

Al parecer, la filosofía de vida Herbalife, Avon o Benetton del “colombian coaching” ha ocasionado que un buen número de paisanos y paisanas hayan decidido acoger con entusiasmo el ejemplo del expresidente Duque de hacerse el güevón; para tratar de quedar bien con los viejos-nuevos dueños del poder local y regional, con tal de hacerse a una coloca, lograr un contratico o alguna obrita en beneficio propio o de sus allegados. En cierta manera, se entiende esta tendencia en una sociedad excluida, amedrentada y violentada, precisamente, por quienes, históricamente, se han hecho los güevones con la comunidad colombiana y les han enseñado a las nuevas generaciones que eso de tener una posición y ser consecuente con ella es cosa de dinosaurios y que lo que vale la pena es pasar de agache, estar en el centro, no señalar, no denunciar, no reclamar, no polarizar, no llamar la atención, acomodarse, colaborar, callar o venderse. En términos simples: adoptar la peligrosa costumbre de hacerse el Güevón para que las cosas sigan así… como siempre, amén. 

*Agradecimientos a Chucho Lozada y Jaime Soto por la conversa inspiración de estas notas

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