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La paz total: Paradojas y utopía

El martes 30 agosto, 2022 a las 11:07 am
La paz total: Paradojas y utopía
La paz total: Paradojas y utopía
Foto: Razón Pública.

La paz total: Paradojas y utopía

Javier Dorado Medina

Cuando era pequeño, cuando vivía en mi bucólico y bello pueblo natal del alma, en Bolívar (Cauca), un pueblo paradisíaco; rodeado y bien acompañado por mis amigos los cerros vecinos que lo custodiaban como vigías milenarios, en la grata e inefable compañía de mis dos padres y mis diez hermanos; sentía mucho miedo pues a cada rato se rumoraba que los llamados “bandoleros”; (que así se llamaban en esos tiempos los “guerrilleros” de hoy); se iban a entrar al pueblo en cualquier momento, más que todo en la noche y por esto, recuerdo mucho, que mi padres cerraban puertas y ventanas con doble llave; en forma apresurada con mucha angustia infinita, para evitar que se entraran y nos hicieran daño.

Noche tras noche, esa zozobra persistía, hasta ver brillar las luces del alba, al otro día, con la tranquilidad del nuevo día; acompañado del concierto melodioso del canto de los pájaros, quienes nos devolvían la normalidad pueblerina.

Todas estas sensaciones e imágenes de infancia, están descritas muy bien en mi cuento “VIVIR EN
PAZ, VIVIR EN POPAYÁN, MORIR EN POPAYÁN”
(publicado por Editorial “Poemia”; junto a 11 escritores y colaboradores más, en el libro “De la REALIDAD y de la UTOPÍA”, Santiago de Cali, junio de 2013); en el cual narro las vivencias de mi madre Amelia Medina de Dorado, quien luego de vivir muchos años en Bolívar, Cauca; con una paz relativa y llena de esos sobresaltos de temor y miedo, por culpa de “ellos”, un día cualquiera tomó la decisión de comunicarle a su esposo José Antonio de vender la casa paterna, bien situada en el centro del pueblo, para viajar a Popayán, comprar otra y así poder estar tranquila sin esos fantasmas.

Al principio su esposo se negó, pero tanta insistencia, accedió a sus peticiones y de este modo, vivieron en la capital caucana.

Los dos primeros años fueron tranquilos. Pero llegó el fatídico 7 de diciembre del 2000, el día de “Velitas”, cuando ella en compañía de algunos de sus familiares, decidió ir a dar una vuelta por el centro de la ciudad, con el pretexto de observar algunos lugares iluminados de la misma. Siendo las 10 de la noche, en el colectivo urbano done viajaban junto a oros pasajeros, pasaban frente a un CAI de la Policía, muy cerca al Sena actual, cuando fueron atacados por un reducto de las antiguas FARC , quienes se enfrentaron con los uniformados, disparándoles a las llantas de los automotores, uno de esos disparos de fusil, acabaron con mi madre Amelia. TENÍA 65 AÑOS Y UN MUNDO POR DELANTE. ESCAPÓ DE LA GUERRILA EN BOLÍVAR, CAUCA, BUSCÓ LA TRANQUILIDAD Y LA PAZ EN POPAYÁN Y ENCONTRÓ LA MUERTE POR CULPA DE ELLOS. CRUEL PARADOJA.

Este episodio literario lo comparto ahora con ustedes, amables lectores (as), ahora que se está ventilando por doquier la idea y el proyecto de Gustavo Francisco Petro Urrego de la Paz Total, con la cual estoy totalmente de acuerdo y me parece muy pertinente, ahora que todos (as) la necesitamos.

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