Martes, 4 de octubre de 2022. Última actualización: Hoy

La Paz no es solo La Habana

El viernes 13 junio, 2014 a las 6:20 pm
Guido Hurtado

Por: Guido Germán Hurtado Vera 

Historiador y Politólogo

En Colombia durante el segundo semestre de 2013 se registraron importantes acciones y movilizaciones sociales que el polarizado ambiente electoral invisibilizó y no fueron tema del debate. Tales reclamos ciudadanos deben ser considerados como un argumento más para entender por qué el fin del conflicto armado es hoy un asunto vital.

Para los meses de julio y agosto el país conoció algunas acciones y movilizaciones colectivas: el paro minero, la huelga de los trabajadores de la Drummond, la participación ciudadana en el caso de Piedras (Tolima) y el Paro Nacional Agrario, entre otras.

El paro minero se concentró en los departamentos productores y las movilizaciones exigían al Gobierno acompañamiento en el proceso de legalización e inclusión en la economía minera. Las exigencias de los trabajadores de la firma Drummond eran la de mejoras salariales y aumento de seguridad industrial. El municipio de Piedras fue el escenario de un inusual proceso de participación ciudadana, el 96% de sus habitantes decidieron que no quieren que en su territorio se adelanten proyectos de minería a gran escala. Y el Paro Agrario tenía como eje de la movilización el abandono del campo y la crisis agraria que enfrenta el país.

Es evidente que para el segundo semestre de 2013 las acciones y movilizaciones colectivas aumentaron vertiginosamente. Los casos anteriores son una prueba indiscutible para afirmar lo anterior.

El escenario electoral se centró en la mesa de La Habana pero dejó por fuera dos argumentos importantes que son esenciales en el debate por la paz.

El primero, la discusión sobre la política minera. Para esta discusión existen dos enfoques que señalan los beneficios y daños que trae para el país. Unos expertos aseguran que la locomotora minera produce cegueras que impiden ver los costos sociales y ambientales que trae. Advierten que no sólo está causando daños irreparables a los ecosistemas, sino que además las cifras del crecimiento económico no armonizan con el desarrollo humano. Otros expertos plantean el concepto de minería sostenible. Manifiestan que el asunto no se queda exclusivamente en la explotación y exportación, que al mismo tiempo los beneficios económicos para el país podrían generar valor agregado para el medio ambiente.

El segundo, la discusión sobre la movilización social. Es preciso indicar que ésta no es nueva en Colombia. Hace parte de la historia de la construcción del Estado-Nación. Las movilizaciones sociales de indígenas, campesinos, obreros, sindicatos y estudiantes que demandan o presionan soluciones ante el Estado, por injusticias, exclusiones o desigualdades, han estado presentes durante todo el siglo XX y de lo que va corrido del XXI. La democracia colombiana ha sido tan frágil que explica cómo la protesta social es un rasgo tan íntimo en su vida política. Por ello, la protesta no se tramita por las vías institucionales porque las demandas sociales nunca son tenidas en cuenta por los gobiernos. Al contrario, han sido las vías de hecho el principal recurso que han encontrado los actores sociales para demandar la satisfacción de sus necesidades y los gobiernos han respondido con violencia y criminalización.

En el actual debate electoral presidencial no se habló de política minera y social. Y como no hay política minera y social, hay protesta y movilización. La protesta social es una expresión de esta débil democracia. Pero cuando hay movilización social, se criminaliza. Así que el asunto es mucho más complejo, porque los gobiernos han señalado persistentemente que detrás de esa movilización social están siempre las Farc.

Sí se firma un cese al fuego y el inicio de un proceso de paz, las movilizaciones en Colombia no deberán entenderse entonces como unas acciones de guerrilleros y criminales. El asunto deberá entenderse como acciones de ciudadanos que exigen y demandan el ensanchamiento de la democracia.

En suma, uno de los grandes desafíos que tendrán que enfrentar los gobernantes en Colombia es el de superar la idea que la democracia se agota única y exclusivamente en el fin de un conflicto armado o en los mecanismos electorales y de representación institucional. La democracia y la paz son mucho más que eso. Son verdaderas reformas políticas, económicas y sociales que garanticen los derechos a sus ciudadanos para que las vías de hecho desparezcan como argumento de presión social.

Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?