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LA PAZ COLOMBIANA EN LA UCI

El miércoles 3 junio, 2020 a las 3:03 pm
LA PAZ COLOMBIANA EN LA UCI

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CREPITACIONES 2020

LA PAZ COLOMBIANA EN LA UCI

Cuando el pasado 26 de septiembre de 2016 en Cartagena, los colombianos de bien, que somos la mayoría afortunadamente, recibimos con alborozo el regalo inestimable de la firma oficial del Acuerdo de Paz, entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (en ese entonces) y Rodrigo Londoño, “Timochenko”, comandante de las antiguas FARC, éramos los seres humanos más felices del planeta Tierra (hace ya 4 años), porque al fin, después de 54 años eternos de guerra fratricida, que asoló el alma de Colombia, con cerca de 8 millones de víctimas y 220.000 muertos, se había cumplido un sueño imposible de imaginar y un camino diplomático y gubernamental, difícil de transitar, desde el 4 de septiembre de 2012, que se inició en Oslo (Noruega) y terminó felizmente en la “Ciudad Heroica”.

Desde ese histórico momento, Colombia, al fin comenzaba a cambiar de imagen y se convirtió en un país modelo de convivencia mundial, apareciendo en los principales medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y redes sociales, “mojando prensa”, como se dice en el argot periodístico, y no era para menos, pues haber culminado esa larga “época del terror”, por medio de diálogos pacíficos, invitaba a la admiración por doquier. El optimismo se aposentó en cada rincón colombiano, haciendo realidad en forma los primeros versos del coro de nuestro Himno Nacional. En realidad, así como habíamos sufrido cinco décadas de dolor, merecíamos como mínimo cinco y más de paz y tranquilidad. Esos primeros meses fueron intensos y plenos de euforia nacional y las mieles de la paz, parecían inundar todo el territorio patrio, pero por allí estaba y andaba agazapado un personaje tétrico de todos ya conocido, cuyo nombre tiene 16 letras, con cara de seminarista “bueno” que alistaba sus mañas, envidias y artimañas, para comenzar a dañarnos la gran fiesta nacional.

Siguiendo con los protocolos establecidos, el presidente Santos, imbuido de esa alegría patria, que parecía eterna, procedió a seguir con lo acordado, refrendando el acuerdo de paz y como buen colombiano, de buena fe, cumpliendo lo prometido, citó al plebiscito vinculante para el 2 de octubre de 2016, para que los colombianos votaran por el SÍ o por el NO, estando todo mundo convencido que los colombianos iban a votar por el SÍ. Craso error, pues quien sabemos, ya había aceitado su máquina ideológica para que no fuera así, y por esto ganó el NO, con el 50, 2 %, contra el SÍ. En vista de los resultados adversos y como muy bien lo dice el refrán: “a todo señor, todo honor” y por eso, el presidente Santos, para cumplir con su palabra de conseguir la paz, tuvo que renegociar el acuerdo, con las objeciones de quien sabemos y sus fieles “amigos”. Así se firmó un nuevo acuerdo el 24 de noviembre en el Teatro Colón de Bogotá, siendo ratificado por el Congreso el 1º de diciembre de 2016.

Cuando Santos culminó su mandato en el 2018, el personaje tétrico ya tenía lista su campaña y su maquinaria ideológica, para que su candidato títere ganara las elecciones contra Gustavo Petro. Por esto, desde agosto 18, ya llevamos 21 meses de gobierno Uribeduquista, hasta el 7 de agosto de 2022, en que la paz está en la UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS, con peligro de perecer. Los colombianos debemos unirnos otra vez para salvar y rescatar el derecho a la paz, que nos arrebató y esquilmó Uribe (si no creen, véase el documental “El Matarife”).

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