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La palabra

El lunes 11 febrero, 2008 a las 7:28 pm
En el principio fue la nada, pero luego el verbo se hizo hombre, así dice mas o menos la Biblia, también sabemos que la madre de todas las artes es la escritura y la escritura es la palabra del periodista, su “palabra”, el honor de un hombre.

El poema medieval Parsifal, nos dice que la palabra del hombre, es una espada que sale de su boca. Y a esto se le denomina “palabra-espada”. Pero esta esencia, se ha perdido, se ha atrofiado, a perdido su poder. Luego dice el libro, que si se descubre la fuente de su poder, se renovara esta “palabra-espada”. El trovador en el libro, habla del manantial de Kunneware, donde el iniciado debe superar ciertas pruebas, pero sobretodo debe hallar las piezas de la destrozada “palabra-espada”, y la magia que unirá las piezas, ni siquiera es música “que es un mero ornamento añadido a la poesía” como dijo el filoso Peter Kreeft, es una palabra, la palabra AMOR para ser más exactos, la palabra hecha carne. La realización como tal del espíritu individual humano. Y es en el hombre, solo en él, donde el microcosmos y el macrocosmos se corresponden, la imagen concentrada del cosmos. La palabra como principio creativo del universo ha sido implantado en el hombre y se manifiesta en la tremenda capacidad de su lenguaje. Es la palabra inspiración y curación.

Así el periodista, como el poeta viven con y para las palabras, es su cayado la “palabra-espada”. El periodista como hombre -así mismo- no trata de plasmar lo que le contaron, o lo que vio –la realidad nos engaña- sino lo que es, la esencia del hecho, lo inverosímil o posible del acto. La realidad en la realidad. Allí su arma es la palabra, la transmutación de lo sagrado en pagano, a la creación de la vida de lo narrado, haciendo eterno el hecho, acto por el cual, no existiría. He aquí su poder, la palabra leída o escuchada una y una y mil veces. Su a-mor hacia los demás, pero primero el amor a si mismo, su propia lealtad. Y un hombre a su self, su kristos, su sí-mismo como decía Carlos Gustavo Jung, dirá la palabra, palabra por palabra. Verso a verso, decía el poeta Manchado.

La palabra, en la escritura o salida en la voz cuando se habla es su espada, caballeros. La comunión a través de uds, de lo infinito o finito y parco con los hombres. La verdad como alegría que nos llega, nos reafirma, nos libera, nos sublima. Una alegría esquiva y apasionada como toda buena amante. El inconsciente colectivo ya no de nuestros problemas intrínsecos, sino ya de nuestra propia existencia, como nación, estado, país. El inconsciente que afirma la falta de cohesión, de unión del trabajo en grupo. Pero sobretodo la verdad de que la patria y la nacionalidad no la conforman seres individuales a pesar de toda la genialidad que estos posean. Y que la nación se levante unida, trabaje unida, sufre unida, pero por sobretodo, salga al otro lado, unida.

He aquí en la palabra, el hombre absoluto, señores Periodistas o poetas o mercurios o Bamberger Reiter (figura de la tradición épica germana, equivalente a caballero andante) como en la cita de Lotte H.

Gustavo Adolfo Constaín Ruales
Febrero 10 de 2008

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