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LA “OTRA SALIDA” EN VENEZUELA

El lunes 17 abril, 2017 a las 5:04 pm

La idea que se va imponiendo… “o los gringos o los militares”

Bogotá, 16 de abril de 2017

“El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar”
Sun Tzu

Los recientes acontecimientos ocurridos en Venezuela, sumados a la tensión política acumulada en los últimos años, muestran la otra “salida” que está a la orden del día en el país vecino. Pero no será la que imagina y quiere la oposición. Todo apunta a que el ejército se verá obligado a intervenir, sacar por la puerta de atrás a toda la cúpula gobernante –incluyendo a Maduro–, e imponer un gobierno de facto con el objetivo de “imponer el orden”, “defender y garantizar la soberanía nacional” y, en un “tiempo prudente”, convocar a elecciones generales. Y lo dirán: “No permitiremos más desestabilización”.

La grave situación económica, la polarización política, el caos institucional, los preocupantes enfrentamientos entre facciones violentas de los bandos enfrentados (gobierno y oposición), la amenaza de un caos generalizado que pueda ser aprovechado por gobiernos extranjeros para promover una intervención armada “humanitaria” (que es lo que taimadamente se promueve desde la secretaría general de la OEA) y por sobre todo, la inexistencia de una tercera fuerza política que pudiera –desde la civilidad– ofrecer una verdadera salida democrática al pueblo venezolano, obliga en forma perentoria a los estamentos militares a diseñar e implementar esa “fórmula”.

Lo sucedido con la reversión parcial de las sentencias del TSJ dirigidas a impedir el bloqueo legislativo de la Asamblea Nacional en manos de la oposición, que contaban con el sustento jurídico legal y eran necesarias para garantizar la operatividad de la principal empresa del Estado y del país, PDVSA, dejan ver la debilidad del gobierno. En la práctica, “se mostró el cobre” y ese hecho se convirtió en estímulo para las fuerzas opositoras que, además, obtuvieron un nuevo viento de cola con la decisión de inhabilitar a Henrique Capriles Radonski por 15 años, bloqueándole la posibilidad de ser candidato presidencial.

Para que esa solución provisional sea creíble y medianamente sostenible en el tiempo, los militares tendrán que aparecer con nuevas caras y un discurso que los distancie de ambos bandos enfrentados pero, indudablemente, tendrán que apoyarse en la figura de Chávez y de la Constitución Política (¡su gran obra!), planteándose, entonces, como defensores de la institucionalidad democrática. Será “un golpe militar”, como todos los que se han hecho en el mundo, “para salvar a la patria” y para “restablecer el orden y la institucionalidad”.

De ahí en adelante todo es impredecible. Si, la cúpula militar logra medianamente impulsar soluciones a la situación económica y consigue un apoyo mayoritario que legitime ese “gobierno de transición”, nuevas fuerzas “chavistas” podrían –a marchas forzadas– construir un nuevo bloque de figuras políticas para afrontar las elecciones venideras.

Si la oposición, que no cuenta con la fuerza real de “tumbar” a Maduro y menos de enfrentarse directamente con un régimen militar, así sea “suave”, mantiene su estrategia de desestabilización “guarimbera”, podrá sufrir mayores desgastes políticos. Además, la nueva situación sería un examen de alto calibre para una MUD que ha mostrado en los últimos 16 meses, desde diciembre de 2015, grandes fisuras internas y enormes vacíos políticos.

El ejército venezolano y los partidos políticos del vecino país tienen un inmenso reto. El momento es de máxima tensión y no hay otra fuerza real que pueda intervenir. El pueblo está confundido, desmovilizado y enfrascado en la sobrevivencia. Es lo que se observa y prevé desde la distancia. Todo puede suceder pero esa “salida”, independiente de si es “la correcta” o “la mejor”, es la que se avizora en perspectiva.

Los militares no van a perder el inmenso poder político y económico que han acumulado en los últimos 18 años y se ven obligados por las circunstancias a intervenir, o sea, a oficializar lo que ya tienen en sus manos. Seguramente se jugarán la vida en esa apuesta.

Los “fuegos artificiales” de Trump (http://bit.ly/2ognrG9), que han tensionado al mundo entero, le sirven de cobertura a esa “otra salida”.

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La reunión en Florida de Uribe y Pastrana con Trump el pasado viernes (14.04.2017) sin antes haber recibido al presidente Santos –en este instante de la vida de Colombia y Venezuela– es una señal de que el gobierno de los EE.UU. quiere aprovechar la tensión que ha creado con sus “fuegos artificiales” letales pero calculados (ataque a la base aérea siria, el lanzamiento de la “madre” de todas las bombas en Afganistán y la presencia de su flota de guerra cerca de Corea) para amenazar, asustar y provocar a todo el mundo.

Su objetivo es reconciliarse con todos los “neocons” gringos para rehacer su gobernabilidad interna.

Dice el comunicado de Uribe que hablaron con Trump de Colombia y de “la región”. Que esa reunión se realice días antes de las marchas que prepara la oposición en Venezuela, no es casual. Intentan alentar a los opositores de la MUD y provocar al gobierno de Maduro.

Uribe y Pastrana desde hace años conspiran contra el gobierno de Venezuela y han actuado abiertamente en favor de la oposición golpista. Ambos intentan convertirse en los agentes del imperio, seguir polarizando la región y debilitar la política que había dejado andando Obama, que aunque la hacía en interés de los EE.UU., por lo menos garantizaba un clima de paz y entendimiento con los gobiernos de la región.

La respuesta de los ciudadanos y de la sociedad debe ser contundente: la solución de los problemas de Venezuela deben ser resueltos por los venezolanos y la polarización en Colombia entre guerra y paz debe ser superada totalmente.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

https://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com.co/2017/04/la-otra-salida-en-venezuela.html#.WPO5sfl97IU

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