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La ortografía entra por las venas

El miércoles 27 febrero, 2019 a las 5:54 pm
La ortografía entra por las venas

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

La ortografía entra por las venas


En primera página hoy en Cali 27-02-19

Aprendí ortografía de mi padre que fue maestro de escuela toda su vida. Más en la casa que en las escuelas porque su legado me tocó a mí en las piernas y las asentaderas. Cuando apenas si tenía unos seis años me compró los primeros cuadernos para llevar a la escuela y me los entregó para los marcara con mi nombre. Apenas si había entrado al salón de clases donde él enseñaba. Pero hijo de profesor tiene que saber escribir bien, pensaría él.

Cuando terminé de marcar mi primer cuaderno se lo pasé orgulloso para que viera su apellido grabado en la página inicial. Cuál no sería su sorpresa y extrañeza de que Quevedo aparecía con b labial y no v labidental. Sacó su correa y me dio una fuetera. Ahí aprendí la ortografía que ustedes, lectores, ven en Proclama del Cauca casi todos los días.

Desde ese día, de mano y orden de mi padre, aprendí la importancia de escribir con ortografía cada palabra. Nunca olvidé esa clase de castellano tan rápida y dolorosa. Nunca más he tenido quién me corrija. Me acordé hoy de esa anécdota cuando leí ese titular que aparece en la foto de este texto. Me sonó como un fuetazo en mis entrañas esa n desafortunada en primera página y a la derecha. ¿Qué dirá la ONU? Esa orden no la va a cumplir Nicolás Maduro ni la cabeza de Guaidó.

La Ortografía es una disciplina mental. Como que llega a la mente y la mano por ósmosis, por inspiración, por sentido común. Nos la legó Cervantes, Teresa de Ahumada, Nebrija, y Caro y Cuervo en Colombia. Viene a cada uno de nosotros en la sangre y la amamos como a la propia vida. Con ella hablamos, escribimos y nos hacemos conocer.

La ortografía es como el vestido de las palabras y de las cosas u objetos que simbolizan. Si una palabra se escribe bien estará bien arreglada, se verá elegante y hasta exhalará el perfume que tiene cada idioma, como el ruso o el alemán. Nuestro idioma tiene fama por su elegancia y sonido armonioso. Qué bien suenan los acordes que nos dejaron Rafael Núñez que redactó la letra y Orestes Sindici en el Himno Nacional cuando lo cantamos.

Nuestros profesores, tanto de Lengua Castellana como de cualquier otra asignatura con su ejemplo infundieron en nosotros el amor y respeto por la lengua materna. Cuántos años hace que la hablamos y conserva su acento, su forma y nos identifica ante el mundo.

La cantamos en el Himno patrio y en canciones como La Ruana, de Luis C. González, El Beso, de Los Churumbeles de España, Río Badillo, de Octavio de Jesús Daza, Pueblito Viejo, de José A. Morales, Ay, Mi Llanura, de Arnulfo Briceño o El Sanjuanero, de Sofía Gaitán de Reyes. Y cómo no acordarnos de los poemas que aprendimos de memoria y recitamos en las sesiones solemnes de colegio.

27-02-19                                     8:15 a.m.

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